lunes, 17 de septiembre de 2012

Mr. Potato genetics


Es fascinante como la genética juega al Tente y da los jekyll and mr. hydes que van resultando los hijos a partir de dos moldes. La genética es caprichosa, azarosa, que así ha asegurado la supervivencia, diversificando y filtrando. Yendo a la derecha yendo también a la izquierda, y en el siguiente giro de la singladura evolutiva, yendo a la derecha y yendo a la izquierda otra vez, sucesivamente. La genética lo hace probar todo, y nos da los tentes que son nuestros niños.
Una nariz respingona de mamá, unos labios de trompetista negro de papá, la mala leche de la abuela, la comicidad del tío Paco, los pies de hobbit del padrino, el mostacho adolescente de los Peláez... La genética sí, juega al señor Potato con todos nosotros.

Y en el sofá de una familia numerosa, medra el despliegue de todas esas piezas recombinadas, un lego familiar tumbado. Tal vez por ello me enganchan obras como Abierto toda la noche de David Trueba, sagas familiares despiezadas en que ese maravilloso puzzle, queda al descubierto. Una familia es como una orquesta llena de vendas que camina unida mientras se golpea y se necesitan. Un habilidoso mecano con todos los pesos inténtandose adaptar y compensar. La genética ya tiró los dados, ahora toca descifrar el código y resolver el puzzle. No es más que un complicado juego de espejos, entre cosas calcadas en otro, a la vez desdibujadas cuando más nos parecíamos por una pieza con la que no contaba. Si es que a veces tanto nos parecemos que en un segundo nos volvemos otros. La familia, esos yoes con psicología incestuosa que no se tienen que tomar muy en serio. La familia, un polvorín junto a un tesoro, que a veces explota mientras se disfruta y viceversa. La arqueología de nosotros mismos, y a la vez nuestra arquitectura contemporánea. Un regreso al futuro revisitando el pasado.

Amplitud de mundo


En un pueblo remoto y rural del estado de Wyoming, cualquier televidente tiene acceso inmediato con su mando de televisión, por ejemplo, a una comunidad de más de 300 millones de personas en un territorio de casi 10 millones de kilómetros cuadrados. De la misma manera, tiene acceso a un mercado de bienes de las mismas dimensiones, y a todas las sinergias que se generan.

A esta capacidad, la podríamos denominar amplitud de mundo, entendiendo mundo como la comunidad donde podemos movernos y compartir bienes e información. Está claro que una de las claves de la dinamización de la sociedad norteamericana frente a otras comunidades menos dinámicas, es su talla y tamaño. Los contenidos culturales de EEUU luego serán más o menos criticables, pero el hecho es que tienen una diversidad suficientemente amplia como para tener de todo, y en todas direcciones y tendencias.
Pertenecer a una comunidad tan vasta y compartir una red común, permite enriquecerse de las aportaciones distantes que en otras latitudes no gozan de una vía directa, como es el caso de Europa y las barreras lingüísticas e identitarias. Nebraska y Nuevo México tendrían una autopista de flujo de experiencias entre ellas, Croacia y Extremadura un puerto de montaña a recorrer.
Existiría pues una amplitud de mundo doméstica, que viene dada casi automáticamente por pertenecer a una comunidad XL, donde el ciudadano no debe hacer mucho para estar inmerso en una megared de cientos de millones de habitantes en un territorio que se cruza en unas 6 horas de avión. Igualmente, el ciudadano que domina idiomas, viaja, y amplía los límites de su comunidad hacia otros más globales, incrementa esa amplitud de mundo que no le viene tan dada por el lugar donde ha nacido.

Puede ser que en el futuro, cualquier habitante del planeta pueda conectar de forma doméstica con cualquier parte del mundo. Que los contenidos tailandeses sean relevantes para los jubilados cántabros, y que el folclore de pueblos de Zambia sea vivido de forma más o menos directa en los inviernos noruegos, y entonces más que de amplitud de mundo hablaremos de aviones supersónicos y presidentes mundiales. Antes de ello, Europa se podría plantear tener una amplitud de mundo doméstica más común, con algún canal de televisión europeo, periódicos europeos, empresas multisede con formación y vocación europeísta, programas laborales rotatorios, etc., e ir tirando todos esos tabiques que actualmente forman parte de otros siglos y no del futuro.   

