jueves, 31 de enero de 2013

Umbralismo


Me hago con 13 libros de Umbral en una semana. Apenas paso de los cincuenta, ni la mitad de los aproximadamente 120 que calzó. Voy habilitando una web, coso donde intentaré reunir a los inspirados por él. Umbralear es ya una acción en mi vida, que si ya tiene una masa obsesivoide, con las dimensiones del elegido la filia tracciona más que bien. En Internet hay un puesto del rastro cibernético que ocupa diez campos de fútbol, y voy yo con mi pulgar por esas avenidas del html, y me recorro paradas y paradas en trance de búsqueda, espoleado por la compulsión. Es como en cualquier oficina, que uno se enreda en una rutina intensa, y ficha, y grapa, teclea, marca, y ficha y grapa. Al oficinista que llevo dentro le ordeno patearse los diez campos de fútbol. Me va trayendo libros y gangas, y me archiva los ejemplares a seguir y en qué esquina están. Siempre he sido rastreador, aunque no ejerzo. Podría trabajar de chucho conseguidor de viajes, como en mi era musical no me cansaba de escanear cd's con el índice en las tiendas de discos. Soy de rutinas tensas, galopantes, compulsivas.

No comulgo con los umbralianos oficiales, los académicos. Son entomólogos que escriben artículos mojama sobre el concepto de lo transgresor en la novela tardía de F.U., o la cosmovisión del autor en sus diálogos memorialísticos. Diseccionan al muerto y se sirven un costillar o un enfisema. Desde su torreón académico teorizan con un lenguaje nada vivo, casi desde el anti-umbralismo, con el aluminio del concepto, levantando andamios de restaurador. Son la autopsia de un escritor. La coda mineral que hace de tierra hundiendo el ataúd. Certifican su mortalidad, y que nadie se levantará de la tumba para tirarles piedras. Constituyen lo no-Umbral estando tan cerca. Son los primos tontos del difunto. La pena es que copen los congresos que se hacen en recintos feriales. Cuando el mejor simposio sobre Umbral se podría hacer de espontáneo en un café, en una orgía, o en un parlamento. Oigan, no me hagan un libro de una canción, no fosilicen tan pronto lo que es fruición estética, pa qué tanto arqueólogo de la estética si apenas han pasado las centésimas de un siglo, guarden sus anteojos y lupas de topos cegatos por favor.

miércoles, 30 de enero de 2013

"Toas van como putas" vs. [Si pesa más que un pollo me lo follo]


Soy uno de esos denunciantes macho que reformula la proclama sobre la provocación callejera cada día por las mujeres. El hombre es una criatura tosca, que si se estiliza deriva en metrosexual, justamente femenino. La mujer se muestra en río revuelto, en hervidero de hormonas, en la consuetudinaria desatadura sexual del hombre. Es una costumbre temeraria de merodear el avispero. Tal vez inconsciente.

