miércoles, 2 de mayo de 2012

The Big Short, Michael Lewis

Estaría bien un libro que narrase como un pequeño hombre se armó de una rudimentaria lanza, se dirigió descalzo hacia la frondosa selva de rascacielos y bancos neoyorquina, durmió al raso, y apuntó pigmeo con su lanza al corazón de la bestia más feroz. Y la lanza, volaba frágil ascendiendo hacia el mastodonte inabarcable, gigante de siete cabezas, de forma tan invisible que parecía anónima. Y el pigmeo ya se había girado, cuando el estilete penetró el corazón y desplomó a los mercados, volviendo de nuevo para su aldea.

Es harto romántica la idea de un pequeño hombre que construye una lanza, y se va con ella a arrojarla y derrumbar este gran ente etéreo y maligno que constriñe al mundo, tumor intangible de todos, llamado mercados.
Si bien no exactamente, ese libro y esta historia verídica ya existen.
Es sabido y sufrido por todo el mundo, que la mayor crisis económica en 80 años acaeció de forma sorpresa, como esas fiestas sorpresa en que todos los testigos se esconden y el planeta se dirige a la enésima década de crecimiento, pero resulta que es David Lynch quien firma la realidad, y los testigos son expertos payasos que no existían y que aún corean desde la ultratumba "todo seguirá creciendo", y encima de la mesa en lugar de pastel de cumpleaños, simplemente hay un agujero colosal de dinero negativo. Buenos días, el mundo debe tropemiles de miles de millones de euros, tiene suelto?

De los productores de "construir pisos como quien juega a la petanca", siendo el boliche el criterio para otorgar préstamos. - María, he ido al banco a pedir 18.000 € y me han dado 105 mil. En esos tiempos en que crecer era borrar la etiqueta de precio de un piso y poner una mayor cada dos meses, sí que hubo en Estados Unidos algunos pequeños inversores que tiraron su tímida lanza al ojo del gran ente. The Big Short, de Michael Lewis, narra la historia y la biografía de esos pequeños inversores que no sólo veían aberrante la forma de inflarse la economía y el obrar de sus habitantes en la compraventa de pisos, como un mundo enloquecido, sino que construyeron sus lanzas y las tiraron contra el Sistema.

La única manera de ir contracorriente, era comprar seguros de impago de aquellas barbaridades, lo único que protegía del futuro desplome de esos activos, en especial los más aberrantes, los subprime. A medida que se plasmase su colapso, esos seguros adquiridos a bajo precio, adquirirían un altísimo valor por ser lo único en el mundo que evitaba la descomunal pérdida.
Mientras el mundo sangraba hipotecas, y ninguno de nuestros expertos oficiales supo ver venir las hostias, abro paréntesis: razón por la que debemos esperarnos grandes desgracias en esta crisis, algunos de esos inversores únicos ya han invertido en armas, cierro paréntesis. Ellos, con años de antelación, se sintieron perros verdes día a día por apostar contra el mundo oficial, contra las hordas que se endeudaban y aceptaban precios obesos, contra los bancos que se empachaban de riesgo inmobiliario eruptando, se sintieron paranoicos por ver lo que la inmensa mayoría no veía, y fueron los hombres más coherentes del planeta.

Cuando el mundo sangraba de verdad, ellos recogían sus frutos, fieles a su verdad ermitaña y de cueva, fina como la línea de una lanza en las coordenadas crípticas del mundo.
(es muy ingenuo a nivel planetario, estar tan tranquilo. Después de constatar que ningún experto oficial pregonó la crisis, se deriva que Esto no tiene ni pies ni cabeza. Estamos en manos de conductores suicidas). 

1 comentario:

Yves Gerbeau dijo...

Tens un "premi" al meu bloc..