Salgo del trabajo en Paseo de Gracia, me apetece pasear.
Y me topo con la Plaza de Catalunya ocupada. Los indignados siguen en la mecha.
Y me pregunto, no tendría que estar esta plaza y muchos centros de ciudad del mundo, crónicamente ocupados? La indignación no tendría que ser constante? No sería ésta la única forma de torcer algo? De los ciudadanos a los turistas, todos se toparían con ello. Las palomas de San Marco, las de Barcelona, dejarían su vacío anecdótico. Los plenos centros de las capitales estarían ocupados, simbólicamente invadidos, descentrados.
La espumilla de algo que parece nunca existió, esos 60, se oye de fondo, puede ser que la catatonia activista de tanta década dormida se materialice de golpe varios meses? Llegará a tanto? Vendremos todos a darnos unas cuantas leches mientras se desaloja? Las redes sociales serán un inédito ejército paralelo? El movimiento ira creciendo en sim-patía con los indignados no practicantes? Molará plantarle cara al sistema? Será un quijotismo pues el Sistema es entelequia?
Por aquí uno recuerda mucho la vida de Bryan, es así. Hay mucha asamblea, mucha comisión, mucho para-sermón. A la infantería tendría que llegarle la caballería, y luego la artillería. Sabina tal vez diría: bueno, ahora que los ruidosos han prendido la mecha, que vengan los buenos.
Y este nido asambleario habrá de entenderse, porque cambiando el mundo también se puede acabar a hostias.
Pero de momento, hay que felicitarles por sus cojoncetes. Se han plantado aquí, llevan bastantes días, han escogido buen sitio, y renuncian a parte de sus quehaceres por esta batalla.
Es fácil notar en Indignados City cuando llevas tiempo, que falta sentido del humor. Se puede estar Indignado (gran poiesis), pero con la mano izquierda del sentido del humor y la madurez de las cornadas previas. Si solo de veinteañeros se nutre el frente, apuesto un trillón de maravedís a que esto no llega ni a Cuenca.
Y que no se iluminen demasiado, que pone mucho sentirse torero del cambio del mundo, y la soflama se vuelve religión y credo. A los bancos hay que saberlos bailar, empaparse de economía, y no tirarlos con guijarros a sus lunas, tirarlos de otras formas más hijoputiles y técnicas.
Auu, suerte!!
viernes, 27 de mayo de 2011
martes, 17 de mayo de 2011
Libros a los penalties
Cuando se adquiere un libro, se le respeta, uno lo trata como una bola de plastilina casi acabada, se le otea el índice, se leen las introducciones, las primeras notas de página... Incluso si no entusiasma, se da un salto de mata y nos apilamos al capítulo aquel en el que intuímos estaba lo bueno.
Y si ni eso, se le abandona, se le deja tirado, se le olvida, es una anécdota en la historia de las apuestas de uno.
Tras varios años, se puede topar con él al sacarlo de ajuste en la pata de una mesa, o recogerlo de tu cementerio-estantería de libros, y allí es violado, el índice se traspasa sin más, las introducciones son vilipendiadas, se le coge por la página menos pensada, ahí haciendo de vientre, un párrafo a boleo y váyase a merendar la estructura de la obra en la cabeza del autor.
Y así, más de un libro ha resucitado, ha vuelto a hacer de libro, y no de contrafuerte, sin saber para nada su autor de qué forma violaron su autoría ni lo útiles que fueron sus noches de desvelo para una mesa del Ikea.
Y si ni eso, se le abandona, se le deja tirado, se le olvida, es una anécdota en la historia de las apuestas de uno.
Tras varios años, se puede topar con él al sacarlo de ajuste en la pata de una mesa, o recogerlo de tu cementerio-estantería de libros, y allí es violado, el índice se traspasa sin más, las introducciones son vilipendiadas, se le coge por la página menos pensada, ahí haciendo de vientre, un párrafo a boleo y váyase a merendar la estructura de la obra en la cabeza del autor.
Y así, más de un libro ha resucitado, ha vuelto a hacer de libro, y no de contrafuerte, sin saber para nada su autor de qué forma violaron su autoría ni lo útiles que fueron sus noches de desvelo para una mesa del Ikea.
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arar el lenguaje,
Escribir
viernes, 6 de mayo de 2011
Nueva condisión humana: el Single / (versión unh.)
Salir del armario II.
Protagonizada por una nueva especie reconocida, el single.
Un chico (hombre?) en los 40,
salón-comedor de la casa familiar donde vivió hasta los 33.
La madre trae torrijas de postre,
y el chico se levanta y confiesa:
- Papá, mamá, soy Single.
Llega un momento de la vida, cuando un individuo mira para atrás y ve: el reguero de las relaciones podadas; mira a los lados y nota: la pizza en el sofá una botella de cerveza del martes y la tele en su décima hora encendida; y mira hacia adelante: para ver la pereza de la vida en pareja, su incomodidad, y que rasca como su ropa mal lavada...
Se da cuenta que su estado natural es la soltería, que no es otra cosa que estar suelto. De hecho, debería existir la palabra des-soltero. Existe desemparejarse, como si el centro de gravedad estuviese en el destino-pareja, y alejarse fuera ir a la periferia.
