jueves, 24 de mayo de 2012

Destino del mundo editorial y piratería


El mundo editorial se encamina a paso constante hacia un abismo. La irrupción del libro electrónico trae como máxima novedad no los dispositivos ni formatos, ni siquiera los precios, sino la posibilidad de la gratuidad del mundo editorial, vía piratería electrónica. Tal como sucedió a raíz del mp3, ahora en dos segundos y un click se puede tener acceso a cualquier libro y fagocitarlo. En un cuarto de hora, veinte libros pirateados por una persona, suponen 300 euros que desaparecen de las arcas de editoriales y en menor medida, escritores. Como ahora los descargan más que ayer pero menos que mañana, pues la onda no ha llegado a su punto masivo o napsteriano, estaremos hablando de pérdidas de 3000 € a la hora y 300.000 € en según qué momentos y latitudes. Es decir, las editoriales se van a desangrar. Ir a comprar música y películas ya se convirtió en un hábito minoritario.

A partir de ahora, la idea fabril de seriar libros no podrá continuar, el autor deberá relacionarse con sus lectores, seguir el libro en conferencias, ofrecerles contenidos privilegiados, igual que hacen los músicos. Y creo que debería existir una nueva figura comercial: la donación por agradecimiento. La tecnología pone a músicos y escritores best-seller a la altura de figurantes callejeros, cosa igual de interesante como de precaria. Sus obras no valen nada. Para todos aquellos que las descargan, sus obras tienen el mismo valor que la de un malabarista o solista callejero. Pero igualmente, tras ingerir su producción artística, el sentimiento de agradecimiento y deuda brota, crece una admiración que en algunos casos hasta tuerce vidas y actitudes. Las monedas son una consecuencia natural de ese encuentro, una pasarela de pago a posteriori, limosneada, pero siempre superior a la nada. Quien quiera comprar libros siguiendo las vías tradicionales, lo seguirá haciendo.

Creo también que la mayoría de usuarios de la piratería, está en contra de que se sancione, a juzgar por la ira que sucede a todo intento en vano por detenerla. Vamos a ver, la piratería es un robo, llámalo robinhoodiano o flagrante, pero es equiparable a hacerse con el trabajo de otro, más o menos mimado, más o menos sobrevalorado. A Messi nadie le va sacando los tapacubos del coche a diario. El quid de la piratería es que es chorradamente fácil hacerla, cometerla. Tanto, que no parece un robo, eso y un forcejeo, son antónimos. Se cumple un: es triste pedir pero más fácil es robar.
En este caso luchar contra ella es luchar contra la ciencia. Por suerte, ninguna policía ni ningún político lograrán jamás atrapar a la ciencia. Por lo que cuando tecnológicamente desde casa se pueden copiar fragancias, los fabricantes de colonia ya pueden ir cerrando departamentos y cambiando el modelo de negocio, si no quieren acabar como Kodak.

Todos llevamos un ladronzuelo pícaro dentro, un amigo de lo ajeno que se justifica como un payo y compensa el balance económico del mundo a su manera. Salvo contadas y ortodoxas excepciones, cuando nos llega la oportunidad franca y asequible de saltarnos un poco las normas y “hacer lo que todo el mundo hace”, pues se descarga, se quita impuesto de aquí, o nos va mal pagar el billete. Más, cuando existen corporaciones piratas legales que viven de garrapatear euros y salud a todos, ésas que a las 21:00 h de la noche te llaman a tu casa mientras intentas dormir a los niños, para venderte líneas de teléfono y seguros, las mismas con centros de atención al cliente que justifican por qué el ser humano fue capaz de crear los campos de concentración de Auschwitz, Dachau o Treblinka.

