martes, 13 de octubre de 2009

En pocas palabras [Ahorro o muerte]

La nueva medida, tras 50 años de gobierno del régimen político comunista en la República de Cuba, es el complejo plan: "Ahorro o muerte". Así se llama la última medida implantada. No se llama "tecnificación de infraestructuras y disposición de planes ergonómicos para la industria...". Se llama "ahorro o muerte". Y consiste en eliminar mitos propios del régimen comunista como la cartilla de racionamiento, comedores laborales, etc.
Tras 50 años de clamar revolusión de ideales cada día, en el año 51 la realidad es: ahorro o muerte.

lunes, 12 de octubre de 2009

Pues con algo en la cabeza

Debe haber amontonada una pelusa esférica de temas pendientes en medio de mi cabeza, hebras y briznas perdidas de asuntos a los que les sentaría bien un ventilador de voz para desatascarlos un poco. Voy a escribir en ventilador lírico sobre briznas de cosas, ahí va...

Las películas de época chirrían en lo impoluto que parece todo: limpias calles, uniformes impecables, palacios perfectos, clase baja como arreglada para el film. Luego sales a tu calle de metrópolis futurista, y te chirrían las desperfecciones de lo moderno: paredes desconchadas, chicles en las aceras, basura manifiesta, vestimentas descompasadas. Te invade una atmósfera de Blade Runner, de modernidad corrupta, de umbral urbano apocalíptico, que es fruto exagerado de la mitología hollywoodiense. Existe esta mitología en pleno siglo XXI, como buena perversión de los raíles cabales de las cosas: el amor perfecto y poco sudado, la belleza-fachada sibilina en todo, la magnificación de lo esplendoroso y refulgente como vida en fuegos artificiales... iluminan las pupilas en los cines de millones de almas, e inoculan la creencia en la Vidabonita.
Hoy en día se podría formar otro polo cinematográfico que plantase cara al monopolio masificado made in Hollywood. Otro sello, marca, nombre, foco, con posible sede en Europa, que aglutinase a varios directores y productores reputados, que se distancian de la sociovisión de esa mitología imperante. Importa tener un núcleo productivo, pues facilita las creaciones, las ayuda a reconocer y crea consumidores fieles, sea racional o irracionalmente. Una futurible "ACME" frente a la clásica "Hollywood", con sede, estudios, premios y demás, podría hacer que mucha gente se desheredase de consumir historias hollywoodienses y hasta darse cuenta que ellos tampoco eligieron esa fidelidad.

Y tras mucha pelusa encaprichada en hablar de cinematografía, quiero mentar y reconocer a esas personas anónimas y modestas que labran blogs semana a semana, con intención de que sus palabras sean percusión y trabajo para mejorar el estado de las cosas. Que intentan abrir zanjas y caminos, porque de nada sirve hacer pasar/leer a la gente por caminos manidos, es más una neurosis quien hace repetir a la gente conductas requetedichas, como quien se rasca, como quien tiene un tic. Sin originalidad no hay cambio, ni superación, ni seducción. Y de las pocas interlocutoras de este blog, Carmen es una de ellas, que se esfuerza por hacer llegar mensajes trabajados, sentidos en alambique de experiencia, y saliéndose del camino heredado.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La belleza interior

En una aldea, nadie madrugaba para trabajar y antes se ponía guapa. Aún menos se acicalaba como para ir de fiesta. Sin embargo en nuestro mundo de la imagen, se da todo un carnaval para ir al tajo. La gente se arregla, hasta se emperifolla, y desde fuera parece que hasta vayan de celebración, o nos sugieren también un retorno a una matutina soltería, que acabará sodomizada por el tirano deber laboral.

Uno supone que hay una gran mano negra o tonta detrás, un inconsciente colectivo a la deriva, que suma esfuerzos para cubrir con una película el mundo, una fina capa que lo haga parecer bonito, o nos lo presente seductor.
Los vagones transportan masas de gente a su pico y pala particular, pero en estas latitudes de los siglos se contentan con una planta y etiqueta impoluta. Hasta puede que se crean por anchos instantes que el metro parará en el campo, junto a su palacio, para vivir la vida que su ropa no puede vivir.

Después tropeles de gente charlotean sobre la belleza interior, dándose cheques en blanco de tópicos. Una persona pobre es la que tiene una chequera de tópicos siempre dispuesta en la boca. Lo más parecido a no ser humano.
La belleza interior, alias invisible, no existe para que multitudes de perdedores se llenen la boca con ello. Es algo muy serio como para tenerlo de muletilla psíquica. Es de esas cosas que no se dicen y sí se hacen. Hay mucho trilero que clama que la bolita de la belleza está ahí adentro. El recurso manido del que no tiene belleza exterior y tampoco la tiene interior, y lo que hace es escudarse en algo que no es visible, ni tangible con rapidez para el conocimiento, para que así cuele e ir tirando, un atrincheramiento poco valiente en la deducción.