Pues sí, la soltería como hábito profesional, todavía es un modo de vida periférico.
Pero que va ganando terreno.
Cada vez hay más clubs de singles, porque claro, el single solo se seca.
Sólo en la historia de los singles hay pocos grandes casos de triunfadores felices y héroes para el resto de la humanidad. El single a veces es una ratilla pobre y titubeante que tirita en la intemperie y el frío. Pero háylos que nacieron con modificaciones adaptativas como las ardillas voladoras, y se adaptan a ese medio árido y de atmósfera peculiar que es la soledad.
La soledad para la mayoría de los mortales es una trampa del destino. Como en el ártico, ellos de la ausencia hacen virtud y viven en ese medio extremo.
Gente que claro, vive a sus anchas, con espacio, hiper espacio.
(A no ser que alguien les hubiera hecho una soldadura en ese lugar del cerebro donde enchega el agobio).
[[Gente por otro flanco, que particulariza una rebelión al viento genético de importante magnitud. (Observen, que la evolución a secas no existe, pero sí la deriva genética// ¿que nos quieren hacer creer que el ser humano es un pico y no un valle de la evolución, jeeeee je? (seguro que vosotros al leerlo os ha pinchado un poquitín el orgullo de homo sapiens sapiens que tenéis...)]]
Y en fin, me voy a tomar un café que no quiero perder er tiempo escribiendo.
Protagonizada por una nueva especie reconocida, el single.
Un chico (hombre?) en los 40,
salón-comedor de la casa familiar donde vivió hasta los 33.
La madre trae torrijas de postre,
y el chico se levanta y confiesa:
- Papá, mamá, soy Single.
Llega un momento de la vida, cuando un individuo mira para atrás y ve: el reguero de las relaciones podadas; mira a los lados y nota: la pizza en el sofá una botella de cerveza del martes y la tele en su décima hora encendida; y mira hacia adelante: para ver la pereza de la vida en pareja, su incomodidad, y que rasca como su ropa mal lavada...
Se da cuenta que su estado natural es la soltería, que no es otra cosa que estar suelto. De hecho, debería existir la palabra des-soltero. Existe desemparejarse, como si el centro de gravedad estuviese en el destino-pareja, y alejarse fuera ir a la periferia.
Pues sí, la soltería como hábito profesional, todavía es un modo de vida periférico.
Pero que va ganando terreno.
Cada vez hay más clubs de singles, porque claro, el single solo se seca.
Sólo en la historia de los singles hay pocos grandes casos de triunfadores felices y héroes para el resto de la humanidad. El single a veces es una ratilla pobre y titubeante que tirita en la intemperie y el frío. Pero háylos que nacieron con modificaciones adaptativas como las ardillas voladoras, y se adaptan a ese medio árido y de atmósfera peculiar que es la soledad.
La soledad para la mayoría de los mortales es una trampa del destino. Como en el ártico, ellos de la ausencia hacen virtud y viven en ese medio extremo.
Gente que claro, vive a sus anchas, con espacio, hiper espacio.
(A no ser que alguien les hubiera hecho una soldadura en ese lugar del cerebro donde enchega el agobio).
[[Gente por otro flanco, que particulariza una rebelión al viento genético de importante magnitud. (Observen, que la evolución a secas no existe, pero sí la deriva genética// ¿que nos quieren hacer creer que el ser humano es un pico y no un valle de la evolución, jeeeee je? (seguro que vosotros al leerlo os ha pinchado un poquitín el orgullo de homo sapiens sapiens que tenéis...)]]
Y en fin, me voy a tomar un café que no quiero perder er tiempo escribiendo.
Compro plata
Me entero por un foro de economía que existe una comunidad de individuos que llevan acumulando monedas y monedas de plata desde hace años, y parte de ellos las tienen escondidas en casa bajo baldosas, o en escondites más o menos tecnológicos. A este grupo de gente se les descubre porque utilizan el vocablo "fiat" para denominar el dinero en papel. Están convencidos que el sistema petará, ellos son, la "malos augurios society".
Siempre he sido partidario de no esfumar el luto de nuestra especie, de recordar que existirá y no creernos eternos por defecto. Eso no coincide con el sentimiento apocalíptico de la vida, que un rebaño de la sociedad promulga. Es una manera de ser anti-sistema de corbata y sofá. Se acompaña al mastodonte-mundo cuando se acerca al borde de un precipicio, siempre desencajado y con pánico, y se proyecta súbitamente su caída al vacío de los tiempos, de forma irreversible. Se "apuesta" por un ko sin paliativos, no se va a poder levantar, va a morir.
Éstos no se limitan a hostiar al mundo, quemar containers y romper vidrieras. Bastantes pasos más allá que los salvajes, alinean una estrategia con su sentimiento apocalíptico. Compran monedas de plata y realizan inversiones para cuando se produzca la siguiente gran estampida.
Después ni todo es negro ni todo es progreso, y no se termina el mundo pero los claros síntomas se desarrollan tarde o temprano en algo crítico. En la economía parece que la enfermedad se identifica con meses/años de antelación, y se pasa a una sala de espera sin muebles y sola, se cierran las dos puertas a la entrada y la consulta por tiempo, y luego: hombre! si teníamos un déficit galopante sentado y sin revistas!, pase usted y siéntese mientras evito que más gente se me tire por la ventana.