Un roto


El culebrón sigue desenrollándose y es muy cansino. El nuevo actor de Francia - ahora que al otro le han llamado de otro serial - el chico Hollande, inicia con Ángela Josefa del Carmen Merkel, el enésimo estira y aprieta que si quiero eurobonos, y la otra le suelta que ahora no toca. Otra cumbre más, otra patada hacia adelante con la mierda, y el españolito que ya ha adivinado la pregunta que toca: arrinconar a Ángela, mirarla fijamente como un bono, y arrancarle: - va a poner pasta Alemania para salvar todo esto, o lo va a dejar caer??

jueves, 17 de mayo de 2012

Crisis pasajera sin billete


El mayor contraste a esta crisis es el paisaje. Ver ciudades remozadas, equipamientos nuevísimos y modernidad instalada, no dispara el sonido de la alarma personal - latente y crónica en prensa. Todas esas infraestructuras de hace cinco minutos cuando la vagoneta del progreso llegaba al punto más alto, dotan de poca verosimilitud al empobrecimiento comunitario.

Y es que riqueza en este mundo hay, suspiran nuestras alarmas. No hay revolución, revuelo social, porque quedaban muchas migas de los tiempos de abundancia. Migas más bien migajas aparentes, pero poco insuperables como decorado. Cuesta creer que esta modernidad instalada es un mero decorado en una función cruda de penuria económica torpedeada entre despropósitos. Sí, 'Despropósito' va a ser trending topic en los libros de historia económica por venir. Des-proponer, un palabrón genialoide que resume en una palabra toda una saga inepta: estudio, analizo, redacto, propongo, implemento y, ta-chán acabo mucho peor que al inicio.

Pero riqueza hay, y responde a la palabra asimetría. Esto es una crisis comunitaria, en la que cada cual ve menguada su porción asignada de la tarta comunitaria. Si el Estado recorta Sanidad y Educación, para unos les quita lo poco que tienen, para otros les afecta cero con mutua y escuela privada, por ejemplo. Si la recesión elimina la única fuente de ingresos para una persona, a otra puede quitarle más cantidad, pero que es un tercio de una millonada.
Estas obviedades, diferencias más que palpables, sociedad asimétrica meridiana, son respetadas e indignan poco en tiempos de bonanza.

Insisto en que la clase política, no lanza ningún mensaje de aliento. Cero. Ya hay una falla entre político y ciudadano. Si esto fuera el Tour, y todos nosotros un ciclista-masa que agoniza y da el resto en las rampas pared de este puerto-crisis que dura años, nuestro director de equipo es el cabronazo que no para de recordarnos la poca fuerza que nos queda, la imposibilidad que está por venir y a nuestra mirada perdida preguntando hasta cuando, resopla y mira para abajo.
Merecen perder su trabajo! Los partidos clásicos españoles han de bajar directamente a tercera! Espero que el viento del tiempo los ponga en su sitio, como en Grecia, que sus despropósitos fatales provoquen el caos y se atomice el voto, que salgan nuevos partidos, una nueva clase política, que se regenere ya esta profesión podrida por la incapacidad.

Preferiríamos la ironía de un gobernante que dijera: - pero si hay gente que está forrada y tapizada en dinero, qué hundimiento del país. Si nunca habíamos sido tan ricos, vamos a hacer una salida de esa riqueza de forma ordenada y pacífica, y nos ponemos un peldaño por abajo, y aprendemos la lección.
Esta es la historia de una caída. Inevitable, sorpresiva y un poco absurda. Pero como se ha querido tapar el agujero, como no se afronta, la caída va ganando en violencia. Si el que se cae no es ágil, y tiene un cerebro torpe, la caída puede acabar en una gran hostia. Nos teníamos que haber hostiado a la primera y en el suelo entender el resbalón para poco a poco levantarse, con otra actitud. Pero llevamos en el aire varios tirabuzones y pronto tocará el mortal. Y el aeropuerto de Castellón sigue sin abrir.

martes, 15 de mayo de 2012

El paradigma reparacionista

Tras cinco años de este ejercicio comunitario histórico, llamado crisis, se empieza a consolidar un paradigma de hacerle frente, que denomino reparacionista. Consiste en aplicar puntos de sutura a los descosidos y sangrías, mediante rescates e inyecciones de capital.
Esta enfermedad que parece perpetua lo es por sus continuas recidivas, retornando a puntos críticos donde lo mórbido, llámese la inercia funesta, la desidia de lo maligno, campa y avanza por pasillos.

