viernes, 22 de enero de 2010
Runrún1
¿Seré yo, o veo a partir de este mes a la prensa más portera, más baja aún en contar cosas accesorias y levantar trapetes sucios, más tonta en definitiva de sus niveles ya por sí bajos de costumbre? (¿Seré yo o está pasando?)
miércoles, 20 de enero de 2010
Escribir mata
Post de a dos, como una canoa, sentado en el sofá, copa de vino reposando en la oreja del sofá, y M. en la otra oreja zapeando. Sobre qué voy a escribir, todavía ni lo sé. Pero cuando se tiene blogorrea uno es un extrovertido literario.
En la tele, Gran Hermano, undécima edición. Unos 150 tipos deben haber sido reclutados ya para el programa, a este paso será una especie de mili la telerrealidad, en que tarde o temprano te toca ir. Nunca iría a estos programas-escarnio, pero pagaría algunos chelines por verme allí observado durante tanto tiempo. ¿Es una experiencia más? Pues claro, diferente y explorable. Bonito zoo de los humanos creo que siempre ha sido.
Veo mucho la tele. Y mucho es mucho. Suelo aprender poco o nada de ello. Pero me entretengo. Precioso verbo y vocablo entretener. Un no tenerse, una sala de espera amena, un entretiempo liviano, paréntesis y nada aliñada.
Este post es flojete, recauchutadete, naufraguil o eso, de entretiempo, entremés, o aperitivo.
¿Alguna vez un libro será realizado como una película de cine, con la intervención de decenas de personas? El escritor, uno y trino, podría al final de su obra lanzar unas líneas de créditos con todas las variadas funciones que realiza: elaborador de la trama, paginador estructural, corrector de estilo apelmazado, administrador de signos de puntuación a largo plazo, costurero de giros narrativos, arquitecto de subtrama paralela a la historia principal, relaciones públicas con sus protagonistas, gestor de farmacopea creativa, diplomático en misión con los editores, pared para lectores perdidos y pesados, e te ce, etc.
No me extraña que la mayoría de ellos acaben hartos de vino, osease, alcohólicos, drogodependientes o psiquiatra dependientes. Mucho jaleo tú. David Trueba, ese ser que admiro y que tantas veces viene a cenar a casa (juas), escribe poco o lo justo, porque alterna la refriega solitaria, con el trabajo coral y cálido de una película. Imagínense un largometraje rodado, ideado, post-producido todo por la misma persona y su primo de Alpedrete. No puede ser. Esto de la escritura es una mala carrera para la salud. Tendremos que probar suerte en otro mundo, no sé, a ver qué marca mañana la brújula de los futuros. Mañana os lo digo.
En la tele, Gran Hermano, undécima edición. Unos 150 tipos deben haber sido reclutados ya para el programa, a este paso será una especie de mili la telerrealidad, en que tarde o temprano te toca ir. Nunca iría a estos programas-escarnio, pero pagaría algunos chelines por verme allí observado durante tanto tiempo. ¿Es una experiencia más? Pues claro, diferente y explorable. Bonito zoo de los humanos creo que siempre ha sido.
Veo mucho la tele. Y mucho es mucho. Suelo aprender poco o nada de ello. Pero me entretengo. Precioso verbo y vocablo entretener. Un no tenerse, una sala de espera amena, un entretiempo liviano, paréntesis y nada aliñada.
Este post es flojete, recauchutadete, naufraguil o eso, de entretiempo, entremés, o aperitivo.
¿Alguna vez un libro será realizado como una película de cine, con la intervención de decenas de personas? El escritor, uno y trino, podría al final de su obra lanzar unas líneas de créditos con todas las variadas funciones que realiza: elaborador de la trama, paginador estructural, corrector de estilo apelmazado, administrador de signos de puntuación a largo plazo, costurero de giros narrativos, arquitecto de subtrama paralela a la historia principal, relaciones públicas con sus protagonistas, gestor de farmacopea creativa, diplomático en misión con los editores, pared para lectores perdidos y pesados, e te ce, etc.
