sábado, 13 de febrero de 2010

Rock in Rio, encendido.

Por la ventana se ve el paisaje mesetario mitad madrileño mitad lunar, que rodea al aeropuerto de Barajas. Esta mañana, me levanté algo apesadumbrado por el carrusel de fatiga que iba a empezar en este vuelo de unas once horas, a la ciudad que organizará los juegos de 2016. Una hora más tarde estoy en la sala Vip de Iberia, con todas las comodidades porque el overbooking me ha otorgado de repente unos privilegios azarosos que harán del vuelo un giro de 180º en comodidad. Hasta el retraso tradicional de esta compañía, que ahora es anunciado por altavoz, uno lo acoge con cierta alegría.

Luego esperará Rio, esa ciudad singular tan diversa, exótica y veraniega. Más allá de las citas en el sambódromo, Maracaná y Copacabana, de las excursiones por selva e islas vecinas, espero que se precipiten momentos especiales no esperados que me sumerjan en los brasiles de la bahía de Guanabara. A calentar motores

martes, 9 de febrero de 2010

Breve mojón acerca de la Estética

¿Hay algún parámetro compartido para juzgar una obra de arte? Emmanuel Kant no atisbó siquiera una Crítica de la Razón Estética, y esta "disciplina" ha sido menor en la historia del pensamiento. Es una palabra héroe y villana, pues hoy en día monopoliza su semántica en corporaciones que rondan la cirugía somática. Pero es en la arena de la estética donde acaba y termina todo, una vez que la metafísica se extingue ya exprimida como ámbito cabal de la realidad, sin conseguir ser definitiva.

El hecho de no contar con la metafísica es adulterado llamándolo algunos nihilismo, cuando sólo es una poda del absoluto, o una disolución de él en el magma volátil e igual de ontológico que es la existencia. Ha habido una desfiguración del absoluto. El existencialismo se da por contado como válido, pues se han multiplicado las dudas sobre una esencia última, hasta poseer el motor de todo convencimiento: la certeza-suficiente, que disipa la posible veracidad de una realidad ultratumba y paralela.

Y como el absoluto - más entendido ahora como un remache y una necesaria cota del infinito - es preciso notarlo y sentirlo como referencia y relajante del caos, resulta que ahora no tiene formas; es en la estética donde se dice, que ya es mucho, y se nos hace visible y tangible, teniendo una forma al menos por unos instantes prolongados. Necesitamos saciar esa necesidad de absoluto, ese colmo del sentido, algo que haga redondo y completo, y se acerque a una esencia resumida del vivir.
Sólo por el arte y la poesía se puede parafrasear esa esencia hiperconcentrada, generalista y a la vez hiperconcreta, resumeuniversos, que la frase concreta por la nuca de un hijo en una tarde acertada puede emular, y también consigue revolucionar y tatuar una vida.

domingo, 7 de febrero de 2010

El secuestro de España 1/2

A propósito del próximo lanzamiento de "La dictadura de Franco" de Borja de Riquer

España tuvo la poleo de pequeña. España no está curada. Es un país ingenuo que se pone a trotar los años con sus primos del norte, pero aparecen sus cojeras, su mala constitución. España estuvo muy enferma, moribunda, pero nadie podía decirlo, estaba prohibido. España se apuntaló en Dios, Patria y Pistolas, en un combinado aplacasuspiros. Y sólo cuando el enviado de Dios en la península expiró, sigilosamente nos fuimos de strankis de esa escena de hospitales de dioses. No hicimos ruidos, no restañamos heridas, encaramos lo post-traumático sin diagnóstico y chapando la boca. A eso le llamamos Transición.
Durante 20 años, desde el 39, se destruyó el proyecto de España alternativo al instinto marcial del Ejército, y durante los 20 años siguientes se trató de no "romper España" al precio y con los privilegios que fuera. En España no hubo una dictadura, en España hubo un secuestro. En una clase de colegio basta con una pistola para hacerse con el poder, basta un loco que se haga con un arma de destrucción para paralizar al resto. Basta mostrarse sanguinario para pegar tiros en la nuca, y desencadenar así una guerra cueste el precio que cueste. En España se vivió un duelo universal e histórico entre la violencia y la inteligencia, entre voluntad y pensamiento, una metafísica hecha física en el gozne de la lucha entre dos bandos. No hablo de buenos y malos, quien usa esas palabras es un disney. España está infestada por una tradición de agresividad, que se lleva de serie. A los padres de Sandra Palo, cuya hija fue violada, agredida, quemada, y atropellada. Siendo disminuida psíquicamente. Y a todas las víctimas de un psicópata, que les vengan hablar de la tendencia a la bondad natural en el hombre. A una persona que dedica las horas de su vida a estudiar en profundidad los fenómenos sobre los cuales todo el mundo luego se llena la boca y opina, a la comunidad de científica de psiquiatras - neurobiólogos - neurofisiólogos - neuropatólogos - genetistas ... que venga un memo/a cualquiera como tú, a decir que el ser humano no sale tarado en un % contante e hiriente de casos. Un defecto congénito de la naturaleza incurable y fatal que lleva a atropellar... y/o ser Antonio Anglés, etc.