Y el marcador electrónico, que es eso llamado bolsa, siempre que sube lo hace en segunda marcha, constante y aburrida. Y siempre que baja lo hace en quinta marcha, como en un vodevil trascendental.
El sentimiento optimista o el sentimiento apocalíptico de la vida, los felices y los que lo quieren ser, uno de los dos llevará el gorro.
En el cercano horizonte ya ha subido el globo del momento (http://www.usdebtclock.org/), la deuda de los Estados Unidos de América ya ha entrado a la sala de espera de los problemas gordos del mundo. El destino le ha puesto su circulito rojo. Ahora toca que suene la fanfarria y ruido del mundo, que se mire a otro lado como buen quehacer del ser humano un tiempo, ya que tragar saliva a gran escala sí que resulta apocalíptico. La deuda, para adentro, fabula que su hijo el dólar ha pasado la polio y por eso siempre irá con muletas. El dólar se caga en las subprime, en la deuda soberana europea, y en la lluvia de palos que representan los años 10 en la historia mundial. - ¿Una crisis como la de 1929? - masculla. - ¿Ahora? ¿Cuando en la palma de mi mano ya tengo un gadget que controla medio mundo? - mira a George Washington y no se lo cree.
Duante décadas él había sido el valor refugio en tiempos de crisis mejores. Ahora lo son hasta esos dientes de oro que llevan los cubanos en su boca.
En los mentideros de la economía, los elevados congresos y los callejones foreros, hay graznidos antagónicos y de todas las escalas. Esto de la economía, en el 2011, se nos escapa a todos. Varios cubos de Rubik se quedan cortos para aprehender la complejidad de todo el meollo de la economía mundial. Todos jugamos a ser presidentes del Banco Central, pero el desenlace final va a acabar sorprendiendo a todos, como las subprime acabaron sorprendiendo al propio presidente de la Reserva Federal, los propios presidentes de todos los Estados mundiales, y los propios CEOs de los mayores bancos mundiales. El esquema deuda USAna + colapso del dólar + hiperinflación + China pase usted, significaría remover tanto el mundo y ponerlo tan patas arriba, como para que la torpeza no tuviera margen de cabida y no rematara al berraco.
Mientras tanto, en los talleres de Oriente se sigue cosiendo y ensamblando, y las preclaras mentes que han emigrado a EEUU siguen innovando. El taller del mundo sigue tejiendo a diario a pesar de los sangrantes titulares de los rotativos. Ese es el mayor argumento para los optimistas, el espíritu hormiga de la cotidianiedad es el único adversario que puede derrotar a los monstruos de los grandes tiempos.
Siempre he sido partidario de no esfumar el luto de nuestra especie, de recordar que existirá y no creernos eternos por defecto. Eso no coincide con el sentimiento apocalíptico de la vida, que un rebaño de la sociedad promulga. Es una manera de ser anti-sistema de corbata y sofá. Se acompaña al mastodonte-mundo cuando se acerca al borde de un precipicio, siempre desencajado y con pánico, y se proyecta súbitamente su caída al vacío de los tiempos, de forma irreversible. Se "apuesta" por un ko sin paliativos, no se va a poder levantar, va a morir.
Éstos no se limitan a hostiar al mundo, quemar containers y romper vidrieras. Bastantes pasos más allá que los salvajes, alinean una estrategia con su sentimiento apocalíptico. Compran monedas de plata y realizan inversiones para cuando se produzca la siguiente gran estampida.
Después ni todo es negro ni todo es progreso, y no se termina el mundo pero los claros síntomas se desarrollan tarde o temprano en algo crítico. En la economía parece que la enfermedad se identifica con meses/años de antelación, y se pasa a una sala de espera sin muebles y sola, se cierran las dos puertas a la entrada y la consulta por tiempo, y luego: hombre! si teníamos un déficit galopante sentado y sin revistas!, pase usted y siéntese mientras evito que más gente se me tire por la ventana.
Y el marcador electrónico, que es eso llamado bolsa, siempre que sube lo hace en segunda marcha, constante y aburrida. Y siempre que baja lo hace en quinta marcha, como en un vodevil trascendental.
El sentimiento optimista o el sentimiento apocalíptico de la vida, los felices y los que lo quieren ser, uno de los dos llevará el gorro.
En el cercano horizonte ya ha subido el globo del momento (http://www.usdebtclock.org/), la deuda de los Estados Unidos de América ya ha entrado a la sala de espera de los problemas gordos del mundo. El destino le ha puesto su circulito rojo. Ahora toca que suene la fanfarria y ruido del mundo, que se mire a otro lado como buen quehacer del ser humano un tiempo, ya que tragar saliva a gran escala sí que resulta apocalíptico. La deuda, para adentro, fabula que su hijo el dólar ha pasado la polio y por eso siempre irá con muletas. El dólar se caga en las subprime, en la deuda soberana europea, y en la lluvia de palos que representan los años 10 en la historia mundial. - ¿Una crisis como la de 1929? - masculla. - ¿Ahora? ¿Cuando en la palma de mi mano ya tengo un gadget que controla medio mundo? - mira a George Washington y no se lo cree.
