viernes, 24 de mayo de 2013
Mayo literario o no
Flores, aguas, pero no escritos en mayo. Toca sacarse una licencia de psicólogo, no sé yo bien para qué. Ha sido mes de lances domésticos, de sentirse removido, y notar después que los tendones y meniscos líricos, andaban tumefactos pero en su sitio.
Afuera, en el mundo oficial de la literatura, sigue el mismo vocerío. En mi patio interior faeno, y sigo tragando obra umbraliana, ahora con más criterio cronológico. El Giocondo, Si hubiéramos sabido que el amor era eso, novelas exhuberantes de lenguaje e hiperpobladas, que son tratados psicológicos. Umbral es un filósofo adjetival, pues adjetivar es una forma de pensar inmanente. Elegirle un adjetivo a la cosa para lograr revelación, calificar, es atribuirle un momento energético orientado. Se llega a la verdad al exprimirla, perfilarla, singularizarla, virtuosamente empalmada con su contexto e historia. La palabra inflama a la cosa y la amplifica, da una hondura que transforma su naturaleza mostrenca. El lenguaje pulido y malabar como elemento devastador de lo manido. La verdadera resurrección de la realidad se da en el lenguaje.
Por ello, puede ser que no haya nada más diligentemente ateo en este universo que la literatura. Pues toda ella parte del mundo y termina en el mismo mundo, hay un olvido espontáneo y natural de lo teológico, que sólo se emplea de forma costumbrista. La literatura no es un debate entre lo divino y lo humano. Sólo entre lo humano y lo humano. La alta literatura es una sabiduría inmanente, donde se ametrallea con metáforas y adjetivos.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Verano en vano
Esta frecuencia de precipitaciones hace que abunden los días recompuestos. Son aquellos que vuelven de la lluvia, rehechos, de soles inagurales, que secan la costra de los días húmedos y resfriados. Entramos en un bucle de restauración climática, dos veces por semana, y estos días parecen plumosos de festividad, y tienen los pulmones más potentes. Hasta que retorna el fenómeno del verano en vano, y repetimos el ciclo.
El sol luce sobre la arena mulata y aborigen de la playa, transformada tras la enésima lluvia de esta primavera. Una arena oscura, aplanada, y aún húmeda, que le da un carácter cantábrico al conjunto.
Hay gente que demarra el verano demasiado pronto, después son abortistas, y cae por su propio peso la precocidad, asaltados por fríos de junio, recalentados por vapores de agosto, y son los primeros en gastar chaqueta al empezar septiembre, acelerados, traspuestos, precoces. El resto nos aparecemos al estío con camiseta y pantalón corto un atardecer, y él nos responde a lo lejos con frío y señal prematura, nos precipitamos al verano con demasiada puntualidad.
Los pajaros hacen flores de sonido, pétalos en un compás, con timbre de aguas. Abundan las amapolas, esa flor mal hecha, por un dios de bazar chino o de párvulos. A los árboles podados les crecen ahora las hojas, incipientes y contadas, como una barba, antes de proliferar y redibujarse en follaje indistinto. El viento tiene masa para mover, mares herbáceos que se despeinan las tofas y refrescan así sus baños de sol. El campo lleno de ñordos, los tordos de los domingueros, que los perros coprófagos deleitan. Kobe repite la historia del coyote y el correcaminos en sus persecuciones a degüello con un conejo vecino al que nunca da alcance. Estos son mis testimonios del bosque. Esta es mi declaración. En el telediario, tendrían que salir el meteorólogo y el endocrino juntos cada cual a dar su parte climático. Nos falta tal vez introspección.
Se pastelizan las tardes, se estilizan los paisajes, la presencia amplificada del sol crea filtros fotográficos según las tardes y las nubes. Hoy el horizonte es como un biombo chino, las montañas son de negro monocolor, toda la cordillera es una masa plana de negro, indiferenciada y continua. Por encima de la silueta negra, aparece un resplandor candente, le sale un naranja estelar y un fucsia discreto, que es todo el degradado amarillento, violeta y triunfal del sol mientras se apaga, una belleza proyectada a miles de kilómetros asomándose por toda la loma de la cordillera antes de marcharse.