No me extraña que la mayoría de ellos acaben hartos de vino, osease, alcohólicos, drogodependientes o psiquiatra dependientes. Mucho jaleo tú. David Trueba, ese ser que admiro y que tantas veces viene a cenar a casa (juas), escribe poco o lo justo, porque alterna la refriega solitaria, con el trabajo coral y cálido de una película. Imagínense un largometraje rodado, ideado, post-producido todo por la misma persona y su primo de Alpedrete. No puede ser. Esto de la escritura es una mala carrera para la salud. Tendremos que probar suerte en otro mundo, no sé, a ver qué marca mañana la brújula de los futuros. Mañana os lo digo.
La glándula pineal y Bécquer

Acá estoy con el ordenador roto, que es lo mismo que tener el camino al trabajo repleto de nieve. La densidad de las nubes de esta mañana es menos sólida, y la luz, que dicen viene de una estrella láctea, puede entrar entre ellas.
La foto del día que todos vemos tiene más brillo, y por tanto los colores son otros.
Más allá de la cromoterapia, somos seres lumínicos, fotosintéticos a nuestra manera, el caudal de luz incide en nuestra glándula pineal, corazón hormonal de los ritmos circadianos.
La glándula pineal ocupa un papel importante en la obra de Descartes, René. En ella sitúa el nexo donde se encuentran cuerpo y alma, soma y psique.
Poca broma su papel de lugar físico del alma, y representación psíquica del cuerpo.
Este bultito del cerebro no da para tanto. Aunque, también resulta que para lo que en los humanos es una glándula, en algunas especies animales todavía es un tercer ojo. Un órgano ocular fotosensible que traduce el mundo en imágenes. Una tercera ventana adicional que algunas especies todavía conservan.
Para colmo, diversas sabidurías orientales e hindúes sitúan el chakra principal, centro energético primordial, o como lo llamen, en la mismísima glándula pineal.
A nivel de calle, sólo sale a luz este organito cuando se le refiere junto a la melatonina, en artículos sobre jet-lag, ritmos circadianos, etc. Pero permanece anónima en nuestra cultura.
Entonces, qué conocimiento científico tenemos sobre la glándula pineal en la actualidad? Ahí va el link de wikipedia muy interesante:
http://es.wikipedia.org/wiki/Gl%C3%A1ndula_pineal
Productora de melatonina y dimetiltriptamina. La primera, una poderosa hormona que interviene en los sutiles ritmos circadianos de toda la vida, en los sueños, y en el megavertedero despreciado del dormir, además, sustancia de doble filo en torno al cáncer, antioxidante y cancerígena a la vez.
Y productora de alucinógenos naturales, fábrica drogota dentro del cuerpo que no puede ser cerrada, alambique que proporciona las gotas de surrealismo y arte al procesador funcional cognitivo que es el cerebro. ¿Qué es poesía? qué es poesía dices tú cuando clavas tu pupila azul en mi pupila, qué es poesía? y tú me lo preguntas? La dimetiltriptamina es poesía.
Modelo trimestral 110 de la felicidad
¿Quién demonios ha puesto este cielo hoy al día? Nueve de la mañana, me levanto, me siento en la ventana del escritorio, y el día está, encapotado, pesado, triste, húmedo, frío y cerrado. ¿Quién puede no contagiarse hoy de la melancolía?
Hoy tocaba un post lírico, un mortal y rosa, le toca a las palabras salir de la boca y acabar de recomponer hacia atrás todo mi cuerpo opaco. La felicidad, modelo trimestral 110 de su declaración. Pues diré, o confesaré, a los lectores de otra vida parece, que estoy raro para mí mismo. Un poco desconocido. Algo que ya es bueno, porque 33 años juntos como que da para pocas sorpresas. Sé perfectamente el agente demiurgo en forma de repostería, que obra estas mutaciones. Y estoy tranquilo porque son livianas metamorfosis, y porque siendo hiperconsciente como soy, el fenómeno ya tiene un detective a su vera desde el inicio.