Duante décadas él había sido el valor refugio en tiempos de crisis mejores. Ahora lo son hasta esos dientes de oro que llevan los cubanos en su boca.
En los mentideros de la economía, los elevados congresos y los callejones foreros, hay graznidos antagónicos y de todas las escalas. Esto de la economía, en el 2011, se nos escapa a todos. Varios cubos de Rubik se quedan cortos para aprehender la complejidad de todo el meollo de la economía mundial. Todos jugamos a ser presidentes del Banco Central, pero el desenlace final va a acabar sorprendiendo a todos, como las subprime acabaron sorprendiendo al propio presidente de la Reserva Federal, los propios presidentes de todos los Estados mundiales, y los propios CEOs de los mayores bancos mundiales. El esquema deuda USAna + colapso del dólar + hiperinflación + China pase usted, significaría remover tanto el mundo y ponerlo tan patas arriba, como para que la torpeza no tuviera margen de cabida y no rematara al berraco.
Mientras tanto, en los talleres de Oriente se sigue cosiendo y ensamblando, y las preclaras mentes que han emigrado a EEUU siguen innovando. El taller del mundo sigue tejiendo a diario a pesar de los sangrantes titulares de los rotativos. Ese es el mayor argumento para los optimistas, el espíritu hormiga de la cotidianiedad es el único adversario que puede derrotar a los monstruos de los grandes tiempos.
martes, 22 de marzo de 2011
Un día en la selva
Un dia, en una región de Zambia o Burundi, dentro de su selva, dos monos pre-humanos iban juntos a por comida. Uno de ellos tomó el camino de la derecha, y gruñió que ahora volvía. No sabía que nunca más volvería a ver a su colega, y que ese momento significaba una escisión filogenética entre los primates prehumanos orientales y los occidentales. La genética hizo el resto, y eslabón tras eslabón los descendientes de cada uno se fueran distanciando de su tataratío antepasado hasta casi no reconocerse.
Cosas de la India
La claxonización de la vida cotidiana en India se traspasa al mundo del peatón? Yes sir. El hombre indio no entiende la fila, la cola, no la aprehende, capta.
Puedes ponerte a la cola en una cafetería y aparecerá un indio que por sus huevos se planta oblicuamente y suda de la cola pidiendo él de golpe. Notarás que nunca habían sudado tanto de ti como en ese momento. Al indio se la suda el mundo, sólo le funciona el aquí y el ahora. Carpe animal.
Si se te cae un objeto a sus pies, me la suuda, como si ven llover.
Y es un país genuinamente burrocrático. Para una entrada en un chiringuito mal puesto en medio del bosque, te pedirán la edad, dirección y la talla de los calzones si hace falta. Con tickets super oficiales de 30 cm en todos lados, justo en el país de la anarquía callejera por antonomasia. Un poco bipolar pues.
Otro aspecto ahorrable, son las gárgaras estruendas previas a un escupitajo repentino al lado tuyo, más allá de lo desagradable. Y la sonoridad al lamer, engullir, eructar mientras se pace/come, també cal?
Aparte, parece que a mayor estatus más cacho cerdo se comporta uno, optando a ser el rey de la Selva.
Y si quieres algo difícil, desaprender un idioma, no hace falta que recurras a los vídeos de Gil y Gil (you say...). En India uno puede desaprender el inglés, recomiendo para ello guías locales y taxistas. Se cargan el inglés a machete, fonética, sintáctica y semánticamente. Uno frunce las orejas constantemente para entender las retahílas a lo metralladora con fonética de la casa, y se siente victorioso cuando pilla las frases, pensando a la vez: pero cómo coño ha hecho eso.
Puedes ponerte a la cola en una cafetería y aparecerá un indio que por sus huevos se planta oblicuamente y suda de la cola pidiendo él de golpe. Notarás que nunca habían sudado tanto de ti como en ese momento. Al indio se la suda el mundo, sólo le funciona el aquí y el ahora. Carpe animal.
Si se te cae un objeto a sus pies, me la suuda, como si ven llover.
Y es un país genuinamente burrocrático. Para una entrada en un chiringuito mal puesto en medio del bosque, te pedirán la edad, dirección y la talla de los calzones si hace falta. Con tickets super oficiales de 30 cm en todos lados, justo en el país de la anarquía callejera por antonomasia. Un poco bipolar pues.
Otro aspecto ahorrable, son las gárgaras estruendas previas a un escupitajo repentino al lado tuyo, más allá de lo desagradable. Y la sonoridad al lamer, engullir, eructar mientras se pace/come, també cal?
Aparte, parece que a mayor estatus más cacho cerdo se comporta uno, optando a ser el rey de la Selva.
Y si quieres algo difícil, desaprender un idioma, no hace falta que recurras a los vídeos de Gil y Gil (you say...). En India uno puede desaprender el inglés, recomiendo para ello guías locales y taxistas. Se cargan el inglés a machete, fonética, sintáctica y semánticamente. Uno frunce las orejas constantemente para entender las retahílas a lo metralladora con fonética de la casa, y se siente victorioso cuando pilla las frases, pensando a la vez: pero cómo coño ha hecho eso.