Por mucho que la palabra crisis sueñe con significar cambio, cada sociedad tiene las crisis que se merece. Y otro paradigma, que practique este significado, que vea en el desaguisado un chollo, que ejecute extirpaciones, transplantes, y no suturas ni alicatados, simplemente no es de este mundo. Nuestros políticos, sus esbirros asesores, y la pléyade de expertos económicos oficiales, actúan como mecánicos choriceros que intervienen cuando alguna parte arde en llamas y detectan la avería. Entonces se reúnen y deciden conservar la pieza y repararla. Luego, sus michelines vuelven a botar al cabo de un mes, cuando corren hacia otra pieza ardiendo.

De igual manera, la población no sabe si les han metido en un túnel, o en una cueva sin salida en la que ya han desandado cinco años. No hay aliento en el túnel, ningún guía sabe donde empieza a verse la luz. No existe ningún mensaje que haga mapa de donde estamos, que administre los tiempos, que compense los recortes, tajos, y apretarse el cinturón. Negrura.
A la derecha le han presentado una carnicería soñada para sus ideales, un animal despiezado y sangrante en la metálica mesa del matadero, con las constantes vitales cercanas a la extenuación de los 500. Pueden sí rajar al animal, seccionarlo con hachas, darle un puntapié a las vísceras extirpadas, cargarse una pierna o arrancarle una oreja. Podrían, aprovechar el trompazo del animal, y aplicar su esencia como ideología: que se salve y sobreviva el más fuerte.
Esta crisis podría servir para depurar, eliminar, extirpar, para hacer criba, para refundar. Se podría constatar el estado funesto de la economía y sus circunstancias - digo yo que la economía no es un aspecto estanco de la cultura - y sin paños calientes constatar el nivel de gravedad (profundidad, alcance, duración) del problema. Piip, han pasado 5 años y ahora parece que dos agentes externos independientes, por fin, van a auditar el problema y señalar los focos y el tamaño de los mismos.

Una vez que los bancos por fin muestren sus heridas, tras años de esconderlas y tomarnos el pelo mirando a otro lado, la crisis específica española también mostrará su herida. La pena es que lo va a hacer tirada en el suelo y con un equipo médico sin presupuesto elegido por la mayoría. Sin presupuesto, pero con ideas, que son gratis. Las ideas son pedir más prestado e inyectarlo en empresas ineficientes e insolventes, regalar dinero a organismos parasitarios, tirarlo.

Otra visión de la crisis, sería aprovechar la agonía de ciertos bancos y comunicar a los españolitos que los van a dejar morir. Que garantizarán los depósitos, que costará, pero que eliminarán del mapa estas empresas chapuceras para que descansen con los cadáveres cotidianos de miles de empresas que cierran cada año. Que todo el Sistema no puede depender de los bancos, que esta crisis ha servido para ver que la dependencia planetaria de los bancos es un error por lo falibles que son.

El Mercado es crudo sí, y sentencia a quien no funciona. El precio de un activo se abarata y llega a desplomarse, liquidarse y regalarse de forma natural. En lugar de ver la oportunidad histórica de disolver estas empresas, aprovecharse de sus apuros, y liquidarlas embargando todos sus bienes (cosa que sí hacen los mercados llueva o nieve, ametrallando una empresa ineficiente), a los Estados les da por rescatar empresas inoperantes, ignorando que miles de francotiradores las van a acabar derribando sí o sí.

El Estado no es más que la suma de todos, y en lugar de deglutir el banquete de los bancos que está servido en la mesa, actúa de ONG ayudando a que sobrevivan. Estamos reparando algo que no funciona y que seguirá sin funcionar, le estamos dando oxígeno a un enfermo agónico por compasión, cuando una eutanasia daría decencia al matadero que la propia selección natural acabará produciendo. Lo triste, es que aquí palmar tendrá que palmar alguien, si rescatamos a bancos agónicos, simplemente estamos ordenando una transferencia de mierda gigantesca: salve usted a esta empresa, que se ponga fuerte, y envíela al abajo firmante: el Estado, useáse, nosotros.
  

viernes, 4 de mayo de 2012

Amor rebozado y cola trágica

Creo que fue José Antonio Marina quien dijo que al amor se le han dedicado millones de canciones y poemas, mientras que la función del bazo o la anatomía del páncreas han sido totalmente denostadas y marginadas.