La belleza interior hablada no existe no, sólo existe hecha,
o sólo existe recreada en medio de ese verso

martes, 22 de septiembre de 2009

Daniel Sánchez Arévalo

Este post tiene la finalidad de recomendar encarecidamente la visualización del largometraje Gordos. Su director, culpable de mucho, es Daniel Sánchez Arévalo, realizador de Azuloscurocasinegro. Simplemente, hay un nivel de expresión en el arte al que sólo llega quien puede, y no quien lo aspira. Y la gran ambición en esa expresión tiene que ver mucho con un elevado compromiso con la verdad, la metafísica y la doméstica. Sánchez Arévalo, con larga experiencia como guionista, es un tejedor, se ha pasado tejiendo, emborronando, esquematizando y repuntando todo ese organismo psicológico en orquesta que es su película. Otra historia coral más como las que pueblan estanterías de bibliotecas y videotecas, pero facturada con una maestría en el conocimiento de la psique humana de genio.

Lo de menos en la pelicula es la gordura, como lo de menos a veces en la vida es vivir. Me parece que el gran mérito del arte de S. Arévalo es llegar a un ámbito de verdad somática, una obra que llega a tratar la psicosomática de una forma creíble e intuitivamente certera. La peli nos cuenta aventuras y desventuras de parejas, familias e individuos desparejados. Pero pretende desvelar los mecanismos compensatorios de las relaciones, las dinámicas ocultas que producen fachadas, versiones oficiales y máscaras, y no lo hace desde la psicología sino desde la cinematografía.

Hay algún pespunte más dudoso, algún final discutible, pero el visionado de la película es una maravillosa experiencia de descubrimiento, un subidón cultural, y una consecuente intención comprometida de seguir la pista de Daniel Sánchez Arévalo allén de los años.