Y entonces se produce el funambulismo de sugerir sexualidad desde la decencia consensuada. Unas medias negras con transparencias, es la manera inocente de hacer burlesque transeúnte de las extremidades inferiores. Es ponerle la cortinilla erótica a unas burdas piernas, su disfraz sensual por todo el episodio amatorio que pasean, acotado, parcial, pero elicitador. "Porque no enseño pezoners ni el coñete". Y así, entre episodios eróticos nacionales nos movemos. Un escote, un balcón de mamas que termina en su punto más apetecible; una espalda desnuda como un ventanal lustrado, capítulo que te sorprende al cruzar una calle; unos leggins que definen toda la mitad de un cuerpo sin ropa, salvo la fina lámina de ropa que parece convocar a todas las imaginaciones lascivas. Es eso, hay un empeño colectivo por invitar a un congreso personal itinerante, a un simposio andante ubicuo, sobre un cuerpo. La gloria de convocar las imaginaciones que prosiguen el apunte erótico de un ropaje y una actitud. Lo siento chicas, pero se os follan con la mirada en cada cruce y caminar paralelo. Es tanta la sutilidad de la provocación erótica en la vestimenta, está tan instituido el burlesque planetario. Es un arte, de lo más homo sapiens que hay. Gira tanto el mundo la órbita de la cama como icono, la moda femenina es esencialmente fetichista de lo erótico, por uso, ya que por función lo es de rebote.
El hombre, es tosco. Un palurdo de rayas y cuadros que sólo apunta a posición social. Los que se erijen en originales, consiguen eso, uniforme personal de diferente, mancha distintiva. "Y nuestro falo parece la trompa rizada de un topo-elefante". El hombre ha de bregar por aparentar ser civilizado, noble, sensato, no ser un salvaje más que se abalanza sobre la prueba a cuestas que son ellas, la criba del cerdícola follaconejos.
El cortejo animal siempre ha tenido este lenguaje violento. Esta interpelación que en lo humano es más psicológica. La mujer se pasea como un ser follable y recatado a la vez, que parece contradictorio pero que contiene una resolución. El hombre, primario, sale a la calle a follárselo todo, se folla encima, y se topa con su maleficio existencial de perrete: transparencias, balcones mamarios, cintas de sujetador por doquier, culos palpables con los ojos, tangas que se le asoman educados a decirle buenos días y buenas tardes. Se encuentra con todo aquello, estímulos, que le golpea su sentido sexual manifiesto. En la zebra y el león, acude presto a la cópula inmediata, y recibe hostigamiento y agresión por parte de la hembra. En lo humano la hostilidad y la agresión es paradójica, parece una clara entrega a las voluntades genitales de lo masculino, pero no es más que rebelión, afirmación, y rechazo primero. El hombre se sube por las paredes, por los bancos, se reúne en grupejos y se lamenta de su desgracia con bravuconerías. La mujer mira para otro lado, como quien ve llover. Estos seres sexuales postizos, no son tan hijas de puta. Hablan, charlan, olisquean a pretendientes futuribles. Sólo hacen de superhéroes comportamentales en los albores con los hombres. Una manera de echar insecticida a tanta salidez indiscriminada es verlos venir, coalicionarse en una moda colectiva, y hacer visible la radioactividad genital. Es una forma bélica de afrontar la relación hombre-mujer. Creo que es un inconsciente colectivo, más funcional en la mujer.
Después en el uno contra uno, delatados ya zoofílicos y asaltacaminos, se da más la relación de igual a igual, sin disfraces. La pena es que ya nos la hemos follado veinte veces antes de la primera copa, con los riesgos de las secuelas y de que la realidad se infravalore por contraste.
En este valle de lágrimas, la relación entre lo masculino y lo femenino es bélica y tortuosa, una hija calcada a la desconfianza. No sé hasta cuando.

Acuse I: Soy megalómano


Hacer filosofía es jugar al subrayado de la vida. Ir a la tienda de lo importante. Lo magno, lo mayúsculo, como quien se arremolina primero a visitar los monumentos de la realidad. Es lo más palpable para la razón y la inteligencia. Y es un estruendo contra la sutilidad.

Ahí esta su megalomanía.

Período acomplejado


El bar de la facultad de Letras es a las nueve calma fosforescente. Este snack bar está en las entrañas de la catedral civil universitaria, en lugar de pladur y mamparas tiene arcos góticos color pastel y columnas mastodónticas de santa sede.
Es un snack bar gótico, una catedral hecha cafetería. Por eso acumula toda la pulsión monumental en él, ausente en los claustros de clausura y los paraninfos de sonetos, vida contenida. Aquí la vida rebosa expectante, se arremolina aún vacía de gente, es el bar del convento. Como si toda la suspiración y la exhalación atmosférica de los habitantes, se canalizara y fuera a parar a estas entrañas del edificio. La vida suspendida de fuera, acaba posándose aquí, a esperar. El bar contiene una calma fosforecente, cuya banda sonora es el moscardeo de la nevera.

