miércoles, 18 de enero de 2012

Low cost


Low cost ha sido un concepto relativamente reciente en el mundo empresarial. Una innovación organizativa que puede ser visionaria y una perogrullada a la vez. Porque el low cost se ha puesto tan de "moda" en la crisis, que es casi un imperativo de supervivencia para muchas empresas. Los negocios tienen que ser lo más pelados de costes por dentro, esqueléticos, e intentar ofrecer la mayor versatilidad y solvencia al moverse. Este esquema es el que muchos gerentes firmarían hoy. Pero es curioso, como este modelo fibrado y austero no siempre se ha seguido en empresas boyantes que han acabado engordando, de éxito probablemente, hasta perder esa fibra eficiente que lo dinamiza todo. Y muchos éxitos empresariales, desvelarían que siempre fueron low cost primero, pese a que vendieran artículos de lujo, o invirtieran constantemente beneficios en investigación.

En el sector de las aerolíneas, el margen de sedentariedad en los gastos era tal, que empresas como Southwest Airlines en USA o Ryanair en Europa, no han parado de crecer hasta ser ellas modelo de gestión a seguir para las reinonas del sector. Han establecido probablemente el paradigma de low cost más conocido, transformando el elitista viaje en avión hacia el viaje en autobús volado del siglo XXI.
No en todos los sectores cuaja el apuntalar los gastos al máximo, en aquellos en que la atención personal es básica produce un rechazo proporcional.

A estos negocios siempre les acompaña una leyenda paralela con peso variable que se les adosa y no se separa. Del entusiasmo inicial de poder utilizar servicios casi regalados... se pasa a una rumorología creciente de deficiencias en sus servicios. Las low cost son empresas brillantes y sospechosas a la vez. Y una de las claves de su supervivencia es saber llevar esta leyenda adosada de peso variable. El consumidor al final tiene el angelito de los precios adulándole a un lado, y el demonio de los detractores en el otro, para acabar o no haciendo click. A veces las propias empresas subestiman con arrogancia otros factores frente a la tacañería de la gente. Y lo peor que les puede pasar es que una empresa empiece a caer mal, porque el paso del cabreo y dibujarles una cruz grande en la cabeza está más cerca. O aún peor, el de convertirse en apóstol negativo de su uso.

Las empresas, como todo lo vivo en este mundo, no se escapan de ser mortales. Nacen, luchan, crecen, aguantan miles y miles de días de gestión, ven millones de cafés servidos en sus máquinas, involucran las vidas de generaciones, pero llega un momento en que las cosas cambian, les llega a fallar la salud, y acaban pereciendo.
Al ser mortales, se les recuerda también su trozo de arena en mejorar este mundo, todo aquello que aportaron e innovaron, y a los que llevaron las riendas, el mérito de sobrevivir durante todo el tiempo de vida de la empresa balance tras balance. En el caso de las low cost, con un tirabuzón más añadido.


1 comentario:

Yves Gerbeau dijo...

Doncs sí, la majoria d'empreses porten un parell d'anys (algunes fins i tot 4) fent retallades. I aquestes retallades no són altre cosa que una redimensió; tothom ara vol ser low cost.
Això sí, sobretoto amb low salaries