sábado, 19 de septiembre de 2009

lunes, 24 de agosto de 2009

El mar del Japón

Oh sí la escritura, vuelvo a ella, desagradecida y farragosa, como quien intenta hablar eligiendo palabras a 10 de ellas por minuto, tontolismo de la expresión, y lo hace ni con costuras bien pespuntadas. Escribo sin ser yo, ya que en este filtro de expresión temporal, no entran ni entrarán miles de ocurrencias que se cuelan. La escritura es un pequeño redil que pesca en un río artístico donde el agua va, ajena a la captura, y se cuela y se escapa hacia ningún lugar escrito. Escribir es un mal colador de la vida.
Suelto estos esputos, metaesputos, porque sigo insomne y me encuentro con la Confesión ésta de nuevo, en la misma calle nocturna del desvelo. Escribir es una suerte de vecino que me encuentro por las noches que no duermo, que son pocas. Y además, él antes sueña, medita, se revuelve en la cama, y va cosiendo su vida mentalmente, como una afanada costurera. Cuece, un puchero de ideas felices y con larga cola, durante interminables minutos. Inagura museos propios, bienales, o tomos, que se desmontan por fugaces minutos después, al abrirse nuevas exposiciones. Para que al final, sólo el brillo lejano de algún objeto de ellas, acabe apareciendo en esta rueda de prensa del espectáculo que es la escritura
Y hablar con tontolismo de la expresión, en el biombo del papel, donde nadie ve lo poco que hablas, tampoco supone convertirse en un brillante ordenador o computador del acervo humano. Pulir las herramientas del lenguaje, como mucho tiene una función estética o seductora. No suele ir destinado a uno mismo, no es alimento o combustible del que se pueda vivir solo. Un anacoreta de la escritura es esto, un bloguero en el ciberespacio y tres amigos que lo leen.
Vive Dios que unos terrones de quinientos euros endulzarían y darían fe de esta epopeya anacoreta. Escribir es una profesión-vocación, que pingponea entre la realización personal y el reconocimiento de los otros. La solitaria vocación se queda aún más sola, y sólo los ermitaños del ningunismo literario sobreviven. El zafonismo o reconocimiento en masa de hormigón, es como tener a la novia más guapa del mundo con voz del risitas de Quintero, una suerte-desgracia.
En mi habitación tradicional japonesa, en medio del distrito otrora mágico de Gion, el sol naciente saluda ya, por una brecha de la cortina a las cinco de la mañana. Si tuviese amigos artistas, y aún no hubierésemos* abandonado el facebook, tampoco mi status sería el encabezamiento de este párrafo. Pam, he aquí lo trabado de la escritura, mi escritura. La no necesidad de presentar las felices ideas fugaces, aderezarlas, ponerles una sim-pática pajarita, las ideas peladas, en su protolenguaje, o lenguaje de los adentros de uno, carecen de esta mediatez social, en el slalom que va de ese protolenguaje a una senda común visitada.
Pensamos en AVE y escribimos en bicicleta.
Gion, Japón, casualidades de la vida. Plantillas para que se dibujen otras cosas más importantes. Y aún así esos dibujos tampoco son ni concluyentes ni decisivos. Un fundamentalismo puntillista entonces, heisengberiano de lo que importa. Es casualidad que esté aquí en Gion y mañana en Tokyo, isla de Hanshu, no me voy a creer ni firmar el guión de nada. Lo más importante de Japón, es, todo lo que pasará cuando no se esté en Japón. Estamos en un cine o observatorio, eso es viajar, puro y placentero entretenimiento, ver las cosas exóticas y bellas pasar. Luego viene encajar todos los fines de las películas. Japón-viajar te permite un oasis donde rever el pasado estático y plastificado de casa, aséptico, dormido, y esperante. Es una especie de consultoría de los asuntos internos, con eclosiones que van de restaurar las estanterías hasta los golpes de estado.
Y me imagino, que de eso iba todo mi río-mar de ideas, dicho jíbaramente en pocas palabras de no protolenguaje.
La brevedad trabada, tampoco permite dar nombres ni latitudes, pero claro que saldrán a la luz, sólo si vuelve el motor insomnio de mi literatura en estos próximos meses.
Ya son las 6, ya canta algún pájaro, y faltan sólo 2 horas para el toque de queda del grupo rumbo a la ciudad-ciervo de Nara. Tendré también que trabajar desde alguna conexión de este país, lidiar con los bostezos y el sueño, superar el síndrome del click hiperfotógrafo, y espero que cientos o miles de cosas más.
De esas, de esas que abren y cierran tu cabeza, de esas, más hondas que todo lo plano que nos rodea; de esas, esas que aparecen de repente en una noche feliz de insomnio, sin tú esperarlas, en medio del mar del Japón.
He estado restreñido de confesiones al oído del blog por semanas, pero a estas alturas de la noche, estirado en el tatami de un ryokan en Kyoto, surge la necesidad de sedimentar vivencias, me precipito en el papel.
Cruzar el mundo, hacer 10 mil kilómetros en horas, y llegar a otra civilización de madrugada, merece chequear la maquinaria del devenir y poner la cámara lenta a una experiencia viajera singular. Estamos a una distancia suficiente por fin, para que incluso el reino vegetal haya mutado en el paisaje; nos hemos alejado tantos kilómetros y montañas de casa, que las caras, las palabras y los platos son capaces de crearnos desconcierto, de orquestar un caos cognitivo más afín al de otrora Marco Polo que al moderno de National Geographic. Son tan occidentales como nosotros y tan orientales como nuestro anti-yo.
Ayer sólo sacamos la cabeza por el atardecer de Gion, en medio de la resaca de 24 horas en ruta - básicamente destinadas a cruzar Siberia a lomos de un Airbus. Toda una transición esquilmada por el motor de un reactor, una transición de pueblos y culturas, que nos llevan a estas grandes islas a orillas del Pacífico norte en las que estamos caídos.
Con voluntad de esponjas, intentaremos desandar esos diez mil kilómetros que nos han separado miles de años. PorqueJapón, es lo que tiene, que estámuylejos Japón.
Ayer uno charlotea como buen turista bobo, sobre las primeras impresiones. Una es el silencio sepulcral en los lugares sociales -excepto la esperpéntica sala de pachingo-, sólo apuntillado por sonidos cortos y rápidos de fondo: el de alguna puerta electrónica, un aviso accesorio, un anuncio... es como si Japón fuera un gran teléfono móvil que no habla, pero sí tiene infinidad de sonidos para las teclas, pantallas y los sms. Un mudito ruidoso.
Otra impresión tiene que ver con la servicialidad. Se piensa a menudo en las conclusiones de algunos libros acerca de la sumisión social de los japoneses, su disciplina social y colectivismo roza la pérdida de un yo individual, algo que choca tanto como provoca. Este será uno de los pequeños observatorios psicológicos de los diez días fugaces aquí: la sumisión social. Me confesaré sobre ello si sigue el insomnio, ya sabéis que para mí la literatura es aquel estado que aparece cuando la vida le hurta horas al sueño.
Hemos sufrido ya un gran desconcierto comunicativo. Ayer me vi hablando inglés de Huelva mientras hacía mimo -como Fiti en los Serrano- más pronto de lo que me esperaba. Es como un juego de mesa espontáneo, un scatergories en el que te dan una sola palabra en inglés, e intentas que la otra persona adivine la frase con gestos. Si aciertas, se da la comunicación, si pierdes, os sonreís y como si no hubiera pasado nada, tan amigos.
Si invertimos el juego, es lo mismo. Ayer yo entendí que en el piso de abajo había un baño japonés para tomar en la noche, y mi amigo Javi se fue pensando que por la noche vendría un bus que se llamaba Shabba.
Es curioso como si vas a Europa del Este, aunque eslavos y latinos ignoren el código comunicativo del otro, no les sale ponerse a gesticular como cuando Colón con los indígenas. Pero a mayor distancia por poco sacamos los tams tams y hacemos una danza típica.
Y estas son las primeras aventuras en las grandes islas del sol naciente, mañana, tras ocupar el insomnio, me esperan templos, templetes, amagos de geisha, comidas no-pensadas, barrios con mucha luz y poca acera, centros comerciales tecnológicos y frikis, jardines zen, sociedad zen, y helado de té verde.
A sus pies