La mirada besando caracoles
Una de las cosas más chocantes que te topas en la India es la "mirada besando caracoles". A ver, de vez en cuando, al solicitar algo, la persona india en cuestión ejecuta la siguiente respuesta: pone ojos dulzones, se te queda mirando un segundo. Y seguido tambalea la cabeza bailándola hacia un lado y del otro, al final, se le ha puesto la boca como besando caracoles. Y ya.
En las guías dicen que es una forma de decir sí, y que el tambaleo es un dibujo del infinito. Ohhh. Yo sospecho que es una forma de decir si cuando se quiere decir no, o sea, una forma hipócrita y forzada de asentir. Al menos eso es lo que he notado. Una especie de reverencia facial anquilosada y cortesana.
Te quedas flipado, cuando de repente, pides la sal, y te hacen esa coreografía con la cabeza, y se van. Perdónn??
El tema de las especias es peliagudo en el país de las especias, donde crecen enredaderas de pimientas como nuestros olivos, cardamomo como nuestro trigo, y chilis como nuestros inocentes pimientos morrones. La comida pica, o pica de cojones, has de evitar la segunda opción. En un rebozado de verduras o pakkora, todas ellas opacas por la harina, me dio por comer una alargada y cilíndrica del tirón que me dejó con el culo torcido. Minutos después lloraba, bebía agua a lo cebú, y tenía la nariz más destapada que en un empastillamiento con Fisherman's Friends.
La comida, también entre claxones e igual de barata, no está nada mal. Los menús ofrecen decenas de posibilidades, que algún día entenderé, con mucho plato vegetariano, todo bien cocinado, y alguna delicia toppp (Mourinho's argot), como el pescado al ajillo o al gengibre, que superan por goleada las albondigas de chocos andaluzas.
El único inconveniente, las omnipresentes especias que dejan agujetas de picante en la boca, sea por picor, mentol o explosión. La boca pide regreso a la pródiga comida sin condimento barroco de vez en cuando.
En las guías dicen que es una forma de decir sí, y que el tambaleo es un dibujo del infinito. Ohhh. Yo sospecho que es una forma de decir si cuando se quiere decir no, o sea, una forma hipócrita y forzada de asentir. Al menos eso es lo que he notado. Una especie de reverencia facial anquilosada y cortesana.
Te quedas flipado, cuando de repente, pides la sal, y te hacen esa coreografía con la cabeza, y se van. Perdónn??
El tema de las especias es peliagudo en el país de las especias, donde crecen enredaderas de pimientas como nuestros olivos, cardamomo como nuestro trigo, y chilis como nuestros inocentes pimientos morrones. La comida pica, o pica de cojones, has de evitar la segunda opción. En un rebozado de verduras o pakkora, todas ellas opacas por la harina, me dio por comer una alargada y cilíndrica del tirón que me dejó con el culo torcido. Minutos después lloraba, bebía agua a lo cebú, y tenía la nariz más destapada que en un empastillamiento con Fisherman's Friends.
La comida, también entre claxones e igual de barata, no está nada mal. Los menús ofrecen decenas de posibilidades, que algún día entenderé, con mucho plato vegetariano, todo bien cocinado, y alguna delicia toppp (Mourinho's argot), como el pescado al ajillo o al gengibre, que superan por goleada las albondigas de chocos andaluzas.
El único inconveniente, las omnipresentes especias que dejan agujetas de picante en la boca, sea por picor, mentol o explosión. La boca pide regreso a la pródiga comida sin condimento barroco de vez en cuando.
sábado, 19 de marzo de 2011
Munnar
El trayecto desde la costa de Kochi al interior de Munnar es de unos 130 km y se tarda un mínimo de 4 horas. Las distancias en India engañan, ya que se debe contar con el festival de slaloms mientras se conduce. Y a menos que se quiera emular a Collin McRae, es mejor desistir en alquilar un coche para conducirlo solo.
Cuando falta una media hora para llegar a Munnar, empieza el espectáculo. Sencillamente, las plantaciones de té no son más que un jardín zen ampliado a donde puede llegar la vista. Y lo mediterráneo parece engullido en un agujero invisible del aire. Tener la vista tapizada por esa belleza exótica hace que merezca la pena cruzar el mundo. Las hojas de té resultan millones de gadgets diseñados para reflejar la luz y crear un verde vivo, que respira. Y es en la estación húmeda cuando la Tierra se vuelve fosforescente en este rincón del planeta, y el color parece tener su vida propia separada.
A más de 30 kilómetros a la redonda, todo son plantaciones de té. Puedes penetrar en una de ellas y dar un paseo entre las terrazas. También, puedes visitar alguna planta de procesamiento de té. Aquí, beben el masala tea - y donde leas masala leáse especies. Visitar y caminar por las plantaciones de té debería ser recomendado, en todas las religiones, colegios y propagandas, del mundo no-té.