Se escribe a punzadas, a borbotón expresivo. La lectura de "Ramón y las vanguardias" me había inhibido la escritura. Es el riesgo de coleccionar libros de Umbral, viene uno y te pone en duda como escritor, creador, virtuoso. Te hace callar más que nada. Orbita tu flanco acomplejado. Inagura un período listonero entre la superación y la derrota. Uno disfruta de la obra maestra y a la vez ve el reflejo de sus limitaciones en su proyecto literario.
Por eso la punzada, el calambre creativo, desactiva por momentos la inhibición ante el coloso.
Poca gente sabe lo que es coger bayas del lenguaje en una mata inabarcable y esférica que te rodea cientos de veces. El lenguaje es monstruoso para un escritor por sus dimensiones. Es moverse en un magma optativo infinito, un coro de sugestiones atronador, que al final sólo puede ser unívoco y equivalente en resultado a un signo = matemático. Una vocecita llamada lucidez encuentra el grano acertado en el arenal de la playa del lenguaje, o un grano convincente próximo al ideal que seguirá invisible y coleando en algún lugar de la cabeza. Al final, el texto es un ejercicio gimnástico en que se ven estos clavados y piruetas magistrales, es una cuestión de precisión poética. Con Umbral te pasa como los rusos, ves su texto-ejercicio, empiezas a ver clavados uno tras otro, te imaginas la puntuación de los jueces, y sabes que después te toca a ti. Y uno no está para hacer clavados línea tras línea. Más si se es un animal de ideas y no de palabras. Si me he alimentado de conceptos, ideáticamente, que eso tiene una dirección y plantilla en el cerebro, mientras que la palabra se forja en otro barrio neuronal y obedece a conductas dispares.
Las ideas son el vigor de un texto, como sus músculos invisibles. La palabra es su carne y visibilidad, el tacto del espíritu de la idea.
Y en eso estoy, en visibilizar y arreglar para su exposición plástica, esas ideas cavernarias desprovistas de adjetivos y corporeidad.

domingo, 27 de enero de 2013

Viaje capicúa a Bilbao


Menos de dos horas para la salida del vuelo a Bilbao, me alejo en dirección contraria al aeropuerto 20 kilómetros a dejar al perro en su guardería-abuela. Una hora para el cierre del embarque, y rehago esos 20 km para recoger a Mónica. Quince minutos para el cierre de la puerta y aparcamos en un polígono cercano. Caminamos diez por los accesos hasta entrar en la terminal. Los cinco minutos nos sobran para pasar el control, repeinarnos, y llegar a la puerta 32 del embarque. Nadie nos ha seguido. Creo que hasta un espíritu madrugador que me persiguió al dejar la casa, se quedó driblado en el periplo y se perdió.
Llegaremos a las 12 h a Bilbao, y a las 21 h tomaremos el vuelo capicúa de vuelta. Visitaremos librerías de viejo, un casco viejo, un perro florido, practicaremos aplicados el txikiteo, y enfilaremos la Gran Vía de López de Haro en una tertulia de casi tres horas vagando ausentes de frío entre escaparates.