Soy más drogadizto últimamente y no me importaría hacer bandera frente a la suciedad (pónganle una o :) . Así que, en definitiva, acabaré estando en un tribunal de la marihuana, propio o social. Para los de ojo de aguja, ya deben notar algunas mutaciones en la escritura. Luego vendrá lo inevitable, me saldrá pelo por la cara, tijeras en las manos y bambú de la suerte en los pies.
Respecto a mi vida, estoy igual de perdido que siempre, si siempre se entiende los últimos 13 años. Ya no aparece lo que uno quiere si no lo que le da la vida, ese es el lema del perdido. Tengo el trabajo que el 90 % de la gente quiere tener, y los viajes que el 10 % restante querría hacer en su vida. Pero eso no es suficiente para llegar a la satisfacción, honda y constante. Aparte, puede que falte amor propio, amor que tutele y de ostias con tal de conseguir esa satisfacción; y ambición, ganas de gula de comerse el mundo y hasta que salga tu foto en los diarios. Porque esto es una selva, y tiene reglas de selva amigo.
Bueno, en fin, uno acaba el post, deshinca las rodillas del confesionario, sabiendo que pese que su declaración trimestral de la felicidad en el modelo 110 ha salido negativa, no todo está tan mal y más se perdió en Cuba seguro. Jordi, no estáss nominado. Gracias
domingo, 17 de enero de 2010
Olerada M23Yes
Rapapunciel sarjonas estrikedamanabamos
rolas, semuaces, carten far semiolas.
Fluros den seras, jarminosh dimenarados
tutilia demia sucarfaministas.
Zurpiel, zurpiel simal ni filas
pastemana, iridada, zurpelase
So, si, se, sosise murdiana
temas odas sabras fenales
Gggg, tumiar, stt fiñana
Ta, sappalia, niente Murcia.
rolas, semuaces, carten far semiolas.
Fluros den seras, jarminosh dimenarados
tutilia demia sucarfaministas.
Zurpiel, zurpiel simal ni filas
pastemana, iridada, zurpelase
So, si, se, sosise murdiana
temas odas sabras fenales
Gggg, tumiar, stt fiñana
Ta, sappalia, niente Murcia.
miércoles, 13 de enero de 2010
Me llamo anZ63218792K98
Qué importante, trascendente y única parece la realidad. Lo que para nosotros es real no hace falta decir que depende 100 % de nuestro cerebro, el filtro asumido. En los márgenes de la realidad se quedan los infrarrojos, los ultravioletas, los improbables, los no nacidos, las opciones paralelas no escogidas...
Qué difícil es admitir que hasta nuestro yo es un accidente. Que entre las miles de camadas de miles de espermatozoides de millones de progenitores históricos, la bolita fue a dar un ser con nombre y apellidos, DNI, libros de fotos y poemas escritos. No se nos pasa por la cabeza poner a nuestros hijos anZ63218792K98, algo que puede parecer monstruoso porque se parece a un código de barras. Pero no por ello debemos olvidar que eso somos. Esta identidad perecedera nos daría más sensación de intemperie, ver la vida más como una sala de espera, en que en cualquier momento te pueden llamar, cosa por otro lado bastante realista.
Preferimos no mirar. Que la realidad sea el centro del mundo, que el universo gire sobre ella, a pesar de lo que digan los astrónomos. Nuestra realidad es aquello que queda tras un colador ontológico colosal. Después de eliminar archimillones de posibilidades (espermatozoicas, geológicas, astronómicas, cuánticas...) aparece esta realidad que nos resulta tan única, especial e irrepetible. Cuando fácticamente nuestra realidad es más una sala accesoria, pequeña, ni mucho menos céntrica, como una alcoba alejada de lo que en verdad es real.
Una sala cuca eso sí. La realidad es ontológicamente cuca. Un dios jubilado seguramente pagaría por ella un buen precio. Es pequeña, no muy céntrica, pero bien amueblada y con diseño, hasta con un jardín todavía vivo.