Y no reconocer que España estuvo 40 años recientes, que se dice pronto, en manos de un enfermo patológico como lo está ahora Cuba, y que soportó esas perforaciones anales al núcleo de su salud, progreso y estabilidad, las aguantó y podíamos decir que pagó billetes por ellas hasta que el monstruo fue destubificado, no palpar la conciencia esa historia, equivale a creer que tu Estado/país/nación es cuarenta veces más fuerte de lo que crees, y que los sociópatas, la ciencia, y los mileuristas, nunca han existido. Si se han podido vivir dos mil años enajenados, si la vida es cuestión de poder tomar un opio, parece que hay variantes de sobra. El panem et circenses, es milenario al igual que la sodomía social autocomplaciente.

Entonces sigamos huyendo hacia adelante con ritmo continuo y sutil, no veamos los mecanismos de defensa que como comunidad cargamos años ha. Sigamos comparándonos e intentando adelantar a Francia. El progreso no es lo nuestro, estamos tarados, la historia de España es un continuo bastión de fracaso. Reformulemos expectativas. Partamos de nuestra casilla de salida y no hagamos trampas. España es más caribeña que centroeuropea, más bananera que nazi por otro lado. Aquí vivimos muy bien, trabajamos peor, y eso no es nada malo bla blas.
No hace falta tirar las paredes, basta con poner letreros con kilómetros hacia las cosas más realistas, fundar nuevos partidos, ser más sanguinarios con quien lo va a ser con nosotros, y más si es el tonto de la clase. Nos hace falta reírnos más de nosotros mismos, pero no olvidar, que somos capaces de dejarnos secuestrar por el subnormal más violento del barrio. Los traumas sólo pueden servir para prevenirlos y que tarden muchísimo en volver. Y de mientras, vivir la vida de los pacíficos y enamorados de ella.

lunes, 1 de febrero de 2010

El silencio que habla

Silencio humano completo en la casa. No hay vida. Noche cerrada, zona de mundo parado. Sólo dos relojes marcan un eco de todo lo demás. Los mato, no suenan ya. En alguna provincia del planeta alguien esculpe una imagen tallada de palabras, que dejará sobre un mueble de la casa.

Y hay otro relojdespertador vivo en la casa. Rompe el efecto maravilloso de que todo el mundo calle. De experimentar el sigilo y aspirarlo. El sigilo se puede llegar a anhelar en este mundo de ruido gratis-a-chorro. Estar despierto mientras todo y todos están en off. La hora que huele a conspiraciones, a momentos idóneos para tramar mientras nada se da cuenta.

Una alarma se dispara en esta región hiperpoblada. Nos recuerda que a tres metros de mí en cuatro direcciones hay un vecino o tres de colmena durmiendo, que todo el espacio a la redonda está trillado y todos han puesto su banderín de coche, de tienda, de perro, de casa, de anuncio, de bus.
Y si nos mudáramos de latitud a una más desierta, echaríamos en falta, como quien tiene mono de decorado urbano y ansia de expectativas aglomeradas. Existe un miedo a la agenda vacía, a ir a parar a un pueblo y ver un horizonte de tiempo destartalado. Los urbanitas si nos echan al campo nos confundimos mucho, somos ajenos a ello, llevamos los barrios y fachadas en las venas. Y nos entra un ansia porque vamos a recibir pocos estímulos, porque no hay esquinas que giren y nos aseguren más calles llenas de cosas que luego nos servirán o no. Es ir a un lugar que no tiene cartas para escoger los menús de las horas. Más que nada un país que no tiene tanto letrero que mirar para estar tranquilo que allí hay de todo anunciado.

