jueves, 20 de octubre de 2011

a. Pues estoy contento en imaginarme por primera vez que mi despacho de un tercer piso entre bosques, es mi alcoba de castillo donde cocino vapores e ideas a lo alquimista. Mimetizar esta habitación como la torre de un castillo donde miro amablemente a este mundo militarizado a su manera. Mi atalaya, mi estudio de estrategia lírico-militar escrita.

b. Cambiar el mundo. En las escuelas se tendría que advertir allá a los 10 años: "de aquí unos 7-8 años empezaréis a sentir en vuestro soma/cabeza, unos impulsos determinados a querer cambiar el mundo, el cual os parecerá desagradable cómo está montado y funciona, y vuestra infinita estamina adolescente de sansones, os engañará creyendo que podéis doblegar los efectos de 7 mil millones de individuos enredados equivalentes a vosotros mismos". Puede ser que los colegiales, al notar los efectos, se dijesen entre sí: -ah mira, el baile de san vito revolucionario ése ya me viene como la pubertad vino -, y lo tratasen más como una alteración heredada, que como la vivencia y entrega más auténtica posible. Porque tras 10 años con miles de toques, pueden ser que se den cuenta de la impotencia de querer desaparcar un coche con medio milímetro en cada frente de margen para maniobrar.

c. Eso sí. No acelerar el cambio de este mundo cuando la ocasión es franca y cuesta abajo, romper la virginidad en flor al fatalismo cuando por fin algo brilla entre lo gris, sería de m.e.m.o.s. El mundo no lo podemos cambiar, pero siempre dejaremos lo que tengamos entre manos, para ir a la estación a verlo pasar cuando de repente ha mutado a mejor

Dioses postmodernos I


Los griegos tenían su panteón de dioses helenos, varios, y perfectamente identificados. El cristianismo ha dejado igualmente un icono de dos mil años de alto, con nombre, cara y ojos. En nuestros tiempos, donde la postmodernidad ya ha fallecido, y el pensamiento económico eclipsa y monopoliza otros discursos, no hay rastro de teología ni dioses.

Y los hay. Hoy en día, un dios es una fuerza abultada de la realidad que no existe porque no ha sido nombrada. Y se debe elevar a la categoría de dios para considerarla de una vez, si se quiere rebajar su errática fuerza.
La desidia, la inercia, es un Dios en nuestro tiempo. Un ente indefinido que se acumula en procesos, interrelaciones, y burocracia, algo tan de nuestros tiempos también. Un ente incontrolable, intersticial, sin rostros, que nos condiciona y altera, al que sólo podemos tener en cuenta en un altar obligado del tiempo.
La inercia, y la desidia, de los otros, de instituciones.... metida en todos los procesos largos que hacemos, nos tiene que volver supersticiosos, porque es un batido de la racionalidad grumoso el que fracasa ante nuestras exigencias de solidez de miras.
Lanzar una moneda, rezar, encender una vela a la inercia, es casi lo mejor que podemos hacer. Y con sentido del humor e inteligencia, verbalizar que la desidia diluida en las cosas es un Dios, implacable, pero finito y volteable por su propia naturaleza.

El sorbete cosmético planetario

Tengo el blog más dejado que el parque de atracciones aquél de Chernobyl.
En el aire de ese parque no flota ningún gramo de estética. Es una estampa desolada, donde reside la soledad y sólo ella se monta a las atracciones y silba entre los matojos que intentan borrar la imagen. Uno de los pocos rincones donde no opera la cosmética. Porque el ser humano es un ser cosmético. En cualquier calle donde no haya aceacido un desastre nuclear, todos jugamos a lo bonito.

Tiendas con contabilidad perentoria que dan la impresión de comercios brillantes y consolidados, pese a que les queden dos días de apertura y existencia; paseantes mudados y esbeltos, sin atisbo de pesares, aunque la procesión vaya por dentro desfilando hacia casa, donde el polvorín seguirá desgastando y desestabilizando hasta dios sabe qué cuneta; calles y arquitectura de burbuja inmobiliaria, condenada a ser degradada y volverse deprimente a los ojos, como en un pueblo, país, continente, bananero.