Será que lo romántico y la música tienen áreas cerebrales unidas con Ave, o que los amoríos son las zapatillas de la música.
Pero madre del amor hermoso, qué claro queda ver que el plato servido por excelencia es el amor rebozado. Qué de golpes en el pecho, qué apocalipsis de sábado en pijama, qué desgarros en carnes de aire, qué videojuego bélico en matanza exterminadora, qué espasmos de la cola trágica de uno. Necesidad, necesidad, necesidad, píntala de rosa palo y parecerá digna, acertada. Limosnea por las ondas de la radio, mócate con las canciones, expulsa tus detritos en este magno ritual comunitario. Defeca, en esa gran taza que es el amor. Enloquecete un rato y vuelve, que todo el mundo lo hace.

Todos tenemos una cola, un apéndice vergonzoso donde termina lo más lamentable de nosotros, nuestra parte peor hecha. Nuestra debilidad, incoherencia, imperfección, vulnerabilidad. Es ejercicio común escondérsela y hacer ver que ni existe ni huele. Pero imperiosamente necesitamos agitar la cola, ventilarla, que no hieda. Y en el amor se permite socialmente como rito sacar nuestra cola y darle al patetismo, sacar la viuda negra y el trobador latinoamericano hasta las últimas consecuencias.

Ponemos morritos de pitiminí, mirada congelada, y se entra en trance. Todo se magnifica en el reality, y lo azaroso de encontrar alguien afín, la lotería de disfrutar de una compañía admirada, se convierte en derecho y terreno, por lo que una vuelta a la normalidad, en un coletazo irracional de nuestro apéndice lamentable se convierte en destierro, abandono, tragedia y desesperación.

Todos nos rebozamos en el amor, como en esa arena balsámica y caliente de playa-niñez. Ablandados todos nuestros tejidos, nuestra respuesta a que te "dejen" es lánguida y melancólica. Y para algunos es una gran oportunidad, para rebozarse hasta las cejas. Ponerse la bata de cola y hacer el papelón de Olivia de Havilland que siempre había soñado. Y entonces esas canciones ultracalóricas al uso, programadas para excitar nuestro cerebro emocional más profundo, hacen de la ocasión una auténtica crucifixión íntima y carnicera, creando la figura del amorista suicida. Y si cantan la lotería de toparse con alguien afín, no procede.

"Dientes en el alma, mi ser explota, trepanas mi calma, aniquilas mi tarde, ametrallas mi vida" todo chillando, como si estirase un hummer de un anzuelo para orcas clavado en tu labio.
Aaaaaayyyy.

miércoles, 2 de mayo de 2012

The Big Short, Michael Lewis

Estaría bien un libro que narrase como un pequeño hombre se armó de una rudimentaria lanza, se dirigió descalzo hacia la frondosa selva de rascacielos y bancos neoyorquina, durmió al raso, y apuntó pigmeo con su lanza al corazón de la bestia más feroz. Y la lanza, volaba frágil ascendiendo hacia el mastodonte inabarcable, gigante de siete cabezas, de forma tan invisible que parecía anónima. Y el pigmeo ya se había girado, cuando el estilete penetró el corazón y desplomó a los mercados, volviendo de nuevo para su aldea.

Es harto romántica la idea de un pequeño hombre que construye una lanza, y se va con ella a arrojarla y derrumbar este gran ente etéreo y maligno que constriñe al mundo, tumor intangible de todos, llamado mercados.
Si bien no exactamente, ese libro y esta historia verídica ya existen.
Es sabido y sufrido por todo el mundo, que la mayor crisis económica en 80 años acaeció de forma sorpresa, como esas fiestas sorpresa en que todos los testigos se esconden y el planeta se dirige a la enésima década de crecimiento, pero resulta que es David Lynch quien firma la realidad, y los testigos son expertos payasos que no existían y que aún corean desde la ultratumba "todo seguirá creciendo", y encima de la mesa en lugar de pastel de cumpleaños, simplemente hay un agujero colosal de dinero negativo. Buenos días, el mundo debe tropemiles de miles de millones de euros, tiene suelto?