jueves, 16 de julio de 2009

Desayuno de delirios políticos I

Existen muchos interrogantes sin respuesta cabal sobre el penoso arte de la política. El más evidente y actual tiene que ver con el marketing electoral. Cualquier humano un día cualquiera se ha preguntado por qué el meollo de la política se ha de basar en unas elecciones, y por qué como residuo de esfuerzos, queda aplicar proyectos para un país, que con sentido común todos estarían de acuerdo en aplicar. Por qué las altas esferas de la política son arietes publicitarios que se desgastan por una imagen, y las bases - de secretarios generales a administrativos - resultan ser las galeras y salas de máquinas que acaban levantando administrativamente un país.

Otra incógnita es la cuestión de los apelativos. El derecha-izquierda hispano, es muy maniqueo, bipolar, siguiendo la tradición literal y católica española. El republicano-demócrata estadounidense tiene una raíz más anecdótica y menos trascendente, y los términos liberal, socialdemócrata, pese a expresar bien poco, no son la antesala de una crispación maniquea, que parece ser llevada de fábrica.

Otra posible pregunta es por qué existe la derecha, que en su versión más cañí fue formulada por el alcalde de Getafe: "¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?", con esa aliteración presente y un estilo directo becqueriano.



Derecha e izquierda son tendencias con su dosis de delirio. La derecha debería alinearse con la verdad biológica, la que acepta el dictado de la naturaleza en términos de herencia, status, destino, según la ley del más válido, y con esas premisas crear una convivencia resultante. Sin embargo, se engorda narcisistamente metiendo ahí lo más fuerte y potente posible, mete a Dios, se encamina hacia la perfección, se carga las verdades biológicas y sigue el modelo de un mundo divino y eclesial, algo incoherente y bastardo, ideológicamente.
La izquierda parte de un laicismo, a veces materialismo, que sí pintaría de derechas, pero digamos que no apuestan por un Dios. La piedra base de su bastión es la idea de justicia. Un axioma más emocional que intelectual, pues nadie ni nada apunta según las premisas, que ése tenga que ser el devenir de la sociedad. Marx era un materialista que clamaba por la justicia - no es una adivinanza ni una frase absurda, es la incongruencia de la izquierda, intelectual que no factual. En la izquierda hay un voluntarismo, un élan que se dirige a la igualdad y la justicia. En muchos casos nace de una vivencia clara de la desigualdad (proletarios), en otros de un agradecimiento por la bola de la vida.
En la derecha muchas veces se inspira un deseo de no perder un status amenazante (que sin medidas, una falta de sesera lo conllevaría), y se expira posteriormente una piedad katólica que remede esa culpabilidad y crueldad de pisar un poco a los demás.