Mi perro ladragruñe porque alguien le ha chafado en la cama. En los pueblos chirrían los grillos y parece que las estrellas se mueven y esperan algo titilando encima de la hierba. En la ciudad el hormigón sigue igual de gris, liso y frío que siempre, dispensado de cualquier función estética de por vida. Y yo me conecto con ese canal de la no ciudad sólo a partir de las 2 am del lunes contenido, la única manera que mi cabeza da línea para llegar al campo. Cuando la semana se ha rendido, la gente se dobla dormida hacia el lunes, y el alboroto se vuelve, paz, en esta tregua del hormiguero moderno.
Shhhhhhh, duerman. Buenas noches.

sábado, 30 de enero de 2010

Wilkommen

Y pensar que Umbral tenía vértigo para escribir cada día. Quiero decir, que sentía lo vertiginoso cada mañana dentro suyo, por el torrente de ideas que se avalanchaban por salir, notar la cola de palabras notables que se empujaban de las ganas que tenían por plasmarse en escrito. Dichoso ser o estar.

Botón Umbral, ya saben que es botón lírico, de autoyo, de decirse a uno de forma nueva y fresca. Y ese protagonista yoico que es a la vez el instrumento más cercano para glosar, está en unas coordenadas ante todo nevadas. En medio de Europa, cerca de Austria, de Suiza, y de Alemania a la vez, en un fin del mundo de casitas nevadas, bien plano y boscoso a topos. Lugar que en verano es una especie de Toscana temática de la naturaleza, en versión alpina. Una zona desconocida, o no descubierta, he ahí el quid.
Paso por aquí como dije, por temas mercantiles. Una ocupación que se resume ayer en un restaurante estilo cabaña, con esa calidez diseñada que compensa el frío polar de afuera, mirando las gafas de quien va a ser norte y guía en esta singladura empresarial. Un tío que se levanta a las cuatro de la mañana, duerme cuatro o cinco horas, se va correr por campos helados una o dos, mientras prepara ultratones de 100 kilómetros, y clava maratones en 2:30. Luego se encarga de una empresa multinacional bastante a sus espaldas, ya sabes, llevar 300 establecimientos uno solo. Se acababa su filete de reno con la última masticación, un sorbo de vino merlot, y cena terminada. De vez en cuando entreveía yo la faz del hiperactivo. Porque no es el primero que conozco, ni germano, y se me aparecía otro ser en su cara. Esas pistas del inconsciente intelectual tan sepultadas. Más vino, no quiere postre, sólo otra taza de café. Era un tipo teutón, que destilaba eficacia por los poros, sin conceder a la ociosidad o la informalidad nada de terreno. Un tipo normal, con su flexibilidad y sentido del humor conseguido.

Ok, le dije. Me pongo en sus manos. Se levantó, alzó las manos, y yo arrodillado recibí el contrato y la licencia. Después me dijo: - Te he contagiado mi epidemia de hiperactividad?
Y yo le dije, maldito cabrón, sólo he podido dormir dos horas revolviéndome con ideas en la cama, tras tu descarga y ritmo del día anterior.
- Bienvenido a la familia.
Gracias. :)

La concatenación

Hay una forma de escribir que busca el contraste, y encuentra la uniformidad [o lo hace parecer]. La primera frase de este post es un ejemplo del escritor concatenado. Aquel que busca la rima semántica o conceptual. Es un recurso estilístico más, como pueden ser la hipérbole o el oxímoron. Pero si quieres vender humo, es una sutil manera de aumentar lo blanco del jamón en tu producto, sin que se enteren. Forma parte del catálogo de deshonestidades que puede tener un escritor, y no está penado por ningún tribunal de la Haya ni nada similar.