Tendemos a mostrar una corteza bonita y estable, como un bastón al que asirse, un caparazón inmediato en el que subirse mientras tanto. Nadie se imagina unas calles con gente descuidada, tiendas feuchas pero con óptimo producto y cuentas que no jadean, calles de esas estadounidenses cuarenta años iguales pero cuarenta años resistentes y vigentes. Lo moderno, lo cosmético, cabalga por inercia temporada tras temporada, en un equilibrio poco sostenible.

Al final, cualquier calle de este país es un gran decorado de muñecos que aparenta ser bonito y resistente. Dentro, parejas en crisis, comercios con el agua al cuello, alcaldes perdidos, y niños ricos ignorando un destino mucho más austero, siguen jugando a la canción del verano, mientras el tiempo ronco, carraspea advertencias poco audibles para los ingredientes del sorbete cosmético planetario.

domingo, 7 de agosto de 2011

Señorías

Pienso en un padre de familia de clase acomodada, que reside en barrio alto, casa con seto, caballo en el polo impoluto, lavando su coche y con cita en misa dentro de tres horas en una mañana de otoño.

Sus mocasines marcan su paso, la corrección siempre flota en la atmósfera, los brindis son siempre entre amigos con cargo.

Hablemos ahora de la honorabilidad, de la singularidad, y de la identidad.

Todos sus atuendos se mueven en una honorabilidad, son ropajes de excelencia. La casa, la choza, justifica en distancias cortas y medias un sentimiento de pertenencia sólo mirarla. El corte de pelo de los niños también es una garantía tribal, como lo es el hecho de estar rodeado por iguales, de mismas costumbres, conservadoras.

Eso es lo que pasa, impera el instinto de conservación. Si nos enquistamos, que sea de ricos. Repitamos, subrayemos, nuestra identidad. Ser pijo es redundancia. Y todo instinto se activa por un miedo atmosférico.

En el fondo, que este pesebre, este decorado de caballos de polo y adosados con mármol, sea lo más eterno posible. Y lo impoluto es lo más cercano a la eternidad del momento, al carpe diem del conservador.

Conservemos este status con el empeño de un taxidermista, que se paralice esta riqueza, este trono y esta corte, y quede inmortalizada como en un cuadro viviente. Dios mediante, claro.

domingo, 10 de julio de 2011

Pib Pib Pib

Como un humo de tabaco negro las veleidades del mundo nos manchan la personalidad. Parte de lo tóxico de tanto mecanicismo penetra en nosotros para no irse. Cada vez somos peores personas porque cada vez vivimos más este mundo imperfecto que se va a dormir tantas veces mediocre. Vivir es llevar bien una decadencia paulatina.

La poesía era aquello que hoy provoca sonreir nostálgicamente sobre un pasado ingenuo y provisional, sobre una actitud soñadora que hoy es carísima y tapiada sin querer queriendo.
Quién mueve el mundo?? El mundo se mueve solo, desde dentro. 
Pero este mundo lo mueve el progreso, hoy es el icono aspirado, que siempre está detrás, y que se deslizó como verdad ulterior. Y el tipo de progreso económico se ha impuesto y se ha sumado a su propia y gran vertiente comunicadora. El progreso económico con todo lo que tiene de números, ruletas, cuentas de la lechera, cuádrigas al extremo por expectativas premarcadas, numeralismo al fin y al cabo que cuantifica y nada quiere restar.

Y la fuente brota tecnología, innovación, redundancia y países emergentes de cuajo. Aunque todos ya sabemos que se puede vivir con menos, se puede vivir más lento y el estrés también se come.
Pero quién pone los carteles de sigan pedaleando cada tarde? A quién estamos siguiendo? Quién marca el ritmo??

Post macedonio

Veo una hormigonera repleta de polvo, fajos de palabras plastificados sin abrir; visito, las obras abandonadas de este blog, pasto de un lejano oeste.