Los niños de trece años ya se bañan, han prologado el libro de las maravillas llamado verano adolescente, que se prolongará hasta un día lejano de pantalón largo en septiembre.
No hay más que paz en esta tarde veraniega de mayo. Todas las violencias están suspendidas, todo los males están apagados. Hay días que el paisaje y las temperaturas inhiben el mal, simplemente se da una pereza de mal, próximo todo a lo edénico y lo paradisíaco.
domingo, 19 de mayo de 2013
Me gustaban las chicas tímidas
Me gustaban las chicas tímidas, silentes, reservadas. Porque no hacían ruido supongo, porque notaba un espejo invisible, un resonar familiar de mis adentros, también silentes y pacíficos. Había en la timidez, una monumental prudencia. Me nacía una confianza, olfateaba una moderación. Aquellas chicas no explotaban. Su belleza quedaba no corrompida por el silencio, permanente. Unos ojos espectaculares y brillantes mirando hacia arriba con actitud de perro angelical. No que me enamoro.
Las otras hablaban para cagarla. Era así. Ser lenguaraz es tener dentro un carrete que no para y te retrata imprudentemente. No, eso no lo digas. No hay nada tan escasamente misterioso como una persona habladora. Toda la intriga, el barroquismo, la sofisticación de una personalidad, desvanecidos en nueve segundos que es lo que tardan algunas personas en confesarse, como máquinas impresoras de un modo de ser. Parménides y Heráclito se pondrían de acuerdo. Yo es que soy muy transparente. Tanto hija? No te guardas nada para después? Para los siguientes siete años? Transparante o hueca o qué?
La moderación a veces no es más que el freno que ocasiona el seno para desarrollar un estilo. La pausa que permite que anide y se sedimente un carácter propio, el único lugar donde se puede posar cierta riqueza y sofisticamiento psíquico.
Y eran tímidas. Como un servidor. Y las tardes a veces eran un folio en blanco donde podía pintar la imaginación, la fantasía platónica, más que la realidad. La timidez, sin intelectualidad, es platonismo. Los tímidos, inhibidos, algo minusválidos, nos reconocemos sin pasaportes pero sabemos que somos del mismo país. Normalmente nos sonreímos, nos reconocemos, pero como somos tímidos obviamente el encuentro es silente y vergonzoso.
Dos tímidos no son dos planetas en silencio, son dos mundos que callan. Nadie es tímido hasta las últimas consecuencias. Las palabras atrancadas en una segunda garganta inferior, deben ser expulsadas. Hasta encontrar una esplanada donde cae el himen de la timidez. Un tímido es un lenguaraz sensato, que larga tarde y oportuno. De hecho algo les hizo callar para siempre, alguien o la suma de alguienes bloqueó el fluir despreocupado del habla. Hay como cierta garra atenazada frente al mundo, que impacta, que es más espontáneo, advenedizo, automático que uno, la sensación un poco que el mundo habla e interpela en demasía. El tímido siempre mira primero, siempre localiza. A más logorrea, más parco y lacónico. Quiere hablar de las cosas en propiedad, un tímido escribe discursos en soledad, es un literato en potencia. Una vez cada cinco años y con alcohol, es parlanchín.
Me gustaban las chicas tímidas porque uno sabía que estaban a años luz de explotar, como estrellas jóvenes y prometedoras.
viernes, 17 de mayo de 2013
Taja, turca, melocotón
Salimos de las tabernas, tras un banquete de alcohol, y podemos ponernos a charlar con Haa-vi, amigo, te aprecio un montón, en una esquina, el tipo que pasaba por ahí, Javi, víctima de la logorrea y el cariño colesteroso de un borracho. La turca, la papa, la taja, el pedal. El melocotón. Palabras transidiomáticas que refieren casi al ámbito de las mascotas, mira niño un guau guau, mira Juan, qué turca, vaya me-locotón. Esas cenas de trabajo en que cambia para siempre el concepto de tu jefe, y el gremlin interior sale afuera. El alcohol nos remite una caricatura del admirado, aquel maestro que se pelea contra sí mismo al final de una boda, oro en barra libre, con muecas de vagabundo y golpeándose todas las cuentas pendientes consigo mismo, hasta que se queda dormido sobre los restos de un pastel nupcial.