Mi guía y conductor por la zona - llámalo sherpa- es Vincent Selva, que creo que ya no me abandonará en el viaje. Aparte de las omnipresentes plantaciones de té, te acercan entre otras cosas a montar en elefante; a la reserva natural de Chinnar, donde haces un trekking hasta una cascada y ves, si tienes suerte animales, que no fue mi caso; a jardines de flores y especias, donde te enseñan las plantas reales de donde salen todas las especias y ciertas medicinas ayurvédicas; a la zona montañosa de los Ghates occidentales, donde hay presas, lagos y puntos panorámicos; el citado museo del té; un masaje de medicina ayurveda, etc, etc.
Son programas completos de un día entero en los que vas haciendo ruta. Por unos quince euros, el coche, chófer y gasolina, están incluidos. La India es un país barato para viajar.
Los mochileros que patean el país, pueden tirar con un presupuesto mínimo. Hablo de entre 3 y 9 € al día para comer, dormir y trasladarse. Y si quieres un mejor nivel, también resulta barato. Obviamente no es la panacea, y esos precios responden a una realidad que puedes llegar a pagar. En el viaje te expondrás a incomodidades mentales, físicas, estéticas, médicas, etc.
Desde exponerte a un mayor riesgo en la carretera, más posibilidad de alteraciones estomacales, una suciedad y mal olor a veces inolvidables, un país en el que no cabe ni una aguja en muchos sitios, viajes de hasta 15 horas en autobús de los años 20, camas para dormir de pie y no mirar alrededor... los riesgos son los del precio que son.
Es país de mochileros por excelencia, y estando aquí entiendes por qué. Más alla del espíritu de aventura y búsqueda espiritual que a veces se pregona, India es un país low-cost, así que algunos no me vendan la moto pues van por una razón primordial: que es barato de cojones.
Cuando falta una media hora para llegar a Munnar, empieza el espectáculo. Sencillamente, las plantaciones de té no son más que un jardín zen ampliado a donde puede llegar la vista. Y lo mediterráneo parece engullido en un agujero invisible del aire. Tener la vista tapizada por esa belleza exótica hace que merezca la pena cruzar el mundo. Las hojas de té resultan millones de gadgets diseñados para reflejar la luz y crear un verde vivo, que respira. Y es en la estación húmeda cuando la Tierra se vuelve fosforescente en este rincón del planeta, y el color parece tener su vida propia separada.
A más de 30 kilómetros a la redonda, todo son plantaciones de té. Puedes penetrar en una de ellas y dar un paseo entre las terrazas. También, puedes visitar alguna planta de procesamiento de té. Aquí, beben el masala tea - y donde leas masala leáse especies. Visitar y caminar por las plantaciones de té debería ser recomendado, en todas las religiones, colegios y propagandas, del mundo no-té.
Mi guía y conductor por la zona - llámalo sherpa- es Vincent Selva, que creo que ya no me abandonará en el viaje. Aparte de las omnipresentes plantaciones de té, te acercan entre otras cosas a montar en elefante; a la reserva natural de Chinnar, donde haces un trekking hasta una cascada y ves, si tienes suerte animales, que no fue mi caso; a jardines de flores y especias, donde te enseñan las plantas reales de donde salen todas las especias y ciertas medicinas ayurvédicas; a la zona montañosa de los Ghates occidentales, donde hay presas, lagos y puntos panorámicos; el citado museo del té; un masaje de medicina ayurveda, etc, etc.
Son programas completos de un día entero en los que vas haciendo ruta. Por unos quince euros, el coche, chófer y gasolina, están incluidos. La India es un país barato para viajar.
Los mochileros que patean el país, pueden tirar con un presupuesto mínimo. Hablo de entre 3 y 9 € al día para comer, dormir y trasladarse. Y si quieres un mejor nivel, también resulta barato. Obviamente no es la panacea, y esos precios responden a una realidad que puedes llegar a pagar. En el viaje te expondrás a incomodidades mentales, físicas, estéticas, médicas, etc.
Desde exponerte a un mayor riesgo en la carretera, más posibilidad de alteraciones estomacales, una suciedad y mal olor a veces inolvidables, un país en el que no cabe ni una aguja en muchos sitios, viajes de hasta 15 horas en autobús de los años 20, camas para dormir de pie y no mirar alrededor... los riesgos son los del precio que son.
Es país de mochileros por excelencia, y estando aquí entiendes por qué. Más alla del espíritu de aventura y búsqueda espiritual que a veces se pregona, India es un país low-cost, así que algunos no me vendan la moto pues van por una razón primordial: que es barato de cojones.
De Maharashtra a Kerala
Mi llegada a Mumbai ya fue pintoresca. Sales con el taxi del aeropuerto y topas con una realidad pesebril. En lugar de un acceso urbanístico a él, parece más un zoco rural, con senderos y vacas de por medio.
Luego te das cuenta que ir en coche allí, es lo más parecido a ir a caballo galopando. Tienes esa justa sensación, con un jockey que va tenso intentando ir rápido siempre, entre obstáculos, saltándoselos en zig-zag, esprintando cuando se van, sin ningún momento de tregua, un pilotar vertiginoso.