El Bizkaibús sale por los túneles de Artxanda y entra en la ciudad sin avisar, para estamparte visualmente con el Guggenheim, en una atracción de feria fortuita. Nos deja casi a pies de la Librería Boulandier, donde tengo apalabrados unos cuantos libros de ya sabéis quién. Boulandier es un personaje de conversación anárquica, que regenta una librería más de libro antiguo que de viejo.
Fotografíamos al perrete, el simpático y acertado perro florido ya símbolo de la ciudad. Me pregunto por su nombre, y más tarde me entero que se llama pupi, Puppy, pupis. Virgen de Begoña, cómo un perro tan singular puede tener un nombre tan subnormal. Me suicido dos minutos de este mundo y vuelvo. Jackie, Toby, Cuky, Laika... dice más de las circunvoluciones cebrales prepuberales de sus dueños que un scanner. A las miles de Laikas, sacaba un decreto que las llamaba de golpe "Era rusa", junto a una ley que obligaba a poner la conjunción "o" en todo nombre de mascota. "Ada o el ardor", "Mortimer o la ascua", "Rinconete o malabar". Coño.
Para calmarme perpetramos el primer bar de pintxos a tomar unas traineras con txacoli. La gente txiquitea, en el casco viejo lóbrego y mohíno de Bilbao, a veces punk a veces aldeano, tramos desiertos se alternan con nubes y moscardeo de gentes, que hacen de tumulto parroquiano frente a los bares, echando el sábado. Gentío discontínuo, abigarrado a sus bares, secando al sol la semana. Contrasta con el gentío homogéneo que desfila la gran vía, en orden y distribución comercial. El pintxo es otro barroquismo español sobre la onza de pan carpetovetónica. Otro equilibrio entre Ferran Adrià y el potaje. Pero la repostería aquí sin más, es contundente, contestando al frío.
Bilbao es de las pocas ciudades en que los hongos pueden estar a dos minutos del centro. Una anticiudad donde irrumpen las montañas. Una urbe montañesa, tan equivocada como todas. Giras la mirada y ves que la construcción más alta son las propias montañas que piden permiso para entrar en la ciudad.
La gente es recia, no son mis ojos. Las miradas tienen fuerza, escrutan, desafían, no es tierra de ojos blandos. Algunas mujeres lucen un típico exceso de maquillaje vascuence.

Erramos por el ensanche toda la sobremesa vespertina, la parte nueva copada de tiendas, con ciertos lugares anclados fidedignamente en un pasado, es el madrid bilbaíno, lo ancorado en un año y no renovado jamás. Descubro ojiplático en un quiosco de diarios y revistas, la publicación "Todo Lubina", una revista monográfica y actual en torno al Dicentrarchus labrax. Aviso a todas mis amistades del hallazgo y consulto si quieren un ejemplar. El txakoli se metaboliza por mi hígado, añado.
Pasamos el resto del día en conversación conyugal de viaje. Cuando aparece una cita con tu pareja, después de años de coladas y cuentas conjuntas, y descubres trozos del galeón de tu mujer avanzando en una conversación que parecía querer salir de algún mar de la infancia y la juventud. Tres horas de paseo errante y charla suave, dando vueltas a los padres, que al final eso es la vida en un dibujo esquemático, dejando que los copos de conclusiones se fueran posando en un Bilbao que anochecía y se renovaba, como viene haciendo desde que dejó de ser una urbe fea e industrial.

Atravesamos los túneles de Artxanda de nuevo, desapareciendo de la ciudad. El café, el pintxo, el libro, hasta el billete de autobús, han superado de precio al absurdo y fantástico coste del avión, 1,40 € el trayecto. Nos subimos a él, y no nos estrellamos en un descampado de Teruel, pese a la imaginación justiciosa de mucho interlocutor. Ryanair no me paga por este post, y debería hacerlo, pagarme los pintxos coño. Poner un banner de dignidad vasalla aquí debajo, para persuadir a la plebe y arrancarle monedas. Que no es otra cosa el día a día que un robo continuo, de unos a otros y de otros a unos. Somos cacos de energía, hijos mangantes, atravesados por un pincho de culpa, que luego aprendemos el acto de regalar y ser donantes y heridos de energía. Un bebé es un ególatra que pacta unas concesiones por necesidad. Un abuelo un herido de guerra existencial, un optimista reducido y derrotado, que dona su corazón entre el pavor de la hostilidad de la vida. Y yo, no me hagáis mucho caso, me he levantado un pesimista caramelizado de feria, chuchería de palabras que juega al malditismo y espera en su kiosco a ser mordido.


viernes, 25 de enero de 2013

Por sus locuras los conoceréis



Ya comenté que la cotización de Apple se hundiría, hace medio año cuando era analista tecnológico fortuito. Una de esas vocaciones repartidas y dispersas, que se mantienen paralelas a uno y que la crítica suele castigar en este país, pues ser polifacético está mal visto y es sospechoso.

