viernes, 20 de abril de 2012

Sentimientos diesel


Es curioso como la cotidianiedad tiene su naturaleza de aluminio, tan sólida como hueca, tan protagonista secundaria como esquelética. Una gran masa continental que se desplaza al ralentí por los meses.

Y es de una geología dramática como las leyes de esa física se volatilizan y se crea un mundo alterado, cuando los sentimientos dan un golpe de estado a la burocracia ordenada de la cotidianiedad común.
Todo ese continente se funde, se revuelve con las columnas licuadas de aluminio, y elimina toda solidez y lentitud.
Nuestro yo cambia de sustancia corpórea a magmática, se ha producido una fundición del esqueleto suficiente, se han disuelto las esquinas, de nuestro par de calles, con los edificios reconocibles plegados como una maqueta de cartón.

Las leyes de ese estado son otras, muy diferentes. El tiempo entra en rebelión, brincándose las pausas, reconectando antes y despueses a discreción, deshaciéndose, electrificándose, mitad sinfónico mitad desbocado.
Se produce un olvido de esa cotidianiedad, tan resignada como querida, y un sentimiento de extrañeza por abandonarla.
Y dramáticamente se redefinen todos los rumbos de nuestro gran continente, sin pensar nunca en la palabra anarquía.

Aunque no se nos ocurra, la dinámica general se ha enrarificado, el gobierno de nuestra sustancia magmática requiere duplicar nuestro equipo de apoyo. Pero nos lanzamos al océano con fe, con los ojos inflamados, sin sospechar todo el desorden que se nos ha formado.
Y hay singladuras épicas sí, que llegan a puerto y perviven la gloria. Y hay naufragios ordinarios anegados en la tormenta y la ebriedad de la estabilidad perdida de uno.

Los sentimientos a pelo son entusiastas compañeros de vida que traen la revolución. La oportunidad de una verdadera revolución física, el paso de un estado estable y ordenado, a otro estado futurible, probabilístico.
La mayoría de veces, al aleteo, a la levitación de la rutina, le sigue el alunizaje. Como la rebelión es fajada o placada, nos mareamos con las referencias licuadas, y después del extravío, retorna a posarse poco a poco la realidad pródiga, que siempre estuvo, aunque disuelta, y las leyes de la física regresan a ser sensatas y estables, en una forma diesel de sentir.

1 comentario:

Yves Gerbeau dijo...

I tant! M'ha agradat molt, sobretot el paral·lelisme que uses amb la física.

Nuestro peor enemigo: la rutina.

El mayor amigo de la autoridad: la rutina.