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El 12 de setembre




No existe la identidad pura, nadie ni un colectivo es 100 % algo, sino que puede haber un 30, o 15 % de oposición a algo, de resistencia, que configura la identidad como ser un no-algo.

En Catalunya las cosas han cambiado, y tarde o temprano el resto de España irá cayendo en la cuenta. A más resistencia e indiferencia hacia el proceso de Independencia, más se fortalecerá, más crecerá la identidad, en ancho y alto.
Catalunya de alguna forma ayer se cuadró, y el rumbo parece estar tomado. El partido político líder en la historia contemporánea mudó su posicionamiento, y ya no da entrada a ningún modo españolista.
Esta mañana Artur Mas realizó una buena rueda de prensa en el 12 S, el día después. Para empezar sintetizó los 30 años que nos preceden, la etapa post-franquista, autonómica, pujolista: habló de un trasvase constante de energía de Catalunya hacia otros territorios de España, una generosidad para hacer de España un Estado más fuerte y capaz, que a cambio sabría corresponder las aspiraciones nacionales de Catalunya. Al no cumplirse este retorno, hemos llegado a esta nueva fase.
También ha relatado que debe tratarse de un proceso normal. Nada más allá de una independencia normal. Un proceso con paso firme, tranquilo e imparable, por las diferentes etapas del camino. Una gran mayoría de Catalunya está decidida a realizar todos los pasos complicados para ganar metros y metros al proceso soberanista, y sin prisas, se recorrerán los años que haga falta sin dar pasos atrás.

Claro que nadie garantiza la Independencia de Catalunya, ni hay fecha ni embajadas todavía. Pero ayer la gran mayoría empezó el viaje, todos se subieron y millones de personas caminan en la misma dirección, nada más ni nada menos. Habrá nuevas elecciones, Ciu y Erc deberían sumar más apoyo, el Psc debería secesionarse primero, pero dentro de estos pasos, el Parlament debería declararse independentista por mayoría, lo más amplia posible. Eso sería una oficialización de lo de ayer, una legitimización democrática.
Entonces, en España dirán Nanai. Recordemos que cuanto más desagradable sea el no, o más falso, más crecerá esa identidad por oposición. Y que hablo de posturas moderadas, dentro del independentismo hay gente mucho más radical que quiere la independencia mañana sino hoy, a aquellos a los que Artur Mas se refería implícitamente con un nada de dramatismos, esto es un proceso natural.
Pero ya es un debate diferente con Génova y Ferraz, porque hay unos cuantos millones de catalanes en la interlocución. El clima, el secarral españolista, debe cambiar. Año a año se ha de producir una pedagogía para que las caras de asombro cedan cada vez más a comprensión. El debate se debe ir ganando. Se ha de recurrir a organismos e instituciones europeas, mundiales, se ha de ganar sim-patía con un proceso que tiene mucho de natural y poco de bélico o encaprichado. Euskadi avanzará, a su manera, en otro proceso paralelo, y sumará argumentos. Al final, autoridades de ámbito europeo y mundial se pronunciarán a favor de Catalunya. Si se ha ido ganando terreno, independencia fiscal, diplomática, educativa, al final España verá el pedazo medio roto y es más probable que lo deje ir, o que intervengan arbitrajes. Y mucho dependerá de la ejemplaridad de la sociedad catalana y de sus líderes. Però el camí a Ítaca, l'esperança de superar una història tacada de submissió, sang i injustícia, el somni d'assolir tot el que els catalans de la història han lluitat, i han sigut conquerits o subjugats... ha sigut encetat i portem a les nostres esquenes una nació de milions de persones vives i milions d'ànimes històriques.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Ryanair se suicida


En los albores del 2000, una aerolínea que mentaba el gaélico nombre de Ryan, sonando tal que CarlosAir, era una auténtica desconocida. Yo, aún estudiante, me dirijía en tren hasta Perpignan para debutar en la aerolínea que iba a cambiar el cielo de Europa.