Creo, ya con cierta distancia del Sepelio, que lo único que le ha sucedido a Apple es que Steve Jobs ha muerto. De momento, eso significa que la empresa desgaja un tercio de su valor. El Iphone channel n 5 fue una chusta. Es el mejor Iphone que se ha hecho nunca - reza el slogan -, es decir, es un Iphone más, un subgénero prudentemente evolucionado de la especie. Cuando el Iphone original y su estilización señorial en el 4, fue un hito, un especimen, una barrabasada de Steve Jobs, que se puso a imaginar primero y a forzar el diseño después, avanzándose a los tiempos, explotando a su personal, forzando a que lo imposible viera la luz. Eso sólo lo hace un loco, un visionario, una personalidad extraordinaria, para lo bueno y para lo malo. Apple ya no gasta esa talla directiva. Tiene a gente más normal y cabal. El sueño de una noche del 2000 se ha acabado.
Se rumorea en el Pentágono jocosamente, que hay que invadir Corea. El más beneficiado de la extinción del fenómeno Jobs es Samsung, el nuevo trasatlántico del panorama. Aparte de haber sacado la correcta, frágil y obvia versión quinta del Iphone, Apple ha caído en la narcolepsia también a la hora de lanzar su primer televisor. Todavía bostezan las salas donde presentan circensemente sus productos. Nada. El mundo plagado de SmartTv y Apple en la parra. "Esto es una mierda" era el feedback cotidiano en tiempos de Steve Jobs hacia unos de los mejores ingenieros del planeta. Apple palidece a la vez que se humaniza, se vuelve menos extraordinaria y monstruosa. Puede que ya no sea una empresa fenomenal, se vulgariza en resultados y decrecen los fenómenos. Apple es una empresa más normal, Tim Cook también lo es, y los nuevos productos más de lo mismo. Se cierra una etapa de la historia tecnológica que burbujeó en unos laboratorios de la Xerox.

Puede ser que todavía sea un crío o un adolescente, el nuevo lama cibernético que origine la siguiente etapa de la tecnología. Por sus locuras los conoceréis.

Universitat Central


Accedo por uno de los portalones antiguos a la Universidad Central, entro por una garganta del saber, hendidura labrada en madera de cinco metros de altura. Al menos la metáfora se sostiene, frente a este recinto monumental reservado al saber, entre artesonados y paraninfos. Es un edificio de factura eclesial, que tiene hasta estatuas de santos del conocimiento. A toda ciudad se le ha de visitar un mercado, un parque, y su universidad. Cuánta gente de la ciudad nunca ha entrado a esta catedral donde se afila el cerebro, por qué Barcelona vive a espaldas de este lapso monástico y civil, y hasta sus jardines en pleno centro están vacíos de todo, tiendistas, jubilados o parejas guarras.

De hecho sé que la universidad está muerta. Su atmósfera de nevera sirve para conservar el cadáver, un bulo para que no se note. Es un fiambre mastodóntico de piedra. Ya ha empezado a fermentar, y los techos de los claustros se desconchan. Un nisperero-naranjo enorme se ha apoderado de un claustro que ahora es suyo. Los peces del estanque mínimo de Letras están quietos, ya no se desplazan, acompasados a la diletancia del lugar, son peces reos de lenguas muertas.
Las carteleras, picadas como por granos, son la estampa deprimente de los alumnos funcionarios, llenas de mensajes de la no-revolución.

No es que el lugar sea fantasmagórico, es que lo han reducido a la mínima expresión, y durante mucho tiempo. Para empezar, la joya central universitaria de Barcelona, está habitada por el fantasma burocrático, que nace de la madre masificación y del ente público, fantasma que habita toda la UB y la hace vulgar y sin alma. Suerte tienen las carreras de ciencias, que no necesitan de espíritu. La universidad tiene de élite lo que yo de pepero.