Se trata de jugar con los opuestos y los complementarios. Cosa que hecha, una vez, dos veces, puede especiar los escritos y potenciar el estilo, dar dinámica, no deja de ser un looping, que acelera la lectura. O le da fuerza, pues sirve para cerrar, a veces sentenciar o remachar una idea todavía abierta. Pero ser un escritor concatenado, con ese vicio, de impulsarse cada dos por tres oponiendo el significado de verbos, juntando substantivos opuestos en la misma frase, etcétera, tiene bastante de encefalograma plano monótono y crónico.
Risto Mejide por ejemplo, es un buen escritor concatenado. Yinyánico. No sabe hacer mucho más, es publicista amigos, y ese deje mercantilista parece no poder abandonar su ser ni persona, pero pese a tirar de concatenación constantemente, del baño frío-caliente conceptual, que bien va para la circulación de la imaginación, el tío hace concatenación escénica. Más que semántica o conceptual, es una oposición estética, de imágenes, y sus metáforas suelen estar bien logradas, pese a ser una eterna lucha de opuestos estirada y recurrida hasta la última página. Y prou de hablar de este mamarraccho.

Como he dicho, son unos grandes vendedores de humo. Oh, cómo odiamos a aquellos comerciales que mercantilean con las ideas y las palabras. Son muy difíciles de ver a veces, pero se acaban delatando, es la historia de la caída de una máscara currada. Sus párrafos son diferentes, hay una escritura sobrecargada, inflada, hiperbólica a veces. Porque concatenar y exagerar es el abc de la expresión con ritmo, son más monologuistas del club de la literatura falsa, que artistas atrofiados.
Y cuando alguien te está vendiendo humo, es porque quiere otra cosa, generalmente mucho más relacionada con horcates, los grandes seductores de la barra del bar de la mentira (frase sabinesca), o con ganar dineros sucios de esos que las madres se alarman cuando los tocábamos de niños (porque el dinero también se vuelve sucio).

viernes, 29 de enero de 2010

Carta a una socia [Boran tu SL]

Son tiempos de ocupar la vida en negocios. ¿Por qué? Pues obedece a dinámicas, a maneras de ponerse a funcionar más que a maneras de ser. Y como siempre, se debe a la gran vertiente de las circunstancias, matriz de lo que finalmente filtra y fluye.

Desconectar ese cable, el que mantiene atada a tu gran aliada con el mundo impuesto, es una bonita oportunidad. El cable que el 90 y tantos por ciento de los congéneres tienen que llevar de serie, y por donde pasan cada día los despertadores asesinos de la calma, con sus madrugones a quemarropa, el ser un bulto más en el metro asardinado hacia el tajo, el estar la mitad de tu día despierto a las órdenes de un capo, las nóminas cercenadas en una cifra que amputa las expectativas del futuro, y un marchar más cercano al esclavo, con horizonte tapiado, y aliento de la limitación en la nuca. Se quiera luego maquillar en cientos status de facebook, nos miremos en el espejo de los que son como nosotros, o bajemos los brazos para siempre asumiendo una derrota puede ser que justa.

Ayudar a alguien que quieres en esa especial cirugía existencial es algo justo, y más bien consecuente y necesario. Y aunque esto huela a salvación y redimerutinas, siempre se acaban salvando los dos, y no es más que un extenso y debido agradecimiento. Qué coño, no quiero que esto suene a salvación de nada. Somos una sociedad, para lo bueno y para lo malo, para lo doméstico, lo metafísico y lo terrenal.
A la posibilidad de ayudar a alguien, se une la posibilidad de ayudar y salvarme a mí. Con mi abundancia desértica de horas, horas que a veces parecen hacer pompas de jabón, y se atrofian deshinchándose en agobiante y paralizante abulia. Maletones de tiempo huérfanos de proyectos.
Se podrían cristalizar en muchas cosas, desde montar una editorial a crear una fundación de investigación antropológica, pero básicamente las empresas de este tipo se acaban forjando en grupo, sociedad, aunando esfuerzos colectivos, en compañía y no en titánica soledad. O bien ahí no llego o no sé funcionar.
Y en mi activo social, principalmente está un tú concreto, que es quien me acompaña y apoya en la faena diaria para construir cosas, y dotar de sentido los ires y venires. Y los otros no están. Un neg-ocio es una gran manera de placar la ociosidad rebosante como bien señala su etimología.
Todos los caminos llevan a Roma, y si tú hubieses elegido una bifurcación hubieses tirado por ésta, y yo si hubiese ido a un médico, me hubiese aconsejado ir por las mismas.