Nos cuesta eso de bajarnos los humos y creer que somos de barrio. Nos tira ser de palacio, las fauces de nuestro ego sí que son eternas. Nos ponemos en el centro de los tiempos y los espacios, nos montamos un Dios todopoderoso y decimos que somos el hijo de Dios... Y en menor medida, intentamos que las verdades de la ciencia no tiñan nuestra ilusión de importancia. No queremos mirar. Nos ponemos nombres y apellidos para ser únicos, hasta intentamos dejar absurdas huellas pseudoinmortales, vivimos la vida como si fuera una posesión a explotar, más en trono que en el suelo,una gran obra que tenga hasta museo para visitarla al final de nuestros días. Nada que ver con esa sala de espera del anZ63218792K98, que puede llegar a durar 90 años, más bien un regalo a cuentagotas continuo que otra cosa. Que se sepa que se acaba el mundo, que ya se sabe, no quiere decir que tengamos que cagarnos dentro antes de cerrar la puerta. No va a haber más guerra, que la que hay en Tierra Santa, vergüenza del ser humano, en un territorio antropocéntrico y teocrático a más no poder. Lo que probablemente más haya, sea un necesario sentido del humor.
Próximamente:
Mi sonda y mi megalomanía: o porqué soy un filósofo.
Qué difícil es admitir que hasta nuestro yo es un accidente. Que entre las miles de camadas de miles de espermatozoides de millones de progenitores históricos, la bolita fue a dar un ser con nombre y apellidos, DNI, libros de fotos y poemas escritos. No se nos pasa por la cabeza poner a nuestros hijos anZ63218792K98, algo que puede parecer monstruoso porque se parece a un código de barras. Pero no por ello debemos olvidar que eso somos. Esta identidad perecedera nos daría más sensación de intemperie, ver la vida más como una sala de espera, en que en cualquier momento te pueden llamar, cosa por otro lado bastante realista.
Preferimos no mirar. Que la realidad sea el centro del mundo, que el universo gire sobre ella, a pesar de lo que digan los astrónomos. Nuestra realidad es aquello que queda tras un colador ontológico colosal. Después de eliminar archimillones de posibilidades (espermatozoicas, geológicas, astronómicas, cuánticas...) aparece esta realidad que nos resulta tan única, especial e irrepetible. Cuando fácticamente nuestra realidad es más una sala accesoria, pequeña, ni mucho menos céntrica, como una alcoba alejada de lo que en verdad es real.
Una sala cuca eso sí. La realidad es ontológicamente cuca. Un dios jubilado seguramente pagaría por ella un buen precio. Es pequeña, no muy céntrica, pero bien amueblada y con diseño, hasta con un jardín todavía vivo.
Nos cuesta eso de bajarnos los humos y creer que somos de barrio. Nos tira ser de palacio, las fauces de nuestro ego sí que son eternas. Nos ponemos en el centro de los tiempos y los espacios, nos montamos un Dios todopoderoso y decimos que somos el hijo de Dios... Y en menor medida, intentamos que las verdades de la ciencia no tiñan nuestra ilusión de importancia. No queremos mirar. Nos ponemos nombres y apellidos para ser únicos, hasta intentamos dejar absurdas huellas pseudoinmortales, vivimos la vida como si fuera una posesión a explotar, más en trono que en el suelo,una gran obra que tenga hasta museo para visitarla al final de nuestros días. Nada que ver con esa sala de espera del anZ63218792K98, que puede llegar a durar 90 años, más bien un regalo a cuentagotas continuo que otra cosa. Que se sepa que se acaba el mundo, que ya se sabe, no quiere decir que tengamos que cagarnos dentro antes de cerrar la puerta. No va a haber más guerra, que la que hay en Tierra Santa, vergüenza del ser humano, en un territorio antropocéntrico y teocrático a más no poder. Lo que probablemente más haya, sea un necesario sentido del humor.
Próximamente:
Mi sonda y mi megalomanía: o porqué soy un filósofo.
jueves, 7 de enero de 2010
The human activity rate
Which is a common human activity rate?
Cuál es la ratio de actividad razonable del humano común? Cuántas revoluciones son las ideales para un alma saludable? Cuando somos enanos muchas veces somos alistados en enésimas actividades extraescolares, colonias de verano y torneos de invierno. Hay un mercado inacabable de cursos para enanos, en buena parte motivado por la necesidad de alojar a los vástagos allén de las horas laborales de los padres. Pero esa oferta saciante fenece paulatinamente y se finiquita al llegar el marcador a la cifra 20.