Han pasado diez años y Ryanair es la compañía líder en aviación. A base de una tendencia democratizadora del privilegio de volar, ha conseguido esta cima.
No obstante, apostaría algo a que estamos en el inicio de su fin. Ha logrado, tras muchos empeños, entrar en la sartén, en la paella de la prensa, para irse cociendo poco a poco. Ahora ya es foco antipático de la opinión pública, enemigo cotidiano y laxo en la plaza mayor, hasta una especie de entretenimiento, un coliseum con tigres que le harán pagar.

Se lo ha ganado. La magia del low cost, su magnífica historia ejemplificada en varios libros, el éxito sin precedentes de batir a Iberias, Lufthansas y British Airways, se está yendo al garete por una especie de suicidio empresarial: desprecio al cliente. Tú pon los precios más baratos, o inunda de dinero a tus hijos, da igual, si intentas abrir la cabeza de par en par con los regalos, vas a conseguir una indiferencia eterna.
No sé si Michael O'Leary ya está hasta los huevos de su trabajo, bregar penique a penique quince años denodados por ser más eficiente que antiguos imperios empresariales, no sé si esa cultura de veterano de guerra inacabable se desparrama en mandos intermedios hasta llegar a la atención al cliente, no sé como mentan día a día al ciente puertas adentro, pero tal vez ganaría por mayoría un apelativo: somos unos capullos, tal cual. Les jodemos el día a día, entre inspecciones paranoicas de maletas, sueldos pelados, colas ansiosas una hora antes del embarque, restricciones del combustible, asientos prohibidos por decreto, broncas por un trato más digno...
Tal vez el enemigo de la ingrata supervivencia de la empresa, emocionalmente se haya transferido al cliente, más allá de la competencia y las cuentas.
Y eso, en una empresa que vive de subvenciones públicas, y de una intachable seguridad que ahora tiene encima el termitero dudoso pero constante de la prensa, da un cuadro enfermo de la salud de la empresa. Ellos sabrán si se tratan o siguen despreciando sus fuentes de ingresos.

martes, 4 de septiembre de 2012

Lenguaje subliminal y clandestino


Toda palabra que usamos al pronunciarla o al pensarla, va acompañada de una mini representación mental asociada. Si por ejemplo pensamos en la palabra jardín, y nos detenemos un poco a repasar qué imagen se enciende en la cabeza al pensar en la palabra... veremos que cualquier palabra tiene una especie de pegatina súbita asociada, muchas veces tratándose de un color que nos suscita la palabra, o bien otra imagen de un término que suena parecido [posible:jazmín] porque parece que al coincidir en varios estantes clasificatorios juntas, el imaginario se solapa o se contagia. Asimismo, algunos rasgos de sonoridad de la palabra muy característicos, erres o jotas marcadas, pueden contribuir a aparecer en la pegatina mental de una palabra.

Cuando emitimos una frase, un discurso, o pensamos de corrido, no nos paramos a observar la estela de apuntes que suscita cada palabra. A veces parecen perder todo ese puntillismo impresionista natural del lenguaje cuando se trata de un discurso. Pero siempre está detrás agazapado. Es en la poesía, o en el lenguaje publicitario, cuanto más se explota todo aquello que suscitan las palabras. Porque aparte de ciertas imágenes, algunos fonemas asociados también despiertan algunos sentimientos aupados por una pronunciación determinada.