El asfalto es a veces blando y resbaladizo, y como dije se pita constantemente. El claxón es la espontánea receta colectiva a la temeridad. Porque en carriles de dos siempre circulan tres, porque los peatones van sistemáticamente por el arcén, porque las incorporaciones y los cambios de sentido son a la manera de Farruquito. Sinceramente, vas cagado montando en un taxi por las afueras de la ciudad hacia el aeropuerto, acaba siendo una experiencia de rally arriesgada.
En algún buscado bar te puedes tomar una cerveza Kingfisher, y en el aeropuerto puedes tomar un vuelo de la compañía Kingfisher, tú eliges. Uno de ellos me transportó a Kochi, ya en el sureño estado de Kerala. Una ciudad con mar colonizada por portugueses, holandeses e ingleses sucesivamente. La pintan, sobre todo la parte de Fort Kochi, como un romántico núcleo colonial con callecitas y mansiones de época. Y es más un núcleo costero y rural, tipo los pueblos de Centroamérica, con bastante aún por urbanizar, extenso y sin tanto encanto romántico.
En el estado de Kerala la lengua es el malayalam, es otra cultura diferente a la del estado vecino por el este de Tamil Nadu, con lengua tamil. En Munnar, próxima parada del viaje, se hablan ambos idiomas al ser un lugar fronterizo. La capital del primero es la antigua Trivandrum, o Thiruvananthapuram (en malayalam). Madrás o Chennai, en la costa oriental, y tercera ciudad más grande del país tras Mumbai y Delhi, es la capital de Tamil Nadu.
Aparte de éstos dos estados, la mitad sur de la India comprendería cuatro estados más. El citado de Maharashtra, con la capital Mumbai. Le seguiría en la costa el pequeño enclave de Goa, ex-colonia portuguesa y famosa por sus playas turísticas. Karnataka vendría a continuación por el litoral, siendo Bangalore la capital, a la que llaman el "sillicon valley" indio, debido a su industria tecnológica. Finalmente, a la altura de Karnataka, pero en la mitad oriental, está Andhra Pradesh con Hyderabad como capital, territorio de mayoría musulmana.
Luego te das cuenta que ir en coche allí, es lo más parecido a ir a caballo galopando. Tienes esa justa sensación, con un jockey que va tenso intentando ir rápido siempre, entre obstáculos, saltándoselos en zig-zag, esprintando cuando se van, sin ningún momento de tregua, un pilotar vertiginoso.
El asfalto es a veces blando y resbaladizo, y como dije se pita constantemente. El claxón es la espontánea receta colectiva a la temeridad. Porque en carriles de dos siempre circulan tres, porque los peatones van sistemáticamente por el arcén, porque las incorporaciones y los cambios de sentido son a la manera de Farruquito. Sinceramente, vas cagado montando en un taxi por las afueras de la ciudad hacia el aeropuerto, acaba siendo una experiencia de rally arriesgada.
En algún buscado bar te puedes tomar una cerveza Kingfisher, y en el aeropuerto puedes tomar un vuelo de la compañía Kingfisher, tú eliges. Uno de ellos me transportó a Kochi, ya en el sureño estado de Kerala. Una ciudad con mar colonizada por portugueses, holandeses e ingleses sucesivamente. La pintan, sobre todo la parte de Fort Kochi, como un romántico núcleo colonial con callecitas y mansiones de época. Y es más un núcleo costero y rural, tipo los pueblos de Centroamérica, con bastante aún por urbanizar, extenso y sin tanto encanto romántico.
En el estado de Kerala la lengua es el malayalam, es otra cultura diferente a la del estado vecino por el este de Tamil Nadu, con lengua tamil. En Munnar, próxima parada del viaje, se hablan ambos idiomas al ser un lugar fronterizo. La capital del primero es la antigua Trivandrum, o Thiruvananthapuram (en malayalam). Madrás o Chennai, en la costa oriental, y tercera ciudad más grande del país tras Mumbai y Delhi, es la capital de Tamil Nadu.
Aparte de éstos dos estados, la mitad sur de la India comprendería cuatro estados más. El citado de Maharashtra, con la capital Mumbai. Le seguiría en la costa el pequeño enclave de Goa, ex-colonia portuguesa y famosa por sus playas turísticas. Karnataka vendría a continuación por el litoral, siendo Bangalore la capital, a la que llaman el "sillicon valley" indio, debido a su industria tecnológica. Finalmente, a la altura de Karnataka, pero en la mitad oriental, está Andhra Pradesh con Hyderabad como capital, territorio de mayoría musulmana.
jueves, 17 de marzo de 2011
Estado de Maharashtra I
Más allá del exotismo que rezuman sus nombres, de imaginarse una ríada colorista de vestidos y comidas, salpicada por rascacielos y una modernidad no occidental... ahora que he estado en Mumbai, el encanto cuesta encontrarlo de veras.
Empecemos porque toda urbe de 20 millones de personas es una desmesura, un desequilibrio. Bombay se puede definir en una palabra más que las demás: claxón.
Un sonido perpetuo mientras el animal-ciudad no duerme. Un emblema cotidiano de la realidad del "somos muchos", como si la ciudad se quejase "civilizadamente" de ello a diario. Cada cual cruza la calle por donde quiere, camina la acera seguido de muchos en ella o en el arcén; y circulando, para qué quiero semáforos, si hay bocinas, para qué quiero intermitentes si me meto igual.