Puede ser que hayamos sido criados con un ratio de actividad excesivo, o tal vez la segunda edad esté mal planteada en términos de agenda. El ritmo de pequeños puede ser frenético, pero no hay tiempos muertos para aburrirse, para amargarse, y ya le viene bien ser tan pautados en una era en que la autonomía propia está verde limón.
Luego podemos elegir a nuestro antojo a qué dedicar nuestro ocio, pero si hiciéramos una encuesta poblacional extensa nos podrían sorprender las insatisfechas conclusiones. Llenar una agenda fuera de las horas laborales en este mundo hipersofisticado no es tan sencillo.
Y creo que el ser humano es feliz cuando tiene ratios de actividad elevados. Que la propia palabra realizarse, un hacer mediato, ya desprende esa necesidad de elaboración y performación continua. Que antes los grandes males inevitables del buffet de la vida, el estrés parece algo menos malo que otros más inoperantes como depresiones, ansiedades o males físicos.
Ya de por sí, nuestro cerebro parece tener vías distintas para el inicio de una conducta que para su mantenimiento, y muchas veces lo imprescindible es encender un fuego, porque lo otro, los mañanas, y los posibles futuros, suelen llegar solos sin más.
Cuál es la ratio de actividad razonable del humano común? Cuántas revoluciones son las ideales para un alma saludable? Cuando somos enanos muchas veces somos alistados en enésimas actividades extraescolares, colonias de verano y torneos de invierno. Hay un mercado inacabable de cursos para enanos, en buena parte motivado por la necesidad de alojar a los vástagos allén de las horas laborales de los padres. Pero esa oferta saciante fenece paulatinamente y se finiquita al llegar el marcador a la cifra 20.
Puede ser que hayamos sido criados con un ratio de actividad excesivo, o tal vez la segunda edad esté mal planteada en términos de agenda. El ritmo de pequeños puede ser frenético, pero no hay tiempos muertos para aburrirse, para amargarse, y ya le viene bien ser tan pautados en una era en que la autonomía propia está verde limón.
Luego podemos elegir a nuestro antojo a qué dedicar nuestro ocio, pero si hiciéramos una encuesta poblacional extensa nos podrían sorprender las insatisfechas conclusiones. Llenar una agenda fuera de las horas laborales en este mundo hipersofisticado no es tan sencillo.
Y creo que el ser humano es feliz cuando tiene ratios de actividad elevados. Que la propia palabra realizarse, un hacer mediato, ya desprende esa necesidad de elaboración y performación continua. Que antes los grandes males inevitables del buffet de la vida, el estrés parece algo menos malo que otros más inoperantes como depresiones, ansiedades o males físicos.
Ya de por sí, nuestro cerebro parece tener vías distintas para el inicio de una conducta que para su mantenimiento, y muchas veces lo imprescindible es encender un fuego, porque lo otro, los mañanas, y los posibles futuros, suelen llegar solos sin más.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Identidad
¿Y cómo se moldea una identidad? La identidad propia,
aquello a lo que asentimos como un yo incluso a nosotros mismos,
hasta en las grandes bifurcaciones súbitas de la vida,
revisamos nuestra "idea canónica general" de lo que creemos que somos,
y lo asentimos, lo defendemos,
principalmente porque nos gusta.
Defendemos y promovemos un núcleo interior de acuerdo con lo que nos agrada.
Y resulta curioso que el criterio de eso nos parezca tan real y definitivo.
De todas formas ese criterio que nos apalearía o nos engrandecería en el futurible,
esa especie de adn psicológico pensado, pero con mismo poder definitorio,
parece que está enhebrado por el ojal más acertado del universo,
que provenga de los latidos de un sentido de supervivencia del 105 %,
infalible y penúltimo.
Penúltimo porque luego viene toda nuestra torpeza mortal para liar y complicar
en mínima o máxima, esa autopista de veinte carriles que nos regala el instinto.