Algunos hablan de la subliminalidad del lenguaje. Pues es verdad que existe esta clandestinidad de las significaciones del lenguaje, ocultas por una falta de tiempo de procesamiento. El común de los mortales no puede ir analizando la génesis de las ideas mentales, pues él las usa, las utiliza, por simple adaptación al medio, y en ello claro omite cierta conciencia del proceso.
Más tarde, puede sentirse realmente impactado e impresionado, por un lenguaje poético o publicitario, que le engancha sin saber muy bien por qué. Nada más allá que está siendo captado, es decir, al mismo tiempo que él capta todo ese reguero perdido por el que ha transitado pero que ha visto de refilón, sendero que le es propio y alieno a la vez como un brazo fantasma, sentido pero invisible... al mismo tiempo que capta aquello es captado, como si se abriese una compuerta entre esos dos canales incomunicados, y se produjese un reflujo en ambos sentidos.

Bendito aquel que puede moverse y manipular en ese entresuelo del lenguaje. Por ejemplo, cuando nos imaginamos los años 1987 o 1994, la pre-imagen en la mente que nos suscita, puede ser muy diferente a la que provocan 2005 o 2012. En mi caso los 1900 suelen adquirir un color rojizo, mientras que los dos miles gozan de un color blanco plateado o azulado, dado por su modernez. Seguro que si viese por la calle un cartel con un 2017 muy a la antigua, me engancharía un rato por el contraste que ya ha creado mi mente, por esa destilación natural clasificatoria que hacen todas las cabezas. Existe pues una franja del lenguaje semi-oculta, donde adquirir ciertos matices concretos puede hacer mutar las palabras y hacer que impacten por sorpresa a los ojos de la gente, una zona inflamable que siempre yace ahí, pero que mágicamente necesita de cierta aventura y arqueología para ir a rescatarla.  

lunes, 3 de septiembre de 2012

Miedo a la buena suerte


Casi nadie tiene miedo a la buena suerte. Solemos celebrar los golpes del destino que nos favorecen, y nos montamos en ellos como en una ola positiva. Si el viento sopla a favor, aunque sea con ráfagas de casualidad, nos solemos aprovechar y nos dejamos llevar, más si es en un espacio dilatado de tiempo.

Al fin y al cabo la administración de la suerte tiene un imán que acaba igualando los montones de venturas y desventuras. Sí, cabe la probabilidad, remota, que no sea así, como también que mi abuela tuviera un día bigote. Pero en la acumulación de buena suerte tendemos más a atribuirle una borrosa justificación de merecimiento, que no a subrayar el papel del azar frente a los logros.

Pues bien, nos guste creerlo o no, la mala suerte está esperando a la vuelta de la esquina cuando la moneda giró a nuestro favor. - Pero si es una cuestión de azar! grita una voz inconformista de fondo. Cuesta aceptar que el destino nos va a dar por culo inevitablemente, aunque sea en una dosis, pero es una actitud muy humana aplaudir las victorias y lamentarse en las derrotas, absurdamente más cuando se trata de una cuestión de azar. Un poco masoquistamente, nos gusta acarrear sobre las espaldas cuestiones que se nos escapan, extralimitarnos aunque sea fallidamente en abarcar más de nuestras posibilidades cotidianas. Tras unos metros de heroicidad, volvemos a casa sin más como un caracol ermitaño, pero hemos demostrado garras, tenacidad, en nuestro showroom interior.

Tal vez sea más económico, no creerse mucho las victorias, con esa guinda de suerte inevitable, y sonreírse en aquellas donde la potra, esa suerte exagerada, nos pone en evidencia. Sea más eficaz, no llorar desventuras naturales, propiciadas por un azar caprichoso, sabiendo que tarde o temprano cambia de bando. Saborear en justa medida los triunfos, o deleitarse con ellos para después requeteamargarse con los infortunios, la vida parece que nos obliga a elegir entre hedonistas o estoicos. Que nos fuerza a elegir una amplitud de onda psicológica de afrontamiento, para nuestros picos y nuestros baches, en el espectro satisfacción-insatisfacción. En un extremo, la vertiginosa bipolaridad fisiológica, que es extática en los picos y una falla depresiva en los valles, tangencial en la incompatibilidad con la vida. En el otro, la recta plana sin oscilaciones, la recta robótica que no se inmuta y entiende poco de emociones, del binomio placer-dolor. En el medio, las sinusoidales de todos, que sólo se modulan por las expectativas, los credos, los tiempos muertos pedidos irremediablemente... donde pequeñas instrucciones interiorizadas, pueden hacer que nuestro macrorrumbo sinusoidal empiece a dibujar alterando unos grados suficientes su destino.     