La televisión escupe programas en griego, estoy en las remotas penínsulas de Halkidiki, Macedonia. Siempre me atrajo la Grecia profunda, un viaje a la izquierda y atrás de nuestro centro geométrico.
Como soy muy exigente, volveré de nuevo por quinta vez a Grecia para encontrar a la grecia profunda antes que se acabe y yo no la encuentre.
Puede ser también que llegue a viejo antes y esta golondrina se vaya ligera por unos lustros de vida despistados.
 Dicen por ahí que este mundo se creó en un despiste de Dios mientras preparaba el bueno.

Hace poco estuve en la taberna con solera El Pimpi de Málaga. En este mundo los lugares mueren siempre muy pronto, los añejos son una especie en extinción que es patrimonio y se va por una cañería de la nada urbana,

Las iglesias son "los lugares que nunca cambian", cientos de años inmutables, sin apenas un cambio decorativo ni de nada.
La religión hoy en día tendría sentido si fuéramos a esos lugares de siempre y honrásemos a todos nuestros antepasados que nos han legado el mundo. Si tomáramos conciencia de todo lo levantado por ellos y heredado por nosotros. Puede que el sentido último de este gran despiste resida en lo heredado, agradecido y luego legado a los descendientes.

Las iglesias de Grecia son íntimas y oscuras. El país es la gastada suela de Europa, quebrándose por una grieta que ya existía.
Un tsunami se acerca a EEUU y por ende al mundo por una deuda terminal irreversible. Diez millones de francotiradores despistados apuntan a Grecia mientras Kennedy podría llegar a resucitar sin ninguna cámara de por medio

viernes, 27 de mayo de 2011

Reflexiones en Plaza Catalunya ocupada

Salgo del trabajo en Paseo de Gracia, me apetece pasear.
Y me topo con la Plaza de Catalunya ocupada. Los indignados siguen en la mecha.

Y me pregunto, no tendría que estar esta plaza y muchos centros de ciudad del mundo, crónicamente ocupados? La indignación no tendría que ser constante? No sería ésta la única forma de torcer algo? De los ciudadanos a los turistas, todos se toparían con ello. Las palomas de San Marco, las de Barcelona, dejarían su vacío anecdótico. Los plenos centros de las capitales estarían ocupados, simbólicamente invadidos, descentrados.

La espumilla de algo que parece nunca existió, esos 60, se oye de fondo, puede ser que la catatonia activista de tanta década dormida se materialice de golpe varios meses? Llegará a tanto? Vendremos todos a darnos unas cuantas leches mientras se desaloja? Las redes sociales serán un inédito ejército paralelo? El movimiento ira creciendo en sim-patía con los indignados no practicantes? Molará plantarle cara al sistema? Será un quijotismo pues el Sistema es entelequia?

Por aquí uno recuerda mucho la vida de Bryan, es así. Hay mucha asamblea, mucha comisión, mucho para-sermón. A la infantería tendría que llegarle la caballería, y luego la artillería. Sabina tal vez diría: bueno, ahora que los ruidosos han prendido la mecha, que vengan los buenos.

Y este nido asambleario habrá de entenderse, porque cambiando el mundo también se puede acabar a hostias.

Pero de momento, hay que felicitarles por sus cojoncetes. Se han plantado aquí, llevan bastantes días, han escogido buen sitio, y renuncian a parte de sus quehaceres por esta batalla.

Es fácil notar en Indignados City cuando llevas tiempo, que falta sentido del humor. Se puede estar Indignado (gran poiesis), pero con la mano izquierda del sentido del humor y la madurez de las cornadas previas. Si solo de veinteañeros se nutre el frente, apuesto un trillón de maravedís a que esto no llega ni a Cuenca.

Y que no se iluminen demasiado, que pone mucho sentirse torero del cambio del mundo, y la soflama se vuelve religión y credo. A los bancos hay que saberlos bailar, empaparse de economía, y no tirarlos con guijarros a sus lunas, tirarlos de otras formas más hijoputiles y técnicas.