Pues al igual que monarquías y aristocracias son cosas del pasado, de cuentos, subvenciones y leyendas, algo que fue el estandarte de la ideología de derechas... ahora que sólo quedan pegatinas y no escudos gloriosos, no se tendría que descartar que la derecha acabara pereciendo en otros siglos. Que al menos en España se evolucionara a una vertiente con valores conservadores y tradicionales, no sé... que quizás bebiese de valores... gallardonistas? y que muriese una vehemencia a veces alcista a veces omnicrispacional a veces escondeatentados, sin tanto sentir amenazas a perder un status quo monárquico o aristocrático. (Continuará...)

martes, 7 de julio de 2009

El brío muere a los 28

Estudiar medicina a los 35 años es algo que prácticamente nadie hace, entre otras cosas porque planteárselo tiene algo de faraónico. Ocurre con todos los planteamientos que intentan acometer conductas de otros tiempos. Y es que hay un paralelismo con las plantas, con el timing de ser tallo primero, luego hojas y flores después.
Pero en los humanos el guión tiene mucho que ver con el brío. En la adolescencia hay una benévola impulsividad, una imprudencia de los tiempos que no entiende de perezas a la hora de cosas como cambiar el hipotético mundo. Es la fase heroica de la vida, donde llueven planes y tortas a pares. Eres tallo y como tal eres brío.
Parece que cuando te vas formando hoja, tus superpoderes ahora son diferentes. Te vuelves selectivo en horizontes, lento y meditado en proyectos faraónicos, atado por contratos firmados que antes no eran de papel. El brío, se ha secado.
Tu vida sigue en juego, pero ahora tocaría desandar caminos, antes era inagurarlos e irte, ahora primero hay que especular sobre un coste, el de darle al Supr un buen rato y empezar de cero con el brío ya gastado. Aparte de estar más gordos, nuestros movimientos pesan más. El tallo ya parece hecho y robusto.
Y también es tiempo de estas diatribas en el muro de las lamentaciones de lo ido. En la adolescencia a lo sumo escribíamos sonriendo sobre la feliz infancia. Pasados ritos iniciáticos, pecados originales, y burdas facultades, crecer empezó a doler. Y luego lo de ahora, que lo difícil no es abrirse camino sino mantenerse y blablabla, esperemos que nuestro tercer disco sea bueno.
Esperemos que el paso de hoja a capullo en flor sea como en los vegetales lo más llamativo, y que todo este bregar tenga un sentido con la fase frutos.
Y después a fenecer se ha dicho!

La noticia deportiva del día



Sin duda, la noticia deportiva de estos días gira en torno a Wilfredo León. Actualidad que tiene poco de circo y mucho de excelencia deportiva. Él es un enano, un niño de 15 años, que ya juega con la selección absoluta cubana y además lo hace de forma destacada, siendo entre otras cosas, el mejor sacador de la Liga Mundial.

Tiene 9 años menos que CR9- el producto-, y probablemente siendo aún menor de edad ya se convierta en el mejor jugador mundial de su deporte. En cuanto excelencia deportiva puede ser un Maradon... stop, hasta el bagaje del lenguaje está viciado de comparaciones arbitrarias.
Decía, que como Michael Phelps, la excelencia deportiva de Wilfredo llegará a cotas que CR9- la máquina dispensadora de camisetas- nunca podrá alcanzar y se quedará en una franja de destacados segundones detrás de Amstronges, Jordans, Tigers y Leones.

Lo de ayer y el florentinismo recuerda mucho al circo y a la publicidad de las inmobiliarias [...] En Estados Unidos el soccer no entra ni con calzador [...] Aquí lo de panem et circenses rezuma verdad. Wilfredo, nadadores y gimnastas entrenan cinco veces más al día que Ronnie, Messi y compañía. Cierto es que soportan mucha más presión, y poco tienen de amateurs. Pero la lluvia de millones compensa esa desventaja con los albañiles del deporte.

Al fin y al cabo el deporte puede ser un bello espéctaculo, una efímera obra de arte forjada artesanamente en cada entreno y puesta a prueba el día de su ejecución, en un continuo florecer de talento en medio de la déspota exigencia del marcador.
La mayoría de veces para la masa, para aquel mileurista pseudodemente o autoesclavo, que alaba al icono billonario chutabalones, juguete del constructor hispano de turno, y así vive la mentira de su vida, a base de chutarse fútbol e hipoteca en vena... el deporte no es más que eso, un atrincherarse bajo unos colores y sentirse parte de algo grande (circo) por una vez en la vida, un irracional fanatismo que no entiende de excelencia, ni de justicia; una vía de escape a una vida más que mediocre, con algo que combine con el alcohol y las bravuconadas; un borreguismo de rebaño y mundos deportivos, una moda sociológica como antes la religión y las catedrales; un bombo mediático como el de ayer de payasos con el jefe de pista... una forma subnormal en fin, de dilapidar dinero unos y otros, sin que el ministerio de medio ambiente, el que debe intervenir, implemente medidas ecológicas para salvar el planeta azul.