Luego a la Central, la hacen sede de filologías renanas, carpetovetónicas y matemáticas. Tienes un corazón, y te lo juegas a los dados a lo primero que salga. Y tiene de todo menos vidilla.
Ese espacio medieval y monástico, bucólico, de sabiduría pastoreada, está para ser violado. Es la virgen perfecta para revolucionarla. Ahora los civilizados que la habitan la respetan como un museo malo. El principal protagonista del edificio es la piedra, la única que habla entre lingüistas. Qué se yo, mezcla a los de Historia con los de Ade, que convulsionen, que se peguen, que tengan hijos toreros. Junta a Bellas Artes con Derecho, que haya tensión, que no se dirijan la mirada, que se deseen tomando el bocadillo. Al siguiente año, alterna Filosofía con Psicología, y cierra la cancela del manicomio. Que alguna vez el edificio de Elias Rogent aparezca en los diarios, que es como un gran bostezo plantado ahí en medio de la plaza.
Basta pasear por ella, para notar que toda la energía que desprende esta catedral del saber - sin cristo dictador que la eclipse - se pierde. Es un fósil habitacional. Un monumento que no está a la altura de la banalidad que lo usa, un desaprovechamiento democrático de una hectárea de arte.


jueves, 24 de enero de 2013

Okupación laboral


No hay cierta prosperidad sin un monotema profesional que se mantenga a lo largo de las décadas. No funciona inagurar cuatro vocaciones y no ascensionar ninguna. La gente va amasando su pelotita ocupacional, año a año, y esa masa va cogiendo volumen: partículas de cursos, contactos, presentaciones, la levadura de la propia experiencia...
Todos parten de su burilla nada notable, y su bregar profesional le va dando vueltas y gana volumen, hasta ser una pelota de considerable masa, cercana al tallaje de lo experto. Este proceso se da a veces azuzado por la vocación, otras por la obligación, de fondo por la inercia, y también por un burilleo compulsivo y estereotipado de los humanos, por hacer algo. Pero la cocción de una carrera laboral se paraliza si uno vira de ocupación, volviendo al estado burilla de los superpluma profesionales.

Es el lado bueno de lo monotemático y la ventaja frente a la dispersión, haces carrera, ganas tallaje, corpulencia laboral.
Creo que la palabra mediana para este fenómeno común, es okupación. La vocación es silvestre y perentoria, un miniyo esencial amenazado en una jauría de necesidades. Es nuestra minoría auténtica, doliente e idealista, que tiene difícil triunfar en unas elecciones generales. Casi siempre gana, nuestro partido obrero, socialista y español.
"Ocupación" tiene una connotación demasiado líbera, eferente, de llenar horas, tocante a la afición. Lo que vivimos más de cuatro décadas en el ámbito laboral es una okupación. Un híbrido entre lo impuesto y lo fruido, una mezcla consentida entre la obligación y el pilotaje, albergamos en fin a un hijo adoptivo de la vocación, porque el biológico se fue a por tabaco.
Nuestra lenta okupación de proyectos adoptivos, parientes de oficina, viajes a ninguna parte, cursos capacitantes con una bolsa de recompensa, horizontes de promoción ilusionantes. La vida de oficina, aula o despacho, que okupa tu espacio vital y que cada día amasa un corpus profesional hasta hacerlo importante. El trabajo nos okupa, no hace ruido ni cicatrices, y nos da unas hechuras dignificantes. A la vocación la guardamos en un altillo encriptado, una buhardilla revolucionaria donde planifica su golpe de estado, al que nos uniremos sin más cuando el llano de la batalla sea propicio y compatible con la vida/dignidad. No es una jaula para la vocación, criatura rebelde, belicosa y justiciera, es que todos sabemos que a los 30 coge sus bártulos y se muda educadamente a la buhardilla rockera, cuando empiezan a picar a las ocho de la mañana unos okupas con corbata.

Los antropoides dependemos de las noches, y su generosidad somnífera. Hay amaneceres en que te despiertas trastabillado de sueño, y necesitas un cortado de mundanidad para funcionar, perder el tiempo una hora en quehaceres cualquiera, como un arranque lento del ordenador aletargado.