jueves, 16 de agosto de 2012

El sentimiento europeo



Hagamos un poquito de geopolítica-ficción, e imaginemos que en los Juegos Olímpicos, un norteamericano sube a lo más alto del podio, para escuchar el himno de Dakota del Norte y así ganar una medalla más que Massachussets y Colorado. O que un belga y un griego escuchan el himno europeo por un oro, y en el medallero Europa planta cara a China y EEUU.

Es pura ficción, una quimera hoy por hoy en ésto de los Estados sentirse unidos. Se ve que unos Historiadores alienígenas hicieron una prueba parecida al juego Risk, y vieron como unos estados recién formados casi sin historia común, se sentían muchísimo más unidos que unas regiones viejunas y antiguas, con muchas más fronteras físicas y sobre todo psicológicas. Que el motor del asunto siempre iba al ralentí de las desconfianzas mutuas, y poco importaba el hecho americano de ser unos desconocidos unidos y punteros, por muy relegados en la historia se quedaran los otros.

La proximidad geográfica es la misma sí, los bailes folclóricos y tipos de iglesias pueden distar mucho unos de otros. Pero existe un clima aún vigente, una psicología y "geovisión", claramente separatoria. Si Europa tuviera nevera, tendría ochocientos imanes superpuestos ocupando la vista. Hay una práctica de subrayar las especifidades, delimitar claramente las diferencias. Y sí, hay una larga historia detrás, un proceso micro de formación para cada territorio, con su cristalización subiendo de escala siglo tras siglo. La cuestión aquí es, que éso del sentimiento europeo, prácticamente no existe en el ciudadano de a pie. Tampoco creo que se haya hecho mucho para generar ese sentimiento. Bruselas es una perfecta capital funcionarial y gris para el imaginario colectivo, ya podían haber construido de cero una capital de cuento para la leyenda futura. Un americano, enamoradizo de su país, con toda la parafernalia de la Constitución y la campana, entiende perfectamente el error bruselesco. Es decir, los acontecimientos que han dado lugar a la Unión Europea, no han sido históricos, no han trascendido, no han generado esa huella suficiente, entre otras cosas de entusiasmo. Han pasado a la historia por la puerta de atrás, pintada de gris con unos acuerdos y firmas burocráticos un poco porque se tenía que hacer.

Y las identidades también se construyen por oposiciones, que las visualizan. Con el crecimiento de Estados Unidos en siglos pasados, Europa se vuelve a la vez un animal cansado con muchos defectos. Los Estados separados de Europa no advierten el nombre de la nueva potencia mundial, ni parecen reconocer la falta de vigencia de su organización. Los países sedentarios no entienden un principio subyacente a la Unión europea, o americana, que es la movilidad. Para haber unión ha de haber movimiento hormiguista, que ha de dar la mezcla. Y si se quiere crear un sentimiento europeo, creo que éste toma forma cuando se le contrasta con EEUU, las formas de hacer de Europa tan idiosincráticas (históricas) y consolidadas, una mochila más cargada, y una vocación también puntera pero por otro camino. Pero pese a haber muchos programas europeos comunitarios, el del sentimiento parece que será el último que se aplique.

domingo, 12 de agosto de 2012

El precio de la vida (El alma callada)


Quedará siempre en el mundo de lo no calculado, cuánto cuesta una vida. Todo lo invertido por padres y uno mismo, lo gastado, ingerido, usado, y el despliegue de sus prestaciones. Estaríamos hablando de cifras astronómicas, que curiosamente nadie calcula, en esta sociedad que todo lo cifra y cuantifica.