Auu, suerte!!

martes, 17 de mayo de 2011

Libros a los penalties

Cuando se adquiere un libro, se le respeta, uno lo trata como una bola de plastilina casi acabada, se le otea el índice, se leen las introducciones, las primeras notas de página... Incluso si no entusiasma, se da un salto de mata y nos apilamos al capítulo aquel en el que intuímos estaba lo bueno.
Y si ni eso, se le abandona, se le deja tirado, se le olvida, es una anécdota en la historia de las apuestas de uno.
Tras varios años, se puede topar con él al sacarlo de ajuste en la pata de una mesa, o recogerlo de tu cementerio-estantería de libros, y allí es violado, el índice se traspasa sin más, las introducciones son vilipendiadas, se le coge por la página menos pensada, ahí haciendo de vientre, un párrafo a boleo y váyase a merendar la estructura de la obra en la cabeza del autor.
Y así, más de un libro ha resucitado, ha vuelto a hacer de libro, y no de contrafuerte, sin saber para nada su autor de qué forma violaron su autoría ni lo útiles que fueron sus noches de desvelo para una mesa del Ikea.

viernes, 6 de mayo de 2011

Nueva condisión humana: el Single / (versión unh.)

Salir del armario II.
Protagonizada por una nueva especie reconocida, el single.

Un chico (hombre?) en los 40,
salón-comedor de la casa familiar donde vivió hasta los 33.
La madre trae torrijas de postre,
y el chico se levanta y confiesa:
- Papá, mamá, soy Single.

Llega un momento de la vida, cuando un individuo mira para atrás y ve: el reguero de las relaciones podadas; mira a los lados y nota: la pizza en el sofá una botella de cerveza del martes y la tele en su décima hora encendida; y mira hacia adelante: para ver la pereza de la vida en pareja, su incomodidad, y que rasca como su ropa mal lavada...
Se da cuenta que su estado natural es la soltería, que no es otra cosa que estar suelto. De hecho, debería existir la palabra des-soltero. Existe desemparejarse, como si el centro de gravedad estuviese en el destino-pareja, y alejarse fuera ir a la periferia.
Pues sí, la soltería como hábito profesional, todavía es un modo de vida periférico.
Pero que va ganando terreno.
Cada vez hay más clubs de singles, porque claro, el single solo se seca.
Sólo en la historia de los singles hay pocos grandes casos de triunfadores felices y héroes para el resto de la humanidad. El single a veces es una ratilla pobre y titubeante que tirita en la intemperie y el frío. Pero háylos que nacieron con modificaciones adaptativas como las ardillas voladoras, y se adaptan a ese medio árido y de atmósfera peculiar que es la soledad.
La soledad para la mayoría de los mortales es una trampa del destino. Como en el ártico, ellos de la ausencia hacen virtud y viven en ese medio extremo.
Gente que claro, vive a sus anchas, con espacio, hiper espacio.
(A no ser que alguien les hubiera hecho una soldadura en ese lugar del cerebro donde enchega el agobio).

[[Gente por otro flanco, que particulariza una rebelión al viento genético de importante magnitud. (Observen, que la evolución a secas no existe, pero sí la deriva genética// ¿que nos quieren hacer creer que el ser humano es un pico y no un valle de la evolución, jeeeee je? (seguro que vosotros al leerlo os ha pinchado un poquitín el orgullo de homo sapiens sapiens que tenéis...)]]

Y en fin, me voy a tomar un café que no quiero perder er tiempo escribiendo.

Compro plata

Me entero por un foro de economía que existe una comunidad de individuos que llevan acumulando monedas y monedas de plata desde hace años, y parte de ellos las tienen escondidas en casa bajo baldosas, o en escondites más o menos tecnológicos. A este grupo de gente se les descubre porque utilizan el vocablo "fiat" para denominar el dinero en papel. Están convencidos que el sistema petará, ellos son, la "malos augurios society".