Y en ese Tente estamos, en esa construcción ociosa que se hace vocacional, y en ese proyecto innecesario que se hace indispensable. Somos dos, y entre nosotros va a nacer nuestro primer vástago común y a dos manos. Bonita manera de rubricar el primer aniversario de una íntima sociedad ;)

miércoles, 27 de enero de 2010

La llamada del arte y el Tribunal de dignidades colectivas

Este autor, afanoso de desvelar vetas escondidas de la sociedad que se quieren ir de strankis, pozos disimulados que contienen un mundo detrás, quiere faenar esta mañana con la pátina inocua de grandeza que todo artista se aplica sin querer o queriendo.

En la llamada del arte, por primera vez cuando se avista tierra en años tiernos, y posteriormente cada tarde cuando sus bellos alaridos nos despiertan las ganas de crear, siempre que pica al timbre el arte uno se enorgullece de su visita. El arte nos da una pátina extra de nobleza, porque parece que su lugar esté aquí en las alturas, bastante en oposición a las bajezas de otros instintos y conductas. Hasta nos parece hecho de efluvios, ser de estado gaseoso. Y tiene una facilidad enorme para enroscarse en la identidad de uno. Casi nadie censura la vocación al arte de un cercano, y suele ser elogiado.

La cuestión es hasta qué punto se es más noble por dedicar partes de sus vidas al arte. La respuesta, del propio arte, podría ser cero, o que cuanto más aumenta su precio menos puede alardear de nobleza.
Hay en el arte una atmósfera de gratuidad mientras se crea en que nada habla de precio, luego los precipitados finales se entregan a una máquina-horno, que etiqueta y parcela los costes de todo, cuando se mundifica-socializa la obra. Fulanito en el salón de su casa tejió entre vasos del Ikea y comida precocinada su mundo, luego se fabricó el producto acabado que sólo sabe vivir en estanterías de tienda. Después hay un arte efímero, destellos entre amigos, frases célebres que nunca se registran, gestos eternos que nadie más los verá, escenas ejemplares sin ninguna cámara delante. Ese arte es mucho más gratuito, fortuito también, ocurrente en esencia, incidental, no buscado. Y un arte anónimo, sin precios ni grandes públicos, más elaborado pero con bastante de accidental y de irse por una cañería.

Pero aparte de costes y precios, el artista es un privilegiado, un actor del reparto con mejor papel que otros, alguien que puede hacer la mayoría de cosas que los demás hacen, pero además elabora otras que sólo están reservadas a unos cuantos. Allí la pátina de nobleza es absurda, porque no hay igualdad de condiciones. Y un artista reconocido, es como un afortunado subrayado en fosforecente, que debería ser todo menos desagradecido.
Luego claro, ves que hay mamelucos reconocidos que en lugar de ser desgraciados genéticos subrayados a doble línea, son trepas que se han colado en altares de la sociedad por chupársela a, casarse con, o dar patadas a. Entonces admitimos nobleza de artista como animal acuático, o lo que sea, y en lugar de pátina un encofrado de dignidad. O simplemente, hablemos de estadios evolutivos distintos, y de cercanías o lejanías a prehistorias y edades medias. Al final, el tribunal de dignidades sociales y colectivas, pudiendo ser por un lado una cosa de vida o muerte, acaba siendo más bien una ruleta de audiencia televisiva digital. Motivo más que gordete para pensarse eso del arte o desenamorarse de él. O tal vez ver que con sólo arte no se llega a ningún sitio. Y también vale para la II República Española, sus buenas y nobles intenciones, y su falta de sangre y fusil para controlar lo que se advino luego.

El alba de la adolescencia




Hay una parte nuestra, todavía no secada ni inerte, una parte aún blanda y vascularizada de cuando éramos niños. No la parte ya sí seca y remota de la primera infancia, si no ésa donde debutaban nuestros escarceos con una vida adulta lejana e ignota. Hablo del alba de la adolescencia de los 11 años en adelante, la época en que un bigotillo velloso y el pudor recién estrenado, convivían creíamos camuflados, en la inagurada intimidad de hacía un par de días. Cuando la infancia empieza a perder grados de inclinación y empieza a ser otra cosa.