Pero esa identidad, ariete emocional, de cualquier sueño,
fachada enjuta de todo lo que en el universo nos diferencia del inmenso no-yo,
nuestras entrañas expuestas,
aquello que más duele sin tener espacio ni tiempo,
el ombligo sangriento de las horas,
la raíz cuadrada de la alegría...
es algo esculpido y labrado sesenta años,
muesca a muesca seleccionado,
como un software matemático del alma,
- siempre he creído que este dios tan perfecto y súbito
sólo se aparece en las primeras décimas de segundo de las cosas,
vertiginoso, casi inaprensible -
Tenemos muy claro como somos y sobre todo como queremos ser.
Se nos inflama el alma, cuando nuestros outputs salen mal
cuando en una psicofoto
somos evidentemente diferentes a nuestra imagen-horizonte,
y combustionan los complejos,
los complejos de no ser tan complejos como pensábamos,
y ser simples, sencillos, vulgares, o burdos.
O se nos dota de una muralla invencible,
una membrana de autoconfianza por gustarnos,
de la que no se confiesa, porque se sabe y punto,
modesta superioridad en lo que a no vivir en la intemperie se refiere.
Pero qué curioso este el reloj de la identidad,
un órgano no visible que se mueve cada minuto,
un cardio-órgano que expulsa y añade, se enquista y se pasea,
un continuo objeto de alfarero,
torneado, moldeado, reformado, actualizado,
al que le piden ser contrastado sí o sí.
aquello a lo que asentimos como un yo incluso a nosotros mismos,
hasta en las grandes bifurcaciones súbitas de la vida,
revisamos nuestra "idea canónica general" de lo que creemos que somos,
y lo asentimos, lo defendemos,
principalmente porque nos gusta.
Defendemos y promovemos un núcleo interior de acuerdo con lo que nos agrada.
Y resulta curioso que el criterio de eso nos parezca tan real y definitivo.
De todas formas ese criterio que nos apalearía o nos engrandecería en el futurible,
esa especie de adn psicológico pensado, pero con mismo poder definitorio,
parece que está enhebrado por el ojal más acertado del universo,
que provenga de los latidos de un sentido de supervivencia del 105 %,
infalible y penúltimo.
Penúltimo porque luego viene toda nuestra torpeza mortal para liar y complicar
en mínima o máxima, esa autopista de veinte carriles que nos regala el instinto.
Pero esa identidad, ariete emocional, de cualquier sueño,
fachada enjuta de todo lo que en el universo nos diferencia del inmenso no-yo,
nuestras entrañas expuestas,
aquello que más duele sin tener espacio ni tiempo,
el ombligo sangriento de las horas,
la raíz cuadrada de la alegría...
es algo esculpido y labrado sesenta años,
muesca a muesca seleccionado,
como un software matemático del alma,
- siempre he creído que este dios tan perfecto y súbito
sólo se aparece en las primeras décimas de segundo de las cosas,
vertiginoso, casi inaprensible -
Tenemos muy claro como somos y sobre todo como queremos ser.
Se nos inflama el alma, cuando nuestros outputs salen mal
cuando en una psicofoto
somos evidentemente diferentes a nuestra imagen-horizonte,
y combustionan los complejos,
los complejos de no ser tan complejos como pensábamos,
y ser simples, sencillos, vulgares, o burdos.
O se nos dota de una muralla invencible,
una membrana de autoconfianza por gustarnos,
de la que no se confiesa, porque se sabe y punto,
modesta superioridad en lo que a no vivir en la intemperie se refiere.
Pero qué curioso este el reloj de la identidad,
un órgano no visible que se mueve cada minuto,
un cardio-órgano que expulsa y añade, se enquista y se pasea,
un continuo objeto de alfarero,
torneado, moldeado, reformado, actualizado,
al que le piden ser contrastado sí o sí.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
domingo, 13 de diciembre de 2009
De librerías I
Una visita a una librería puede dar para mucho. Un inerte desván de fajos de celulosa con coloridas portadas, o un hervidero de miles de hombres teorizando, que se activan cada vez que abres una portada. El fajo encuadernado, es el precipitado de horas y horas destiladas de trabajo mental y vivencias revarias, así que las inertes y sosas paredes de una librería standard, nada tienen que ver con sesos, ni matraces, ni sudor ni acantilados, sino que son fieles contenedores de productos, con sus aplicados rótulos de secciones.