De los productores de "construir pisos como quien juega a la petanca", siendo el boliche el criterio para otorgar préstamos. - María, he ido al banco a pedir 18.000 € y me han dado 105 mil. En esos tiempos en que crecer era borrar la etiqueta de precio de un piso y poner una mayor cada dos meses, sí que hubo en Estados Unidos algunos pequeños inversores que tiraron su tímida lanza al ojo del gran ente. The Big Short, de Michael Lewis, narra la historia y la biografía de esos pequeños inversores que no sólo veían aberrante la forma de inflarse la economía y el obrar de sus habitantes en la compraventa de pisos, como un mundo enloquecido, sino que construyeron sus lanzas y las tiraron contra el Sistema.

La única manera de ir contracorriente, era comprar seguros de impago de aquellas barbaridades, lo único que protegía del futuro desplome de esos activos, en especial los más aberrantes, los subprime. A medida que se plasmase su colapso, esos seguros adquiridos a bajo precio, adquirirían un altísimo valor por ser lo único en el mundo que evitaba la descomunal pérdida.
Mientras el mundo sangraba hipotecas, y ninguno de nuestros expertos oficiales supo ver venir las hostias, abro paréntesis: razón por la que debemos esperarnos grandes desgracias en esta crisis, algunos de esos inversores únicos ya han invertido en armas, cierro paréntesis. Ellos, con años de antelación, se sintieron perros verdes día a día por apostar contra el mundo oficial, contra las hordas que se endeudaban y aceptaban precios obesos, contra los bancos que se empachaban de riesgo inmobiliario eruptando, se sintieron paranoicos por ver lo que la inmensa mayoría no veía, y fueron los hombres más coherentes del planeta.

Cuando el mundo sangraba de verdad, ellos recogían sus frutos, fieles a su verdad ermitaña y de cueva, fina como la línea de una lanza en las coordenadas crípticas del mundo.
(es muy ingenuo a nivel planetario, estar tan tranquilo. Después de constatar que ningún experto oficial pregonó la crisis, se deriva que Esto no tiene ni pies ni cabeza. Estamos en manos de conductores suicidas). 

miércoles, 25 de abril de 2012

Guardiola el ortodoxo

La verticalidad negativa. Ese concepto recreado ayer por el Barça que consiste en hacer la enésima diadema a la frontal del área de lado a lado, buscando no sé cuál nuevo bonus en el fútbol. Parece que al señor Guardiola le ofende hacer un gol de rebote, como si sólo pudiesen existir goles con filosofía, goles metafísicos. Sean los defensas Drogba o Etoo, es igual, yo puteo a Messi y le digo que sea un running back de fútbol americano con los pies y lo inmortalizo estéril ante todo el mundo. Puteo a Xavi y mancho su carrera, le hago mangonear este fracaso, frenarlo, hacerlo cruel, extender la impotencia, crear la verticalidad negativa en el mundo del fútbol, que es frenar el sentido común, ignorar cualquier disparo, meternos en el laberinto, y nunca emular los medios segundos de Scholes o Essien.