Nos cueste creerlo en nuestro papel protagonista, que asumimos por hecho en nuestras vidas, hay un dispositivo mecánico y tirano detrás, que es la pubertad, causante de todo este cambio de guión en la trama hasta entonces. Una metamorfosis por otro lado de Oscar de la academia biológico, un maravilloso despliegue multilateral, que va goteando hormonas físicas y psíquicas como una máquina inteligente, imposible de crackear ni entender en su momento, pero que nos embarca de raíz a la única singladura hacia la adolescencia, aquella época en que creemos como nunca tener de todo, cuando en realidad carecemos de casi todo. Quizás la edad adulta sea cuando crees que te falta casi todo, y en verdad tienes mucho más de lo que crees.

Pero hablaba del niño adolescente al que aún se le siente blando dentro de nosotros. Aquel ser ingenuo y a la vez determinado, que tanto sentía, y que balbuceaba garabatos de sueños en hechos. Era más una criatura en la barra de los sueños, que acababa sorbiendo chupitos de ellos.
Un niño sin personalidad, embrión de muchas cosas, que da manotazos de vida preadulta escribiendo un corazón de tiza en la pared por ejemplo. Todos los cambios son tan naturales que parecemos haber crecido para ellos. Es también la época vulnerable de nuestra psique por excelencia, cuando el blindaje de castillos de fantasía de la infancia se ha esfumado, las niñas dejan de ser compañeras de juego e iguales, el bigotín cercena nuestra estética, y las hormonas son como un jarabe mágico, que engullido muta todos nuestros paisajes habituales a la vez que nos apasiona por ellos. Eso sí, se olvidaron un tríptico con las instrucciones de la nueva consola que no aparecerá ya nunca. La naturaleza, en su rol de sabia, es implícita.

Así que somos graciosetes miniyoes. Vigorosos bigotudos con narices anchas en plena y llana edad del pavo. Un ganso de persona, expuesta y auténtica, con la maravillosa contraprestación de vivirlo todo con una pasión máxima. Nuestra imbecilidad sonriente de entonces no es más que la suerte inigualable de descubrir tantas cosas, probar tantas experiencias humanas por primera vez. Por mucho que queramos volver a ellas, a aquellos tiempos en que vivíamos colmados con tan poco, con sólo probar las cosas, nunca prodremos regresar.

Hay años felices, y años estables, años heroicos y años de éxitos, años de realización y años de nostálgica infancia, pero los años de sentir días y días a flordepiel, aquellos maravillosos años sólo son unos y merecen ese apelativo, porque es un abrir por fin el regalo de la vida por uno mismo, un regalo casi infinito y personal, sin que te quiten el papel los otros o sea un sucedáneo con esquinas de goma, es el bendito juego real y de tamaño inabarcable. Y es un juego y disfrutar, porque todavía no lo ha agriado nadie. Hay un maravilloso bonus los primeros años con vidas que parecen infinitas, al menos a mí me pasó, con derecho a hacer el ridículo y equivocarte otra vez.
Luego ya vendran los sudorosos ritos de iniciación y el embudo marginal de la cultura, el tener que ser alguien y renunciar a la magia, y el inevitable sufrimiento de tener un yo.
Pero en esos años se nos permite seguir soñando e inventarnos las reglas del mundo mientras se tiene que volver a casa a las diez. Y sentimos aún blando ese miniadulto que fuimos, engreído y vulnerable, tan diferente a como somos ahora pero con el mismo color.

Yo era requetetímido, estaba requeteenamorado de la chica más tonta de la urbanización, me teñía el bigotillo con agua oxigenada, iba a misa sin mis padres, no paraba de hacer deporte, era creído, y era el hombre más feliz del mundo. Si entonces Radio Futura, Mecano, George Michael, podían ser las divinas melodías de aquellos días de Tom Sawyer, seguro que esta noche algún adolescente titila vida en su habitación, mirando al techo, soñando su vida esta semana, y escuchando la melodía del turno de los tiempos. Por ellos, por nosotros ;)


sábado, 23 de enero de 2010

Encarnación del Término Medio

Betandwin: ¿acabará matando Maradona algún ser humano? ¿es aconsejable dejarle suelto por las calles?
¿lo hemos creado nosotros, es un excremento sumo de nuestra sociedad? ¿hay algún psicólogo en la sala?
¿es Coca Cola tan nihilista por cierto?



¿Pero Argentina hizo mal papel o no?