Has de ir tú olisqueando, a vista de pájaro, hasta que tu pesquisa topa con algo que te provoca. Palpas la creatividad en breve como puedes, lees el índice, repasas la contraportada. Pero en realidad puedes ver a un hombre desplegándose en su libro, retorcido y explicado en más de 200 páginas, demasiado expuesto, desnudo.
Algunas veces deberían pasearse por sus puestos de venta, no para firmar, más bien para desfilar y departir, o podrían poner fotos de su vida cotidiana en medio del libro, porque muchos de ellos se han vaciado aunque no se den cuenta, aunque traten asépticamente de separar la obra de su personalidad. Y acaban retratándose, si los biombos de la ficción no le parapetan de su biografía.
Entro en la céntrica Llibreria Catalònia en un ángulo de Plaza Catalunya. Me siento cómodo en ella porque la amplia primera estancia es una presentación acotada de las novedades, y con la ficción bien lejos. Qué importancia tiene el formato y la acotación en el mundo informativo y comercial, qué agradecido es el Iphone por ejemplo para leer periódicos, para adaptarse a la mano, a lo portátil (no lo es su virtual teclado). Y qué desagradecida se hace una sección de libros, una web, o una carta de restaurantes excesiva y sobrecargada.
En Catalònia me provoca el nuevo output destilado de mi ex-profesor Francesc Torralba. Doctor en Filosofía. Un motor Porsche en el mundo de lo intelectual, fuera de serie, potencia que impresiona. Pero sabes que es un Boeing sí, pero un avión con todas las ventanillas chapadas. Las circunstancias de una vida pueden bienllevarte de forma que la vida nunca se te rompa, ni se te disloque, ni se raje. No has permanecido ni moribundo ni loco, ergo, has tenido una vida normal. Ese magma extra-ordinario ni te ha quemado ni te ha cambiado. Nada ha violado tu órbita natural. Has pagado pasaje de turista y si quieres preferente o más ojos, paga el precio con mucho más sufrimiento. Fuiste un teólogo, y continuas tu obra como un arquitecto, ordenado, apolíneo e impoluto.
Cerca de él Sánchez Ferlosio intenta llamar la atención con un "Guapo y sus isótopos". Pero el libro es filosofía plasta, esgrima de los conceptos, sin carne ni mortal ni rosa. Doscientas vueltas a la palabra isótopo, doscientas fotos de tu perro ahora estirado ahora echado ahora con un ojo medio cerrado ahora echado con un ojo medio cerra... Me sigue asombrando, y me repatea un poco, que una persona se fije, se petrifique en filósofo toda una vida, que lo haya sido a los 20 años, y lo siga siendo a los 70 de la misma manera. Que teorice sobre Kant de joven, y que siga cincuenta años más tarde creyendo que en ese juego especulativo e hiperreflexivo está más cerca de la verdad. Cuando todo es más doliente, sentimental e irracional que no estructural, metafísico y tautológico. Un filósofo profesional también es un minusválido poético. Es como si en esta bifurcación que se metieron en los 20, la hayan seguido por metaestructuras y laberintos etéreos todo el resto de su única vida, a saber en qué parte del per se estarán ahora.
Y después en disciplinas hermanas menores, tipo sociología y psicología, aparece el marketing puro y duro, o la foto del autor/a ocupando el 80 % de la portada, que mejor hubiese sido una foto seis por cuatro del falo a todo color.
Hoy en día nadie utiliza pseudónimos en nuestra cultura del yo, todos creemos que el 100 % de una obra lo firmamos nosotros mismos, pobre del que aspira a ser alguien. Y poca gente reconoce que la escritura muchas veces tiene mucho de dictado, que somos más crisol de lo otro, genotipos con suerte, que geniales mentes genuinas nacidas para decir lo que otros no alcanzan.