El puntillo, esa frecuencia alcohólica suficiente que es como un corcel de ocurrencias, comicidad y buenos ratos. Pero sintonizarlo, entre copas, con la euforia que aúpa, suele pasarnos la onda. Se despereza entonces el gremlin, sobao en su cuna. Detrás de una borrachera, siempre hay un presupuesto y un abastecimiento. Un botellón premeditado, alcohol que no falte, pilla seis más házme caso. La noche es un desfile de gremlins nada reptiles y bien vestidos, con poco equilibrio, una performance de desfases múltiples, con poca luz en los bosques con músicas. Son fiestas, uno de los fenómenos humanos más exigentes. Cada sábado millones de tribus no paran de celebrar, no se sabe muy bien el qué. Nos exorcizamos, de la mierdecilla de la vida, el cubata no me falta. Celebran estar vivos, ya ves tú, celebran ser guapos o simpáticas, o celebran ya el anticipo de un polvo trabajado que no será aquella noche, sino seis intentonas semanales después. Entre semana van a clase a sentarse y escuchar, de 10 a 11, porque se cansan y van al bar a medrar. Se tocan los huevos hasta navidad o junio, y celebran esa vida chollo de babosa lúdica con sueldo semanal que prolonga su sultanato poniéndose ciego de birra y ron, hasta que la puta vida tome su edén y le expulse para siempre de su parque de atracciones.
Bebemos. Bebemos para olvidar todo eso.
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Alcohol
miércoles, 15 de mayo de 2013
Poesía venérea
Toda ciudad, todo ser, todo lugar, tiene sus zonas prohibidas, enclaves propios que se alzan en el cogote de lo oficial y allí hacen vida. En las ciudades se levantan otras ciudadelas escondidas y alegales, las del sexo de pago, los cascotes del tráfico de droga, los mercados de abastos de imitaciones. Todo lo que la gente siempre ha ido consumiendo de estranquis.
Me llega por un amigo un tratado de literatura venérea. Estas ciudadelas tienen guías clandestinas en la "red", el marasmo de internet, esa criatura arborescente y colosal. Siempre hay una calleja que tiene un solar que da a una escalera y en el entresuelo está el punto de información turístico de todo ese submundo pegado al mundo oficial. En este caso, es un foro de poetas venéreos, puteros pro que glosan con mimo y delicadeza sus travesías en el hemisferio de las meretrices. No faltan los apelativos variadisímos a sus penes y genitalia en juego, el esmero en adjetivar y lirificar su experiencia álgida y mamífera, la profusión de matices y escalabilidad de sus puntuaciones para el prójimo lector, como si de cronistas épicos o amorosos se tratase, elevando su polvo putañero al mascarón de proa de sus realizaciones vitales.
La señora Carmen y la ramoneta llevan su capazo de esparto hasta la carnicería, y no se cuescan que en el segundo tercera, a treinta metros de sus canas, fornica un poeta venéreo con la cabeza encapsulada en su crónica, póngame una libra de lechal, córrete en mi cara, hay que ver cuánto tatu de esos mis nietos, me pones que tengas cincuenta me ponen los viejos, me pones los huesos viejos pal caldo hija pónmelos, la nueva del segundo es bailarina no? Puta, señora, es puta.
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lunes, 13 de mayo de 2013
Inaguro verano. Voy tirando
A los ciegos los pasos les empiezan a sonar a verano. El derrape de los pies en la arena, suena seco, polvoriento, mientras el sol es un manto de calor sobre la piel. El mundo veraniego es maniqueo entre lo seco y lo húmedo, y el bañador es el hermes entre ambos. Una dinámica entre la deshidratación y el remojo.