Veinte millones de personas no se acaban nunca. Los "figurantes" de mi viaje, se suceden por todas partes, a todas horas, en líneas de a 10, en un sentido y en otro. La gente en Mumbai nunca se acaba. Entre bocinas claro.
Este enjambre, desafortunadamente desconchado aquí y allá, recuerda a Brasil. En pleno trópico, con una media anual cercana a los 30ºC, hiperpoblado, igual de urbano que Río. La comparación es más por quién está peor, porque la distancia con los ex-colonizadores parece insalvable.
A ellos, en este caso los ingleses, cuesta imaginárselos en estas latitudes. Dejaron arquitectura fácilmente notable. Monumentos que se yerguen como invitados de piedra impersonales, viendo pasar vidas sin ningún punto de tangencia con ellos. Excesos coloniales que pueden llegar a humillar más que enorgullecer. Auténticos fuertes anglo-sajones que se resisten al paso de los tiempos.
La estación central, Chhatrapati Shivaji Station, merece mención aparte. La estación más confluida de Asia, de donde emana todo el hormiguero que inunda las calles de South Mumbai. Impresiona ver llegar a un tren local, un armatoste anchísimo, que parece salir del período de entreguerras, pero que aún funciona. Cargado con infinidad de personas, las más bien colocadas con medio cuerpo ya fuera del tren. Al detenerse, una manada marcha sobre todo el andén, cientos de personas dirigiéndose a la salida. Es un espectáculo que se repite cada 3 minutos. Y es de lo mejor que se puede observar en esta ciudad. Tras el vacíado de un tren, uno se imagina como es la vida de un mumbaí de las afueras, y como ése tren le conecta con la ciudad empapado de gente, se intenta ganar la vida en el enjambre con polvo del centro, y lo reconecta de nuevo a su humilde núcleo, entre la vida-marabunta de gente que empequeñece a cualquiera, dejando menos oportunidades e ínfimas porciones del pastel. Me imagino que en cada casa, se debe tener su pequeño santuario, su pequeña zona donde hay cosas sagradas y mías, por donde emana el porqué de lo combativo a diario. Entre bocinas claro.
Otro día hablaremos de por qué la religión correlaciona con la pobreza y la menoscultura.
Empecemos porque toda urbe de 20 millones de personas es una desmesura, un desequilibrio. Bombay se puede definir en una palabra más que las demás: claxón.
Un sonido perpetuo mientras el animal-ciudad no duerme. Un emblema cotidiano de la realidad del "somos muchos", como si la ciudad se quejase "civilizadamente" de ello a diario. Cada cual cruza la calle por donde quiere, camina la acera seguido de muchos en ella o en el arcén; y circulando, para qué quiero semáforos, si hay bocinas, para qué quiero intermitentes si me meto igual.
Veinte millones de personas no se acaban nunca. Los "figurantes" de mi viaje, se suceden por todas partes, a todas horas, en líneas de a 10, en un sentido y en otro. La gente en Mumbai nunca se acaba. Entre bocinas claro.
Este enjambre, desafortunadamente desconchado aquí y allá, recuerda a Brasil. En pleno trópico, con una media anual cercana a los 30ºC, hiperpoblado, igual de urbano que Río. La comparación es más por quién está peor, porque la distancia con los ex-colonizadores parece insalvable.
A ellos, en este caso los ingleses, cuesta imaginárselos en estas latitudes. Dejaron arquitectura fácilmente notable. Monumentos que se yerguen como invitados de piedra impersonales, viendo pasar vidas sin ningún punto de tangencia con ellos. Excesos coloniales que pueden llegar a humillar más que enorgullecer. Auténticos fuertes anglo-sajones que se resisten al paso de los tiempos.
La estación central, Chhatrapati Shivaji Station, merece mención aparte. La estación más confluida de Asia, de donde emana todo el hormiguero que inunda las calles de South Mumbai. Impresiona ver llegar a un tren local, un armatoste anchísimo, que parece salir del período de entreguerras, pero que aún funciona. Cargado con infinidad de personas, las más bien colocadas con medio cuerpo ya fuera del tren. Al detenerse, una manada marcha sobre todo el andén, cientos de personas dirigiéndose a la salida. Es un espectáculo que se repite cada 3 minutos. Y es de lo mejor que se puede observar en esta ciudad. Tras el vacíado de un tren, uno se imagina como es la vida de un mumbaí de las afueras, y como ése tren le conecta con la ciudad empapado de gente, se intenta ganar la vida en el enjambre con polvo del centro, y lo reconecta de nuevo a su humilde núcleo, entre la vida-marabunta de gente que empequeñece a cualquiera, dejando menos oportunidades e ínfimas porciones del pastel. Me imagino que en cada casa, se debe tener su pequeño santuario, su pequeña zona donde hay cosas sagradas y mías, por donde emana el porqué de lo combativo a diario. Entre bocinas claro.
Otro día hablaremos de por qué la religión correlaciona con la pobreza y la menoscultura.
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