martes, 24 de enero de 2012

Como si la solución no fuera la solución


Empezaba a hacer frío y nos acercamos a comer algo en un McDonald´s. Fuimos a las pantallas de pedido, ordenamos la comida, y pagamos con nuestra huella táctil. Vimos como la cocina robotizada leyó la orden y preparó nuestros menús en 39 segundos. Nuestra huella nos permitió abrir la compuerta 3 y recoger nuestra bandeja. Siempre nos la da con descuento porque Christian trabaja allí. De hecho es el único trabajador del restaurante. Trabaja desde casa o desde el teléfono verificando todos los sistemas, y llama a los equipos externos de incidencia cuando la situación raramente lo requiere. Ya hace 20 años que no trabaja ninguna persona en los McDonald´s robotizados, los últimos fueron inmigrantes a los que se les pagaba testimonialmente. Es frío, la comida es china, pero la gente sigue yendo porque un menú cuesta tres veces menos que en un restaurante con personas atendiéndote, y por tirar la bandeja te regalan más comida.

Llevo días dándole vueltas al entuerto económico. La gran palanca está encallada, que si la falta de liquidez, que si tenemos a 100 mecánicos buzos intentando repararla, que si empiezan a haber síntomas depresivos en la confianza del consumidor, que si nos equivocábamos eh- que al final para los dos próximos años dos tazas más de recesión, pero para el 2014 se lee en los periódicos que hacen un "fill the gaps" y ponen la recuperación allí. El periodismo lerdo, vuelve a modificarnos la realidad y a crear una nueva: nadie ha dicho que en el 2014 haya recuperación, se ha hablado de 2012 y 2013, punto. Inventan por contraposición, que a un 2012-13 recesivo, le ha de seguir un 2014 mejor. In-ven-tan.

La gran palanca, el artefacto que permite grandes movimientos a partir de fuerzas menores apoyadas. La gran palanca es el crédito. Con crédito se podría llegar a comprar mansiones, pagándolas en 30 años. Ya nos sabemos el cuento.
Y cuando el mundo parace encallado como nunca antes, recurres a explicaciones como las de Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica en la URL. Esas explicaciones pesimistas, ganan validez a medida que la crisis cumple años. En 2008 eran calamitosas, pero cuatro años después este profesor ya empieza a ser escuchado en medios de comunicación más importantes. Con las predicciones recesivas hasta 2014, habría cubierto con éxito la mitad de sus pronósticos temporales. Porque augura que la crisis alcanzará 2020 como mínimo.
Hoy en día, periódicos, políticos y economistas, giran en torno a conceptos como activos tóxicos, depreciación inmobiliaria, crisis de deuda soberana, falta de liquidez, índice de desempleo... intentándose fajar de la crisis. Si se confirma que es una crisis estructural, también confirmaremos la nulidad de sus capacidades, de juicio y de acción. Si resulta que se pasan una década tocando botones y pedales de áreas parciales, vendiéndonos que ésta sí que es la solución, obviamente se certificará una crisis sistémica. Porque falla el organismo global, falla el diagnóstico, y falla la propia ciencia médica para el enfermo.

Nadie se preocupa de la Estructura cuando las cosas van bien. De hecho se ignora de su existencia, porque parece que lo que importa es el presente y futuro inmediato. Corregir un crecimiento récord parecía insensato y estúpido. Hasta en una superpotencia mediterránea un presidente coreaba eso de "Spña, va bien".
Cuando la economía se encalla seis años, se empiezan a buscar causas explicativas cada vez más allá en el tiempo.
Lo que Niño Becerra expone desde el inicio y antes de la crisis, es que ésta es una crisis sistémica. Que mirado con otra lupa que la corriente en los análisis económicos al uso, se pueden entender ciclos en la historia económica, y estamos inmersos en un agotamiento del modelo que estaba en vigor. Que esta crisis va a durar hasta 2020 por lo menos, y no hay Merkozy o Capitán América que lo remedie.

Es interesante que su análisis no es caliente, sin resentimientos, y sin señalar ningún culpable. Es un análisis aséptico de la historia económica y ve lo que está pasando como inevitable.
Es verdad que los acontecimientos que se dan en el plazo de un año, cinco, diez, pueden gozar de cierta maniobra, y algunos agentes políticos o económicos los pueden hacer virar. Cuando hablamos de una escala de 50 o 100 años, los procedimientos no son tan maniobrables, se forman por acumulación de una montaña de acciones no tan conexas, y las consecuencias finales son menos controlables. A estas escalas de tantas décadas, sí que se puede hablar de una estructura, de un Sistema, un esquema de actuación, esqueleto en el tiempo, que tiene su parte de ciego y determinista, inabarcable para una persona o generación, porque es la cascada heredada de infinidad de hechos previos, que no pueden ser transfigurados en un santiamén.
Los actuales agentes políticos estarían en unos años de gestiones equivalentes a un "ensayo y error" planetario. Todavía no verían la verdadera raíz del problema. Las subprime y la deuda soberana sólo serían daños colaterales del mismo, y sus grandes propuestas intentan reparar estos terremotos amenazantes. Pero a la vez crean nuevos daños, porque el crecimiento sigue estancado, se entrará en recesión, se perderán más puestos de trabajo, se recaudará menos, y se volverá al inicio: activos inmobiliarios más tóxicos y amenaza de quiebra de estados permanente. Como si la solución no fuera la solución.

(continuará)




2 comentarios:

Yves Gerbeau dijo...

Jo pensava que, un cop toquéssim terra, el sistema canviaria. Sóc un il·lús.
Tornen a obrir les immobiliàries, torna a començar un cicle que, com bé dius, ja ens el coneixem... què volen? Altre cop tornar a crear el mateix castell de sorra?

Jordi Santamaria dijo...

En teoria això no passarà.
Ni es creix ni hi ha diners.
Ni els Estats tenen diners.
Els bancs tenen actius radioactius ultra depenents de la situació econòmica general.
Estem ben fomuts.