Kobe insiste en el juego. Cuando campa - su manera de ser feliz - lo celebra o lo extiende jugando: a atrapar la correa, a jugar al pilla pilla... te hace partícipe de una dicha. Como yo escribiendo, mi conducta paralela a la suya. Hoy intuía que el papel se iba a velar muy fácilmente, sacando mi bobina a pasear.Cada vez se calan más los mecanismos de la lírica.
La playa ya tiene los colores de ser consumida. Una arena más amarillenta, un mar pacífico y de espejo. Está en su punto. Cada cual que ya corte la cinta inagural con su primer baño. Mi amigo peludo es de agua dulce y sombra. Un 13 de mayo uno puede veranearse ya y escatimarle aventuras y paraísos a la vida. El verano precoz es para los listos, y el verano perpetuo de Florida para los triunfadores.
Yo voy a por el calzón de baño e inaguro ya, voy tirando, otear la playa ha generado una voluntad perpendicular a ello. Luego les cuento.
Kobe insiste en el juego. Cuando campa - su manera de ser feliz - lo celebra o lo extiende jugando: a atrapar la correa, a jugar al pilla pilla... te hace partícipe de una dicha. Como yo escribiendo, mi conducta paralela a la suya. Hoy intuía que el papel se iba a velar muy fácilmente, sacando mi bobina a pasear.Cada vez se calan más los mecanismos de la lírica.
La playa ya tiene los colores de ser consumida. Una arena más amarillenta, un mar pacífico y de espejo. Está en su punto. Cada cual que ya corte la cinta inagural con su primer baño. Mi amigo peludo es de agua dulce y sombra. Un 13 de mayo uno puede veranearse ya y escatimarle aventuras y paraísos a la vida. El verano precoz es para los listos, y el verano perpetuo de Florida para los triunfadores.
Yo voy a por el calzón de baño e inaguro ya, voy tirando, otear la playa ha generado una voluntad perpendicular a ello. Luego les cuento.
sábado, 11 de mayo de 2013
2012
Disfruté mucho leyendo la biografía de Steve Jobs, casi me hago ingeniero. Eso fue en 2012, un año que ya era colono de este delta, año ya 100 % gavaniano. No me había arrancado a escribir, no había llegado ese día postrero de octubre en que se me empalmaron las galerías umbralianas. Tenía en la despensa una quincena de libros suyos almacenados, hasta que explotaron.
Pero fue un año de mucho iphone, de mucho ipad, miento, la niña vino después de la lectura de la biografía. Estaba muy al día, leía el País varias veces al día, ese diario que nunca he pagado. Me buscaba. Tenía oleadas de ingeniería electrónica, yo a mis 35, rezagado, marejadas de física cuántica, sondeando, siempre en caladura vecina a lo extremo. Megalómano, una vena sí.
Me doy cuenta que Gavà son mis estores. Las cortinas translúcidas que modulan la luz de mi alrededor. Hoy por hoy son la portada en el archivo cerebral y fotográfico de mi sitio.
Me desplazaba ese año por mi vida - y mi estepa de los 30 -, montando estos caballos con antifaces, que sabían que sólo eran transbordos: cabalgadas de tecnología, actualidad, física cuántica... Fue eso, un año de transbordo.
2013 serán ya unos paseos, un labrado de textos, una lírica, y una crónica del tiempo.
Decía que esta primavera alcanza lo caótico, demasiado lábil, quebrando la cintura de las hormonas. Apenas nos ha calado la trompeta ereccional y solar de la primavera, tan aguada. A una primavera mediocre se le suma un invierno siempre desagradable, por lo que nos están jodiendo el año. Quiénes? Ellos, son ellos, los de la niebla de la tele de los ochenta, los padres ingenieros de los políticos de hoy, todo hace cuadrar el mantra nuestro "hijos de puta".
Pero hay que confiar en la esfericidad del devenir. El año climático cumple la esfericidad, se acaba autocompensando siempre, va a venir un verano con sintonía celestial, fresco y caluroso, hasta el frigurón vuelve del exilio. También nos reconciliaremos con la política, tras una guerra sí, pero tras la cruento vendrá lo bonito y una regeneración traumáticamente bella.
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