Otra cosa diferente, y quizás relacionada, es el precio de vivir una vida. Me refiero a lo que uno debe dar de sí, porque esa millonada previa en cifras, todos sabemos que no viene gratis. Verbalizamos a menudo, que esta vida es perra, dura, cruel a veces, fría y cruda, una eme otra. El precio a pagar por vivir, las dosis de sufrimiento, son de un coste que cualquier chequera se queda corta. Probablemente, buena parte de la población encuestable, respondería que es mucho más de lo que se esperaba, o que las cotas llegarían a alturas que nunca se hubiese visto capaz de superar.

El alma callada, más de callo que de silencio, es una alma algo fea pero resistente, a prueba de jirones y pellizcos. Una alma atea no militante, por cierto, más sarcástica que otra cosa, con el gran Hacedor de la partida. Y conlleva al verse la ristra de cicatrices, un cómo preparo a ésto a mis hijos. No puedo subirlos blandos, pues las zarzas de la vida se los van a comer, literalmente.
Vivimos un tiempo novedísimo, y no nos damos cuenta que está plagado de trampas psicológicas que nos hemos ido dejando aquí y allá. Un tiempo carísimo para la mente, los sentimientos, ante tanta posibilidad, complejidad, y libertad. Una realidad técnica que hasta a nuestros padres se les iba de las manos por su celeridad, y tal vez no nos pudieron preparar en un mundo cambiante tan rápido, rompedor de esquemas previos.

Un mundo que tenía sus protectores, barreras, quitamiedos. Un mundo rígido, pero mentalmente económico, con esquemas simples y férreos. Con menos grados de libertad. El esquema de Dios delimitándolo todo, leyes sociales levantando direcciones y paredes, sueños cortados por una imposibilidad económica.
Luego todo se desbocó, y vinimos la generación libre, la generación que pintaba su futuro, y hasta lo microdetallaba, ya no se lo pintaban. Y sufrimos ser dueños de nuestra alma, mientras no nos faltaba de nada. Nuestra vida ya no estaba encargada, pero pilotar éso, a veces es una empresa titánica para una pequeña criatura que no modula su alcance. A veces nuestros planes, nos hacen mutar en pequeños peces vulnerables ante mundos hostiles mal calculados. Lejos de aquellas versiones del mundo que nos preceden, llenas de artilugios sociales que hacían de seguros y reaseguros de complicarse la vida, mental, ante tanta escasez material. El progreso ajusta los niveles de esa protección y los disminuye, como un mecanismo cósmico subyacente.

jueves, 2 de agosto de 2012

4/5: El ombliguismo supino y las cosas por su nombre



En este país se ha pasado hambre, pero quedan pocos abuelos que dan fe de ello, son una memoria fósil enterrada a punto de confundirse con la ficción. Estamos instalados en otro carril de la historia, el de décadas de enriquecimiento, cada vez con más ritmo, dejando muy atrás otras realidades pobres de ayer y de otras latitudes.

Y esta gran crisis no deja de ser también un gran teatro, un acontecimiento, lleno de flashes y micrófonos. Pero un teatro donde se proyectan nuestras miserias, nuestras impotencias, nuestro ridículo. Parte del teatro es el ombliguismo supino. Ni se sabe cómo se ha llegado hasta aquí, ni se barrunta cómo salir, ni se admite lo primero ni lo segundo, la técnica reinante es la patada hacia delante. Se piensa con el ombligo, entre énesimas cumbres de topos. Nunca se llaman a las cosas por su nombre, se pone un parche tras otro parche tras otro parche.

Y tan ricos somos que nos olvidamos qué significaba ser pobres, o qué pensarían en cualquier poblado africano ante nuestro rebote monumental por perder la paga extra de Navidad. Hoy en día, que ya somos ricos, son otra realidad, confundida con la ficción. Antes compartíamos alguna vivencia con esos desgraciados, y hasta parece que esta crisis, con sus medios de comunicación pintando el paisaje a diario, se haya propuesto que no aparezcan, y que caigan en el terreno movedizo de la ficción, que sólo se hable, rehable y deshable de la crisis, la gran crisis, que este drama nuestro nos paralice, nos anestesie, nos atonte, y nos haga protagonistas lerdos de la Historia.