Tenemos el equipo que mejor juega al fútbol, que reina y después se despeña ante equipos que les da mil vueltas y que te plantan el antifútbol. Y Guardiola, el ortodoxo, el fundamentalista de la horizontalidad, consigue un encefalograma plano. Ante el antifútbol, se vuelve cruzada iluminada, y sigue sacando al fútbol. Y estamos en la puta calle. Saca al monstruo de Xavi a ridiculizarse, pone a Messi bien centradito porque no vaya a ser que lo oblicuo impacte menos, deja a Busquets bakerizarse viciosamente, inventa el Alexis muñeco como daño colateral, permite a Alves jugar a no sé qué, apuesta por Cuenca, y prohibe desbordar a los laterales no vaya a ser. Mascherano en el puesto de Xavi, Puyol en el área, Messi en la banda, y a la mierda las diademas, chutar, chutar, y recoger rebotes. Contemporiza tu comida, tu agenda, tus bailes, pero no especules con la urgencia. Sólo así ganas el premio de tener un 85 % de posesión y acabar 2-2, es de un mérito barroco y absurdo de órdago. Si las reglas del fútbol fuesen hacerle diademas al área el Barça ayer ganaba 30-0.
Y la gente dora la píldora, y yo me bajo del barco antes que se siga hundiendo autofelado, mirando levantar copas a los gitanos, y con una nueva psicosis ante los equipos pequeños. Me bajo y dejo que crezcan otras aficiones más sanas, más cabales, más acertadas, sea la jardinería, la papiroflexia, o alguna nueva constelación de la NBA.

domingo, 22 de abril de 2012

La voz gangosa del mundo

Todo el mundo tiene boca, y se equivoca. Pero la gran mayoría de nosotros tiene una rendija microscópica que emite fonemas inaudibles para el grueso de la sociedad. Nuestro discurso es insignificante por ello, tiene influencia cero coma, y no provoca ningún cambio para bien o para mal en el mundo.

Después están las bocas de tertuliano, aquellos que marean la perdiz en radios y televisiones, se les coloca en un lugar bien alto y visible, y consiguen cotas insuperables de esterilidad y gatillazos épicos en su capacidad de influencia. Si fuesen capaces de escribir buenos libros, no serían tertulianos, pero darle a la lengua es algo de portera caradura.

Y luego están los que escriben libros, un discurso meditado y lanzado al mercado para aquel que quiera escucharlo. Son bocas pensadas - o bocas apuntadas por el marketing otras - que sí influyen en los otros si el libro no es aniquilado a la mitad. Y las bocas se solidifican influyentes, si los lectores propagan los análisis, si el seguidor memoriza sus citas y las dispara un día D de su vida, cicatrizando su huella. Son bancos de opinión, que prestan parte de su intelectualidad a una multitud que le hace falta, y cobran por ello unos intereses claro.

Después están seres gigantescos mediáticos, que aparecen en tus app de noticias día sí día también. Deportistas, políticos, y cantantes pop, que tienen un corpus de diez mil telediarios y una boca rendija tan banal como los de la orilla de dones nadie. Emiten unos mensajes de vida inteligente dudosa que, o bien son bálsamo anestésico despistador de los votantes, trámite y justificación de los hinchas, filón de ventas para las empresas que visten y asisten a fans y seguidores. Uno de cada billón tiene algo parecido a un discurso, y así nos va que nos caen hostias del cielo y no tenemos ni pajolera idea de dónde vienen ni cuando van a parar.

viernes, 20 de abril de 2012

Sentimientos diesel


Es curioso como la cotidianiedad tiene su naturaleza de aluminio, tan sólida como hueca, tan protagonista secundaria como esquelética. Una gran masa continental que se desplaza al ralentí por los meses.

Y es de una geología dramática como las leyes de esa física se volatilizan y se crea un mundo alterado, cuando los sentimientos dan un golpe de estado a la burocracia ordenada de la cotidianiedad común.
Todo ese continente se funde, se revuelve con las columnas licuadas de aluminio, y elimina toda solidez y lentitud.
Nuestro yo cambia de sustancia corpórea a magmática, se ha producido una fundición del esqueleto suficiente, se han disuelto las esquinas, de nuestro par de calles, con los edificios reconocibles plegados como una maqueta de cartón.

Las leyes de ese estado son otras, muy diferentes. El tiempo entra en rebelión, brincándose las pausas, reconectando antes y despueses a discreción, deshaciéndose, electrificándose, mitad sinfónico mitad desbocado.
Se produce un olvido de esa cotidianiedad, tan resignada como querida, y un sentimiento de extrañeza por abandonarla.
Y dramáticamente se redefinen todos los rumbos de nuestro gran continente, sin pensar nunca en la palabra anarquía.