Cuánto árbol talado nos ahorraríamos para esculpir el gran listín bibliográfico de la fatuidad.
Has de ir tú olisqueando, a vista de pájaro, hasta que tu pesquisa topa con algo que te provoca. Palpas la creatividad en breve como puedes, lees el índice, repasas la contraportada. Pero en realidad puedes ver a un hombre desplegándose en su libro, retorcido y explicado en más de 200 páginas, demasiado expuesto, desnudo.
Algunas veces deberían pasearse por sus puestos de venta, no para firmar, más bien para desfilar y departir, o podrían poner fotos de su vida cotidiana en medio del libro, porque muchos de ellos se han vaciado aunque no se den cuenta, aunque traten asépticamente de separar la obra de su personalidad. Y acaban retratándose, si los biombos de la ficción no le parapetan de su biografía.
Entro en la céntrica Llibreria Catalònia en un ángulo de Plaza Catalunya. Me siento cómodo en ella porque la amplia primera estancia es una presentación acotada de las novedades, y con la ficción bien lejos. Qué importancia tiene el formato y la acotación en el mundo informativo y comercial, qué agradecido es el Iphone por ejemplo para leer periódicos, para adaptarse a la mano, a lo portátil (no lo es su virtual teclado). Y qué desagradecida se hace una sección de libros, una web, o una carta de restaurantes excesiva y sobrecargada.
En Catalònia me provoca el nuevo output destilado de mi ex-profesor Francesc Torralba. Doctor en Filosofía. Un motor Porsche en el mundo de lo intelectual, fuera de serie, potencia que impresiona. Pero sabes que es un Boeing sí, pero un avión con todas las ventanillas chapadas. Las circunstancias de una vida pueden bienllevarte de forma que la vida nunca se te rompa, ni se te disloque, ni se raje. No has permanecido ni moribundo ni loco, ergo, has tenido una vida normal. Ese magma extra-ordinario ni te ha quemado ni te ha cambiado. Nada ha violado tu órbita natural. Has pagado pasaje de turista y si quieres preferente o más ojos, paga el precio con mucho más sufrimiento. Fuiste un teólogo, y continuas tu obra como un arquitecto, ordenado, apolíneo e impoluto.
Cerca de él Sánchez Ferlosio intenta llamar la atención con un "Guapo y sus isótopos". Pero el libro es filosofía plasta, esgrima de los conceptos, sin carne ni mortal ni rosa. Doscientas vueltas a la palabra isótopo, doscientas fotos de tu perro ahora estirado ahora echado ahora con un ojo medio cerrado ahora echado con un ojo medio cerra... Me sigue asombrando, y me repatea un poco, que una persona se fije, se petrifique en filósofo toda una vida, que lo haya sido a los 20 años, y lo siga siendo a los 70 de la misma manera. Que teorice sobre Kant de joven, y que siga cincuenta años más tarde creyendo que en ese juego especulativo e hiperreflexivo está más cerca de la verdad. Cuando todo es más doliente, sentimental e irracional que no estructural, metafísico y tautológico. Un filósofo profesional también es un minusválido poético. Es como si en esta bifurcación que se metieron en los 20, la hayan seguido por metaestructuras y laberintos etéreos todo el resto de su única vida, a saber en qué parte del per se estarán ahora.
Y después en disciplinas hermanas menores, tipo sociología y psicología, aparece el marketing puro y duro, o la foto del autor/a ocupando el 80 % de la portada, que mejor hubiese sido una foto seis por cuatro del falo a todo color.
Hoy en día nadie utiliza pseudónimos en nuestra cultura del yo, todos creemos que el 100 % de una obra lo firmamos nosotros mismos, pobre del que aspira a ser alguien. Y poca gente reconoce que la escritura muchas veces tiene mucho de dictado, que somos más crisol de lo otro, genotipos con suerte, que geniales mentes genuinas nacidas para decir lo que otros no alcanzan.
Cuánto árbol talado nos ahorraríamos para esculpir el gran listín bibliográfico de la fatuidad.
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