Nuestro foco, nuestra referencia en la carrera, es EEUU y el G-7, estamos cuadrados para ir tras ellos. Esos simpáticos etíopes y sudaneses, ya no son referencia alguna. Porque esta crisis, también es un ejercicio estúpido de olvidarse de donde venimos. Año tras año nos hemos acostumbrado a nuevas cotas, vividas, sorbidas, y superadas, por la nueva cota, el nuevo modelo, década a década. Como animales de costumbres, tenemos la mala suerte de habernos acostumbrado a lo bueno, creérnoslo nuestro.

Y esta crisis, que no es cáustica, sólo decapante, nos esquilma beneficios, que duelen a amputación. Pero nadie seguirá sin poder explicar por qué en una latitud una familia tira comida delicatessen a la basura, y en otra los niños tienen panzas infladas a punto de morir de malnutrición. Lo queramos oír o no, nuestra gran crisis es una puta mierda comparada a la vida de requetemierda granguenosa de millones de desgraciados. Pero claro, nosotros estamos acostumbrados a lo bueno, y ellos, a una vida de mierda según nuestros estándares. ¿Quién tiene más a perder, quién tiene más a ganar? ¿Quién tiene más a enseñar??

domingo, 29 de julio de 2012

El mayor poder es invotable


Uno de los recovecos realmente vulnerables de la humanidad, mucho más allá de las muescas de los vicios, son las manos que controlan el armamento nuclear, el diseño de enfermedades y la investigación futura.
El mayor superpoder de la Tierra, con un alcance para poder destruirla, sucede en edificios como en el que estamos, y lo gestionan personas con su padre y su madre, una infancia en una escuela, y una adolescencia más o menos convulsa como la de todos. Científicos y políticos - los que las idean y los que las administran -cuando el asunto está entre sus manos, tienen ese mismo lapso en la cabeza que tú y que yo, ese río de pensamiento, plagado de libertad, para que aparezca cualquier tipo de ocurrencia. No dejan de ser seres libres, falibles, y normales. O no.

¿Qué pasaría si algún científico clave enloquece? Los científicos parecen los seres nobles del planeta, a los que nunca se les oye protestar, no protagonizan escándalos, son malpagados, y encima el futuro de todo depende de ellos. Parecen llevar bien que el CEO de un banco les multiplique por 100 lo que ganan, o que un cotilleo vendido suponga lo que ganan en un año. Ellos de mientras se pelean con el futuro del planeta.

Digamos que los informes y dispositivos que entregan a políticos, son jeroglíficos acatados como si les hablaran chino. Tan fácil como cambiar unas fórmulas aquí, unos números allá, y nadie se cuesca de nada. Cierto es que hoy en día las cosas suceden en comunidad científica, comisiones reguladoras, etc., eludiendo el libre albedrío individual. Pero el protagonismo es el mismo, cierto gremio ineludible ostenta la responsabilidad de usar ese poder de una forma cabal, como el poder atómico. Y sí, dichosamente el gremio bancario es el mejor pagado pero su poder de destrucción no llega a cotas cósmicas. Y tampoco, la sociedad es consciente del valor de esos frikies nobles para la supervivencia de todos. Es el mayor poder, cratos, y es un poder invotable.

Algunos pensarán, y es que qué otra cosa pueden hacer? Pues en teoría tendrían el mismo derecho a corromperse como otras esferas de poder, o a actuar negligentemente, o hasta a importarles un comino la gente.
No se escapan de los lodos humanos, el autor de la matanza de Aurora (Colorado), era una de las más firmes promesas de EEUU en la investigación neurocientífica, y de repente enloqueció y ahora está pallá. Como si le hubiese dado por propagar un virus de diseño letal al manazas. Estamos hablando de mentes que multiplican por 100 la inteligencia del señor Botín de la calle, y un poder gigante e invotable, que a todos se nos escapa y forma parte de tiempos futuros. No de éste.