miércoles, 22 de febrero de 2012

Mis yoes y yo

Todo el mundo copia al oso durante el invierno en mayor o menor cucharada. Así, reducimos las revoluciones corporales durante tres espaciados meses, de forma tímida, o bien narcóticamente, y lo hacemos casi obligados por un dispositivo automático. Como si esta cuarta parte de cada año fuera un reino nada ideal para las revoluciones, la épica o cualquier gran cambio. El invierno podría hasta llegar a ser una excusa íntima y personal para postergar cualquier asunto hasta el 21 de marzo.

Y es curioso como personalizamos y yoízamos el lenguaje, y nuestro mundo a él cosido va cayendo al mismo suelo equivocado. La mayor parte de nuestros cambios los comete nuestro cuerpo ciego, al que no dotamos de bastón. En el imperio del yo, intentamos atribuir todas nuestras acciones a una especie de miniyo en la cabeza, microduende de nosotros. Al cual explotamos, en nombre de una identidad siempre afilada que siempre contesta. Cuando en verdad, al radiografiarlo, no podemos ni verle una silueta definida al microduende. Ya que está borroso y desdibujado de hormonas, multi ramificado esperando tantas opciones de conducta.

Nuestro yo es un yio, a veces un yoi, y otras veces todo lo contrario. De hecho tenemos cuatro o siete yoes probables desterrados. Y lo están por el principio de la no locura. Y dentro de nuestro yo, nos olvidamos que un 50 % es una parte ciega, determinista, que nos baja las revoluciones en invierno de forma dictatorialmente aceptada. O instaura mandamientos de atracción tiranos y concretos en nuestras amistades, ignorando lo no escogido. Yo a veces me acuerdo de mi otro yo, cuando las hormonas viran. Y consigo volver a ser aquel otro, cuando también lo son las moléculas.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

yo solo conozco tu yo de escritor que escribes más denso que umbral , el de trader que .... en fin ni buffet y el que cuando hablas que no te entiendo casí nada de lo que me dices

Yves Gerbeau dijo...

Doncs sí, molt bona reflexió. La comparteixo totalment (tot i que fins ara no m'havia parat a pensar en aquest moment ós que tenim).
Esperem els nostres jos reaccionin aviat i, com molècules excitades per la temperatura de l'ambient, se sacsegin els uns als altres i creïn una gran pressió ambiental. Voldrà dir que estarem altre cop vius. Voldrà dir que haurà tornat l'estiu.

Per cert, en tota aquesta bona reflexió, quin paper juguen les dones i els seus 300 abrics? Jo diria q un paper molt important. Escalfor=Moviment. Si no hi ha escalfor...

Jordi Santamaria dijo...

Comentarista anónimo, pertinaz y pesado, exagerado, fiel y no correspondido.
Agradezco sus palabras, me hacen sonreír, aunque son una hipérbole, en este caso innecesaria.
Le pido que comente lo justo y que no se precipite como siempre hace.
Y pruebe porros, o droga de esta psicodélica, porque necesita reinventarse.
Gracias

Jordi Santamaria dijo...

Senyor Yves, tots sabem que la psicologia de les persones en molts casos està manipulada al benefici propi. Hi ha molt mecanisme de defensa actuant com un artil-lugi de precisió a cada casa ara. Molta gent que la franquesa la té al cul, i davant miseria psicològica a la seva biografia, ho dissimula amb tot de afegits i pintura psicològica o física. Tots ho sabem, però el mode defensa sempre és molt més rotund i tens que el mode franc stand by. La petita guerra diària i psicològica de l´èsser humà.

Les dones, les dones. Les de 300 abrics. Cony, si n´hi ha d´abrics ben parits que amb un no en necessites cap més!
Em plantejes doncs un problema textil. Amb una problemàtica de consum associada molt pueril.
La dona pot esdevenir un ésser d´especulació personal massiu, amb un home sempre al darrera, cosa ni molt racional, ni pròpia d´una evolució biològica acomplida.