Aunque no se nos ocurra, la dinámica general se ha enrarificado, el gobierno de nuestra sustancia magmática requiere duplicar nuestro equipo de apoyo. Pero nos lanzamos al océano con fe, con los ojos inflamados, sin sospechar todo el desorden que se nos ha formado.
Y hay singladuras épicas sí, que llegan a puerto y perviven la gloria. Y hay naufragios ordinarios anegados en la tormenta y la ebriedad de la estabilidad perdida de uno.

Los sentimientos a pelo son entusiastas compañeros de vida que traen la revolución. La oportunidad de una verdadera revolución física, el paso de un estado estable y ordenado, a otro estado futurible, probabilístico.
La mayoría de veces, al aleteo, a la levitación de la rutina, le sigue el alunizaje. Como la rebelión es fajada o placada, nos mareamos con las referencias licuadas, y después del extravío, retorna a posarse poco a poco la realidad pródiga, que siempre estuvo, aunque disuelta, y las leyes de la física regresan a ser sensatas y estables, en una forma diesel de sentir.

domingo, 15 de abril de 2012

Madrid, 1987


David Trueba ha sacado a la calle nuevo trabajo. En una esquina del centro vende bicicletas y figuras hechas de alambre, y también acompaña el género con patatas y pimientos morrones del pueblo.
“Madrid coma 1987” es su nueva económica película. Vayamos al grano...: Trata de como un viejo de sesenta años persevera en fornicar con una bella joven de veinte, durante 24 intensas horas solos en un piso. Como el anciano fuerza y vuelve a forzar la situación, consiguiendo que follen sí los dos juntos a media película, y que este acoso no pueda ser tachado de pervertido, más bien de elegancia y raciocinio.

Esta pirueta extrema, la realiza D.T. usando un sujeto protagonista escritor, articulista de primera, que firma cada día en periódico nacional, en 1987, que bien podría ser una realidad paralela y de la talla de un Umbral. La chica, una estudiante que admira y bebe de la intelectualidad del personaje interpretado por José Sacristán. Ella quiere de él una charla, una entrevista, y él quiere echarle un meridiano polvo y vampirizarle juventud. Ella acude a él abierta de par en par de mente, deseando que él inocule ese elixir de talento y sabiduría que desprenden sus columnas. Él quiere follársela, pero es como un vehículo en servicios de salido que siempre lleva los visores del sentido común de fábrica. Y tiene un sarcasmo tan invasor de sí mismo, que no le permite contemplar más de un segundo la ida cabal y decente de la vida. Sabe de sobras que en la odisea al polvo, puede llegar a admirarla, escucharla o adoptarla, pero estos sentimientos complejos ya le dan mucha pereza estando de vuelta de todo. Y de nada.

Es un baile imbricado entre el talento, la experiencia y la sabiduría tañida por el anciano, y la eficacia casi perfecta del joven cuerpo atractivo de una mujer potente. Él la desea con la saliva de desear imperiosamente un cuerpo, unas tetas, un simpático coño. Ella desea algo etéreo y casi incorpóreo como sus ideas, esa máquina de vapor que bombea y produce efluvios que tanta satisfacción le producen a ella al leerlos, y son de él. Trueba nos deja un pinta y colorea, ya que las repugnancias recíprocas parecen gravitar explícitas sólo en un hemisferio de la historia. La frontera de todo parece pasar continuamente por ese cuerpo ajado, senil, colgandero, feote y blanquecino, de José Sacristán. Pero el ocurrírsele ella como un coño en flor, y poco más, se debe a un depósito previo de repugnancia, hacia ella y hacia muchas cosas. El talentoso, clarividente, repugna al común de los mortales y sus circunstancias; el aristócrata intelectual, poderoso en su columna escrita que sustenta una gran alcoba del país, para qué puede imaginar que una niñata admiradora más estudiante de periodismo le puede incluso llegar a aportar, algo. Quiere su kleenex cuerpo delicioso de María Valverde, y es tan cínico de verbalizarlo, sostener su defensa, reproponerlo reiteradamente, sin nunca dejar la decencia abandonada más de tres metros en una esquina.