El viaje-infusión a Valladolid fue una vacuna literaria ya inoculada. Una forma de doparse lícita del escritor es hacer turismo literario. Es más, hay quien se desposee de todo y opta por la vida, literaria. Sacrifica digamos su trayectoria mundana y natural, por hacer de transfusor de sus libros. Vive para escribir, no como pasión ocupacional, sino como conseguidor de su próximo libro, reo de la literatura, más personaje que individuo, llevando las situaciones a una atmósfera barroca y literaria. Después, pueden rechazar una esposa o un desayuno porque no son suficientemente literarios, que es como haber vendido el alma a una novela, una locura muy disuelta y en vaso largo, que bien puede acabar arrastrando un carrito de supermercado y durmiendo entre harapos no sé si literarios en un cajero.
Como si la literatura no fuera un prisma y emanase de cualquier pedazo de realidad. He visto a algún escritor de segunda lamer las esquirlas de una ruptura sentimental en pleno directo, olvidarse del fracaso que se estaba precipitando para sacar una bolsa de plástico imaginaria, donde metía ideas literarias entre llantos de otros y el zozobrar de la propia vida. No sé si se trata de psicopatía artística o de un pordioserismo cultural.

Quedarme en mi "dacha" mediterránea a que me vengan a píar las palabras tiene de sedentarismo anquilosante. "Batín" y "aposentos" son dos palabras consecutivas en el Diccionario Lúcido de la realidad, y por esa página vamos. Escribo más si voy a encontrar las palabras a la oficina de las calles. Saliendo de casa pronto, sorprendiendo a la ciudad, porque la naturaleza es un cuadro, a las montañas y la playa sólo les recorre una sola historia, entre las ciencias naturales y la lírica íntima. Son una pintura expresiva envasada al vacío de trajín y protagonismo humano. Su antónimo por eso es la ciudad, barullo de historias.

Ya en la medianía del invierno parece que nunca acaba. Estamos cerca de que el año empiece a rodar y se precipite el buen tiempo. Seguimos igual que siempre, independientes en el retiro de los pinos y el mar, arando más tierra de lenguaje, salvando los días de apicultor del dinero, ganando centímetros al suelo en nuestro flotar, nuestra forma de vivir levitando, en burbuja ajena a lo standard, idiosincrática y margenada, manteniendo el equilibrio de un trader literato que no es lo uno ni lo otro, que paga facturas a fin de mes, y vuela a Valladolid para homenajear los libros de un larguirucho genialoide y frívolo, sin par.

miércoles, 23 de enero de 2013

Sobre La Mierda


Hoy podríamos escribir sobre la mierda. Nuestro estiércol, las heces, el objeto del cagar.
Hieden sí, sobretodo si sorprenden, pero todos convivimos con nuestra plasta diaria, a veces hasta con orgullo somático. La de los otros, excede el altruismo. Cagar es un placer, y no voy a venir yo a descubrirlo. Es la única forma de eliminarnos, restarnos, de forma sana, y eso es mucho. Quitarse parte de nuestros inflamados yoes, de la mierda que somos, es una bendición de la filogénesis.

Hoy he sufrido un apretón incapacitante, una experiencia extrema y pasajera de loza. En la biblioteca de Hispánicas, me explotaba el perineo, era presa de un terrorismo intestinal. Cómo he cerrado los ojos y he esprintado el esfínter como en una meta cagante. He giñado, no he cagado. Ha sido algo excepcional, de pleura a recto afectados por el puñal de hez y dolor, un acto urgentísimo, premura rectal. Luego el alivio es hospitalario, santo desalojo, parto redentor emitido al alcantarillado. El invento que ahora Bill Gates propaga en el tercer mundo, el vital pacto de loza entre cloacas de dos mundos.

Gracias María Rosa, por limpiar los urinarios y dejar tu firma en la puerta junto a la fecha y la hora.
Somos arte y mierda, todo en uno. Somos un todo en uno, por diferentes viales.
Y cuando parece que la tragedia va a manchar el día y apestar la percha y el arte que es uno, es sabido que nunca hay límite y el cuerpo llega al más allá del tesón, aguantando una rampa más en la emergencia.
Si no coexiste la diarrea, claro, que es otro estado dispar al sólido, con otras leyes de la física.
Somos una historia de amor y recto.