Siempre he sido partidario de no esfumar el luto de nuestra especie, de recordar que existirá y no creernos eternos por defecto. Eso no coincide con el sentimiento apocalíptico de la vida, que un rebaño de la sociedad promulga. Es una manera de ser anti-sistema de corbata y sofá. Se acompaña al mastodonte-mundo cuando se acerca al borde de un precipicio, siempre desencajado y con pánico, y se proyecta súbitamente su caída al vacío de los tiempos, de forma irreversible. Se "apuesta" por un ko sin paliativos, no se va a poder levantar, va a morir.
Éstos no se limitan a hostiar al mundo, quemar containers y romper vidrieras. Bastantes pasos más allá que los salvajes, alinean una estrategia con su sentimiento apocalíptico. Compran monedas de plata y realizan inversiones para cuando se produzca la siguiente gran estampida.

Después ni todo es negro ni todo es progreso, y no se termina el mundo pero los claros síntomas se desarrollan tarde o temprano en algo crítico. En la economía parece que la enfermedad se identifica con meses/años de antelación, y se pasa a una sala de espera sin muebles y sola, se cierran las dos puertas a la entrada y la consulta por tiempo, y luego: hombre! si teníamos un déficit galopante sentado y sin revistas!, pase usted y siéntese mientras evito que más gente se me tire por la ventana.

Y el marcador electrónico, que es eso llamado bolsa, siempre que sube lo hace en segunda marcha, constante y aburrida. Y siempre que baja lo hace en quinta marcha, como en un vodevil trascendental.

El sentimiento optimista o el sentimiento apocalíptico de la vida, los felices y los que lo quieren ser, uno de los dos llevará el gorro.
En el cercano horizonte ya ha subido el globo del momento (http://www.usdebtclock.org/), la deuda de los Estados Unidos de América ya ha entrado a la sala de espera de los problemas gordos del mundo. El destino le ha puesto su circulito rojo. Ahora toca que suene la fanfarria y ruido del mundo, que se mire a otro lado como buen quehacer del ser humano un tiempo, ya que tragar saliva a gran escala sí que resulta apocalíptico. La deuda, para adentro, fabula que su hijo el dólar ha pasado la polio y por eso siempre irá con muletas. El dólar se caga en las subprime, en la deuda soberana europea, y en la lluvia de palos que representan los años 10 en la historia mundial. - ¿Una crisis como la de 1929? - masculla. - ¿Ahora? ¿Cuando en la palma de mi mano ya tengo un gadget que controla medio mundo? - mira a George Washington y no se lo cree.
Duante décadas él había sido el valor refugio en tiempos de crisis mejores. Ahora lo son hasta esos dientes de oro que llevan los cubanos en su boca.

En los mentideros de la economía, los elevados congresos y los callejones foreros, hay graznidos antagónicos y de todas las escalas. Esto de la economía, en el 2011, se nos escapa a todos. Varios cubos de Rubik se quedan cortos para aprehender la complejidad de todo el meollo de la economía mundial. Todos jugamos a ser presidentes del Banco Central, pero el desenlace final va a acabar sorprendiendo a todos, como las subprime acabaron sorprendiendo al propio presidente de la Reserva Federal, los propios presidentes de todos los Estados mundiales, y los propios CEOs de los mayores bancos mundiales. El esquema deuda USAna + colapso del dólar + hiperinflación + China pase usted, significaría remover tanto el mundo y ponerlo tan patas arriba, como para que la torpeza no tuviera margen de cabida y no rematara al berraco.

Mientras tanto, en los talleres de Oriente se sigue cosiendo y ensamblando, y las preclaras mentes que han emigrado a EEUU siguen innovando. El taller del mundo sigue tejiendo a diario a pesar de los sangrantes titulares de los rotativos. Ese es el mayor argumento para los optimistas, el espíritu hormiga de la cotidianiedad es el único adversario que puede derrotar a los monstruos de los grandes tiempos.