El primer tercio de la película es maravilloso, pero me pareció una lástima hacer que se quedaran encerrados en un baño de un edificio sin vecinos durante casi un día. Porque creo que no hacía falta para seguir plasmando esa tensión entre deseos sexuales y etéreos, el escritor podía haber conseguido el maravilloso fornicio, también sin encierro.
Ahora pónle diálogos a esta dinámica, y tienes la buena película de Trueba, con un presupuesto acorde a los tiempos que corren. La película también obedece a una criatura, el centauro protagonista que resulta de la encarnación de Sacristán de la cabeza de David Trueba. El segundo es capaz de construir un umbralito o ruanito, como ya nos tiene acostumbrados en su taller de personajes genialoides. El actor es capaz de interpretar a un intelectual como la copa de un pino sin serlo, por lo que buen actor lo es un rato; y para mí lo más difícil no es soltar esas frases genialoides pensadas por Trueba David (- Me dices Profesores de periodismo, profesores? Pero, es que a los perros les enseñan a ser perros?), lo realmente difícil son todos esos momentos intermedios y acompañantes de la intelectualidad, las pausas, entonaciones, los deslices, el lenguaje no verbal, que en José Sacristán-Intelectual genialoide salido, da cero coma diez ceros uno tres dos no naturalidad.
En “Bienvenido a casa” un mal casting se cargó la película de Trueba; en “Madrid, 1987” un buen casting hace que un presupuesto precario dé un producto mejor.

En el transcurso de la película, todos nos montamos en el vertiginoso vagón pendiente arriba del escritor raído que intenta vampirizar con fervor la vida, en un baño alicatado de verde pálido de los 70. Nos proyectamos en el momentum de la vejez, cuando un mandamiento divino parece forzar a renunciarnos, a renunciar a todo lo fresco que hemos sido, a subsumirnos en un apartado postrero lleno de papillas, pieles colgantes y ganchillo. El desespero ante la flacidez y oscuridad de la vida.
Ella es el fruto, el alimento que poseyéndolo puede otorgar un revivir a la carne dormida de un yo del pasado. Y le va la vida en ello, en una conducta rayana en la perversión, en una salidez tosca y desagradable a primeras, con la polla en la lengua por si aún queda una última barra.
El circuito común de tolerancia de la joven no tiene esas tragaderas hasta bien retratado el choque, la colisión entre un cerebro artístico privilegiado con piel de cipote, y un soma femenino en plenitud y estrellato con dos glándulas mamarias, una vagina con vello rizado, y una piel magnética y última, asistiendo a una lección inigualable sentada en un váter de un baño alicatado de verde pálido de los 70. Follársela le va la vida, y en el esfuerzo despliega toda su potencia, habilidad y versatilidad intelectual en pleno apogeo. Ésa es la única cuerda que ella no rechaza para seguir participando de la interacción.

En el fondo del fondo, la grandeza y la estupidez de la vida. La obra maestra y su suciedad concomitante, el talento y todo lo que no es talento, la belleza y el asco de una mujer cagando enfrente, la admiración por la inteligencia y la guarra nariz donde reposan sus gafas.

Y sí, él la penetra sentados en la pared exterior de la bañera, con las piernas de ella tensándose al máximo contra la pared, y las piernas de él como en un pupitre aguantando toda esa carne que magrea, sublima y vampiriza. Y copulan. Y se corre ella primero en un jadeo femenino, al que le sigue un orgasmo soplado y eyaculatorio de él.

Y ves una historia que no ves cada día, y te la desloman, te la despiezan, te expatrian de una cotidianeidad soez, crítica, facilona y hueca, y vampirizas. Vampirizas otra vez a Trueba David, pagas los 6 € del cine, o los 12 € del libro, y él te da ese depósito ensanchatorio de la vida, te hace ver que es posible unir a un anciano y un pibón sin transacción monetaria de por medio, se te destapan las narices, se te ensanchan las miras, te repinta las resignaciones, y sales a la calle con cierta seguridad que la magia es posible, que al girar de una esquina los acontecimientos pueden ser muy diferentes a lo que la ley de la inercia y la rutina apisonan.